En Ecuador, la reelección de Daniel Noboa ya había demostrado que la firmeza en temas de seguridad son cartas ganadoras este 2025 en la región. El joven empresario —quien asumió en un contexto de violencia sin precedentes— logró convencer a los ecuatorianos de que su modelo de combate directo a los cada vez más presentes grupos narco era la única vía para recuperar el país. Su triunfo no solo fue una derrota para el correísmo —que gobernó el país en buena parte del siglo XXI, sino un mensaje claro de que la seguridad pública se ha convertido en la prioridad absoluta por encima de las promesas de bienestar social tradicionales.
En Bolivia, el triunfo de Rodrigo Paz Pereira a mediados de octubre representó un quiebre histórico tras décadas de predominio del Movimiento al Socialismo (MAS). La crisis interna del oficialismo boliviano —sumada a una gestión económica desgastada— permitió que una propuesta centrada en la recuperación de las instituciones, el fortalecimiento de la seguridad a través de la tecnología y la apertura económica resonara en un electorado tradicionalmente reacio a la derecha.
Según Sheinbaum —que es habitualmente señalada en la prensa internacional como el mejor ejemplo actual de que poner en práctica políticas de izquierda puede traducirse en popularidad entre el electorado—, el progresismo regional debe analizar si ha perdido la conexión con las preocupaciones cotidianas de los que menos tienen, bandera histórica de dicha tendencia, incluyendo del propio partido Morena, cuyo ideario político fue resumido por el expresidente Andrés Manuel López Obrador así: "Por el bien de todos, primeros los pobres".
Soluciones ante crisis reales
"Este fenómeno de violencia extrema, concentrado especialmente en la región norte y en la periferia de la capital Santiago, permitió que la promesa de restaurar el orden resonara con fuerza en un electorado, que sentía que el Estado había perdido el control territorial", explicó a Sputnik el internacionalista Adrián Palomino, egresado de la Universidad de Lima y experto en política latinoamericana.
"Esta presión migratoria sobre los servicios de salud y centro de educación permitió que la propuesta de Kast de una mayor militarización fronteriza y la autodeportación de indocumentados fuera percibida no como una medida extrema, como sucedió en las elecciones pasadas en la que perdió por más de 10 puntos frente a Boric, sino como una solución de emergencia ante una crisis real", afirmó Palomino.
¿Un giro a la derecha?
"Es fundamental entender que estos temas [seguridad y migración ilegal] no son sólo banderas ideológicas, sino respuestas a crisis reales. El progresismo latinoamericano a menudo tiene dificultades para abordar la delincuencia sin caer en el miedo a ser tildado de autoritario, debido a tantos años de discursos críticos de la Policía y la represión", dijo a Sputnik Matías Flaco, internacionalista egresado de la Universidad de Palermo.
"Los ciudadanos están votando por quienes prometen solucionar los problemas más punzantes del presente. Si estos gobiernos de derecha no lograrán reducir las cifras de criminalidad o controlar la migración ilegal, el péndulo volverá a oscilar para la izquierda. No se trata de un realineamiento, sino de una apuesta pragmática", opinó Flaco.
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