Un venezolano en la frontera cuántica: Ismardo Bonalde obtiene el Premio Bernard Coqblin
Un venezolano en la frontera cuántica: Ismardo Bonalde obtiene el Premio Bernard Coqblin
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La Academia de Ciencias de Francia y la Sociedad Francesa de Física otorgaron al venezolano Ismardo Bonalde el Premio Bernard Coqblin, un reconocimiento... 09.06.2026, Sputnik Mundo
El galardón, que en esta edición fue otorgado a Ismardo Bonalde, investigador adscrito al Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), destaca sus contribuciones en el área de sistemas fuertemente correlacionados y superconductividad no convencional, fenómenos de la mecánica cuántica que, aunque se estudian en los laboratorios más avanzados del mundo, también pueden explorarse desde la modestia de un centro científico en el país sudamericano.El premio lleva el nombre del físico francés Bernard Coqblin, conocido por sus trabajos en sistemas de electrones fuertemente correlacionados y su compromiso con la difusión de la ciencia en naciones en desarrollo. En esta ocasión, el comité evaluador valoró que Bonalde y su equipo hayan logrado producir ciencia de frontera —en el campo de la microcuántica, superconductores y bajas temperaturas— con una infraestructura limitada, compitiendo en igualdad de condiciones con grupos de India, China y Europa.Un enigma aún sin resolver"El premio fue una postulación de colegas europeos al Comité de la Conferencia Internacional sobre el Sistema de Electrones Fuertemente Correlacionados, que se hace cada dos años. En esa conferencia se reúnen alrededor de 1.500 de los científicos más destacados del área", explicó el propio Bonalde en entrevista con Sputnik.Para entender la magnitud del reconocimiento, es necesario adentrarse en el objeto de estudio del científico. La superconductividad es un estado de la materia en el que ciertos materiales, al ser enfriados por debajo de una temperatura crítica, permiten el paso de corriente eléctrica sin ninguna resistencia y, por lo tanto, sin generación de calor.En un material común, como el cobre de un cable doméstico, el flujo de electrones produce inevitablemente disipación térmica: cuanto más intensa es la corriente, más se calienta el conductor. Esa pérdida energética es una de las grandes limitaciones de la electrónica actual y del transporte de electricidad a gran escala.Pero Bonalde no estudia cualquier superconductividad. Existe un tipo bien conocido, que se explica mediante la teoría convencional y aparece en metales simples. Sin embargo, hay otra, mucho más esquiva y fascinante: la que emerge en sistemas donde los electrones interactúan de manera tan intensa que sus comportamientos colectivos desafían las teorías estándar. El desarrollo de esta área en Venezuela admite que es precario y muy bajo. Pero precisamente por eso el premio adquiere un valor añadido: reconoce que, desde un país que enfrenta diversos retos, se ha logrado aportar de manera significativa al conocimiento mundial. "De las otras áreas se reconoce la contribución que hemos hecho nosotros en el mundo desde Venezuela", afirma. "Esa es esencialmente la del premio: se habría contribuido de una manera significativa al nivel de lo que pueden producir los otros países, pero desde un país como el nuestro”.Computación del futuroAunque la investigación de Bonalde es fundamentalmente ciencia básica —"pura curiosidad intelectual", en sus propias palabras—, sus implicaciones tecnológicas son profundas. Los materiales que estudia son los mismos que despiertan el interés de las grandes empresas tecnológicas y los centros de investigación más avanzados del planeta, esto debido a su potencial para revolucionar el hardware de la computación."Justamente los materiales que nosotros estudiamos, los sistemas fuertemente correlacionados, son materiales que se utilizan para este tipo de tecnología", explica al referirse a la computación cuántica. "No de inteligencia artificial, porque eso es software, pero de la parte de hardware, las computadoras superinteligentes, las computadoras superrápidas utilizan muchos de estos materiales por sus capacidades".De esta manera, aunque el laboratorio del IVIC no tiene entre sus objetivos inmediatos el desarrollo de un ordenador cuántico, sus hallazgos sobre la distribución de bandas de energía y los mecanismos de apareamiento de electrones contribuyen a sentar las bases teóricas que otros, en países con mayor infraestructura, podrán aprovechar.El objetivo último, admite, sigue siendo el gran sueño de la física de la materia condensada: lograr un material que sea superconductor a temperatura y presión ambientes. Si eso ocurriera, el impacto sería colosal: se eliminarían las pérdidas por calor en las redes eléctricas, los dispositivos electrónicos no se calentarían jamás y se abriría la puerta a tecnologías hoy inimaginables. Pero Bonalde es realista: "Una cosa es el descubrimiento científico y otra es el desarrollo tecnológico, y va a pasar un tiempo hasta que podamos tener eso de la mano del ciudadano común".Un mensaje para las nuevas generacionesMás allá de los premios y los descubrimientos, Bonalde tiene un mensaje claro para los jóvenes, especialmente aquellos que están próximos a llegar a la universidad y dudan si la ciencia es un camino viable o está fuera de su alcance. Su consejo no es sobre la importancia de la física, sino sobre la actitud necesaria para abordarla."No le tengan miedo a las ciencias —no solamente a la física, sino a las ciencias—. No es verdad que la física, la química, y la matemática sean dificilísimas. Lo único que deben tener es voluntad, dedicación para, digamos, hacer lo que uno quiera hacer. Si eso se logra, ya tenemos un paso".El investigador, que habla desde la experiencia de toda una vida dedicada al laboratorio, invita a los estudiantes a explorar una actividad que considera maravillosa: indagar sobre la naturaleza, el origen de las cosas y los desarrollos humanos que aún nos falta comprender. "Es algo muy bonito, es algo muy gratificante: adentrarse en ese mundo", dice.Su motivación original, confiesa, fue siempre la curiosidad: pretendía saber cómo funcionan las cosas, tanto las creadas por el ser humano como las propias de la naturaleza. Por eso eligió la física, aunque también sintió inclinación por la biología. Pero lo que le pareció más fascinante fue entender el mundo inanimado."Aquí llegamos con la mente abierta para entender cómo funciona la naturaleza, describirla sin ningún tipo de intimidación, ni de susto, ni de nada. Es lo que hacemos día a día", concluye.El premio Bernard Coqblin 2026 será otorgado durante la Conferencia Internacional sobre Sistemas de Electrones Fuertemente Correlacionados (SCES, por sus siglas en inglés), que se celebrará en Toyama, Japón, del 27 de septiembre al 2 de octubre.
La Academia de Ciencias de Francia y la Sociedad Francesa de Física otorgaron al venezolano Ismardo Bonalde el Premio Bernard Coqblin, un reconocimiento internacional que desde 1976 honra a físicos de países donde la investigación en esta disciplina enfrenta dificultades estructurales.
El galardón, que en esta edición fue otorgado a Ismardo Bonalde, investigador adscrito al Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), destaca sus contribuciones en el área de sistemas fuertemente correlacionados y superconductividad no convencional, fenómenos de la mecánica cuántica que, aunque se estudian en los laboratorios más avanzados del mundo, también pueden explorarse desde la modestia de un centro científico en el país sudamericano.
El premio lleva el nombre del físico francés Bernard Coqblin, conocido por sus trabajos en sistemas de electrones fuertemente correlacionados y su compromiso con la difusión de la ciencia en naciones en desarrollo. En esta ocasión, el comité evaluador valoró que Bonalde y su equipo hayan logrado producir ciencia de frontera —en el campo de la microcuántica, superconductores y bajas temperaturas— con una infraestructura limitada, compitiendo en igualdad de condiciones con grupos de India, China y Europa.
"El premio fue una postulación de colegas europeos al Comité de la Conferencia Internacional sobre el Sistema de Electrones Fuertemente Correlacionados, que se hace cada dos años. En esa conferencia se reúnen alrededor de 1.500 de los científicos más destacados del área", explicó el propio Bonalde en entrevista con Sputnik.
Para entender la magnitud del reconocimiento, es necesario adentrarse en el objeto de estudio del científico. La superconductividad es un estado de la materia en el que ciertos materiales, al ser enfriados por debajo de una temperatura crítica, permiten el paso de corriente eléctrica sin ninguna resistencia y, por lo tanto, sin generación de calor.
En un material común, como el cobre de un cable doméstico, el flujo de electrones produce inevitablemente disipación térmica: cuanto más intensa es la corriente, más se calienta el conductor. Esa pérdida energética es una de las grandes limitaciones de la electrónica actual y del transporte de electricidad a gran escala.
Pero Bonalde no estudia cualquier superconductividad. Existe un tipo bien conocido, que se explica mediante la teoría convencional y aparece en metales simples. Sin embargo, hay otra, mucho más esquiva y fascinante: la que emerge en sistemas donde los electrones interactúan de manera tan intensa que sus comportamientos colectivos desafían las teorías estándar.
"En nuestro laboratorio trabajamos con superconductividad no convencional, que es la que aparece en los sistemas fuertemente correlacionados", detalla. "Hay otro tipo de superconductividad que aparece en materiales normales, metales, otros materiales, una superconductividad superconocida. Esa no es la que estudiamos acá. Estudiamos la que no conocemos mucho del asunto".
El desarrollo de esta área en Venezuela admite que es precario y muy bajo. Pero precisamente por eso el premio adquiere un valor añadido: reconoce que, desde un país que enfrenta diversos retos, se ha logrado aportar de manera significativa al conocimiento mundial. "De las otras áreas se reconoce la contribución que hemos hecho nosotros en el mundo desde Venezuela", afirma. "Esa es esencialmente la del premio: se habría contribuido de una manera significativa al nivel de lo que pueden producir los otros países, pero desde un país como el nuestro”.
Aunque la investigación de Bonalde es fundamentalmente ciencia básica —"pura curiosidad intelectual", en sus propias palabras—, sus implicaciones tecnológicas son profundas. Los materiales que estudia son los mismos que despiertan el interés de las grandes empresas tecnológicas y los centros de investigación más avanzados del planeta, esto debido a su potencial para revolucionar el hardware de la computación.
"Justamente los materiales que nosotros estudiamos, los sistemas fuertemente correlacionados, son materiales que se utilizan para este tipo de tecnología", explica al referirse a la computación cuántica. "No de inteligencia artificial, porque eso es software, pero de la parte de hardware, las computadoras superinteligentes, las computadoras superrápidas utilizan muchos de estos materiales por sus capacidades".
De esta manera, aunque el laboratorio del IVIC no tiene entre sus objetivos inmediatos el desarrollo de un ordenador cuántico, sus hallazgos sobre la distribución de bandas de energía y los mecanismos de apareamiento de electrones contribuyen a sentar las bases teóricas que otros, en países con mayor infraestructura, podrán aprovechar.
"Nada es visible todavía: el laboratorio es esencialmente básico, es de curiosidad por entender la naturaleza", matiza. "No pretendemos generar un desarrollo tecnológico porque no tenemos las capacidades acá en Venezuela para probablemente hacerlo; es una cuestión logística bastante compleja. Y nosotros, de alguna manera, nos enfocamos; nuestros esfuerzos están orientados a contribuir bien, contribuir significativamente en el área que hacemos".
El objetivo último, admite, sigue siendo el gran sueño de la física de la materia condensada: lograr un material que sea superconductor a temperatura y presión ambientes. Si eso ocurriera, el impacto sería colosal: se eliminarían las pérdidas por calor en las redes eléctricas, los dispositivos electrónicos no se calentarían jamás y se abriría la puerta a tecnologías hoy inimaginables.
Pero Bonalde es realista: "Una cosa es el descubrimiento científico y otra es el desarrollo tecnológico, y va a pasar un tiempo hasta que podamos tener eso de la mano del ciudadano común".
Más allá de los premios y los descubrimientos, Bonalde tiene un mensaje claro para los jóvenes, especialmente aquellos que están próximos a llegar a la universidad y dudan si la ciencia es un camino viable o está fuera de su alcance. Su consejo no es sobre la importancia de la física, sino sobre la actitud necesaria para abordarla.
"No le tengan miedo a las ciencias —no solamente a la física, sino a las ciencias—. No es verdad que la física, la química, y la matemática sean dificilísimas. Lo único que deben tener es voluntad, dedicación para, digamos, hacer lo que uno quiera hacer. Si eso se logra, ya tenemos un paso".
El investigador, que habla desde la experiencia de toda una vida dedicada al laboratorio, invita a los estudiantes a explorar una actividad que considera maravillosa: indagar sobre la naturaleza, el origen de las cosas y los desarrollos humanos que aún nos falta comprender. "Es algo muy bonito, es algo muy gratificante: adentrarse en ese mundo", dice.
Su motivación original, confiesa, fue siempre la curiosidad: pretendía saber cómo funcionan las cosas, tanto las creadas por el ser humano como las propias de la naturaleza. Por eso eligió la física, aunque también sintió inclinación por la biología. Pero lo que le pareció más fascinante fue entender el mundo inanimado.
"Aquí llegamos con la mente abierta para entender cómo funciona la naturaleza, describirla sin ningún tipo de intimidación, ni de susto, ni de nada. Es lo que hacemos día a día", concluye.
El premio Bernard Coqblin 2026 será otorgado durante la Conferencia Internacional sobre Sistemas de Electrones Fuertemente Correlacionados (SCES, por sus siglas en inglés), que se celebrará en Toyama, Japón, del 27 de septiembre al 2 de octubre.
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