"No tenemos apoyo de la autoridad": inseguridad en Lima lleva a vecinos a crear red de videovigilancia
"No tenemos apoyo de la autoridad": inseguridad en Lima lleva a vecinos a crear red de videovigilancia
Sputnik Mundo
Ante la inseguridad en el país sudamericano, uno de los distritos más relevantes de Lima, la capital peruana, se organizó para crear un proyecto con el que... 24.09.2026, Sputnik Mundo
Más parecido a un almacén que a una oficina, se erige el centro de operaciones de un proyecto de seguridad vecinal en San Juan de Miraflores (oeste), que involucra a más de 5.000 familias.Desde allí se monitorean cerca de 1.200 cámaras instaladas por iniciativa de los propios vecinos, una cifra que supera ampliamente las 180 de la municipalidad del mismo distrito, con seis pantallas desiguales, empotradas una junto a otra, sobre un fondo negro, sostenidas por soportes improvisados y atravesadas por un enjambre de cables. Además de computadoras antiguas, muchos documentos apilados y avisos de seguridad.Jaime Espinoza, técnico en electrónica y vecino de San Juan de Miraflores, comenzó esta red de vigilancia hace casi diez años. Aunque no planeó terminar aquí, relata a Sputnik, la búsqueda de seguridad de su cuadra, se convirtió en una extensa red que funciona por la voluntad y organización de los residentes.En algún punto, Espinoza se encontró administrando sin sueldo, sin nombramiento, sin más autoridad que la que le dieron sus propios vecinos, una infraestructura de vigilancia más grande que la de varios distritos de Lima. En esta oficina improvisada entran y salen los ciudadanos de la localidad a cualquier hora, sobre todo en los ratos libres que les queda después del trabajo: alguien viene a preguntar por una cámara que dejó de grabar en su cuadra, otro trae en el celular un video de una moto sospechosa que pasó por su calle. No hay horario fijo ni turno asignado. La gente participa voluntariamente, y a la hora que puede, por la seguridad de sus familias.De una calle a todo un distritoTodo comenzó hace nueve años, después de que un compañero de Jaime fuera víctima de un robo en la puerta de su casa. Los vecinos decidieron instalar las primeras cámaras en esa calle. Poco después pidieron ampliar la vigilancia a un parque cercano, donde solían reunirse personas en estado de ebriedad y vendedores de drogas.El proyecto comenzó como una pequeña iniciativa entre un grupo de diez familias, que instalaron videocámaras en una calle. Al notar que los sujetos que merodeaban un parque vigilado simplemente se trasladaban a otro, fueron ampliando la cobertura, parque por parque y calle por calle, hasta formar una malla que hoy cubre buena parte del distrito.El sistema no depende de una empresa ni de una plataforma profesional. Funciona con computadoras y televisores reacondicionados, cámaras y conexiones de internet y electricidad cedidas voluntariamente por los propios residentes. Son tantos los equipos conectados que, en algunos momentos, el sistema llega a colapsar.Las familias que aportan, reciben una clave para acceder a las cámaras de su zona desde un celular o una computadora, mediante aplicativos gratuitos administrados por los propios organizadores.El día que intentaron matarloEn 2019, la red de vigilancia casi le cuesta la vida a Espinoza. Había salido a recoger a su hija al paradero de autobuses y regresaba a su casa cuando vio a un hombre correr hacia él. El sujeto sacó un arma y disparó, pero Espinoza alcanzó a ponerse a salvo junto a su hija. Al revisar las cámaras, comprobó que el arma del sicario se había trabado.Espinoza atribuye el ataque a su trabajo de identificación y reporte de puntos de venta de drogas en la zona. Según cuenta, algunos de esos informes terminaron formando parte de investigaciones policiales que permitieron capturas.Uno de los casos que recuerda fue la desarticulación de una banda delictiva integrada por ciudadanos extranjeros que, además de robar en motocicletas, realizaban rituales satánicos.La red también ha sufrido intentos de sabotaje. En una calle con alta presencia delictiva, desconocidos arrancaron cinco cámaras tirando de los cables instalados en los postes. Los vecinos denunciaron el hecho ante la prensa y volvieron a colocar los equipos. Desde entonces, no han vuelto a ser retirados.Una red que busca apoyo municipalDurante años, Espinoza asegura que ha pedido apoyo a los alcaldes del distrito limeño. Ahora busca que la municipalidad se haga cargo del monitoreo y del mantenimiento de las cámaras. La central vecinal, explica, ya no tiene capacidad para procesar todo el material que recibe.También plantea que el municipio pueda asumir tareas como la limpieza y reparación de los equipos.A pesar de ello, continúa con el proyecto. Espera que más vecinos se incorporen a la red y poder asesorarlos para instalar nuevas cámaras y mejorar el sistema."Este sistema demuestra que sí es funcional y sí ayuda realmente (...), incluso más que los sistemas de seguridad de la misma municipalidad", subraya.La inseguridad, el mayor problemaLa tasa de homicidios en el Perú ha subido de forma sostenida en los últimos años: de 8,6 por cada 100.000 habitantes en 2021 a 10,7 en 2025, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).Una encuesta del INEI, correspondiente al primer trimestre de 2024, encontró que 92,8% de los vecinos del distrito percibía un alto nivel de inseguridad.La red de videovigilancia seguirá creciendo desde un espacio que todavía está lejos de parecer una central de vigilancia. Las pantallas continúan encendidas, los cables cruzan las paredes y las computadoras siguen procesando imágenes de las calles del distrito.Mientras esperan que alguna autoridad asuma parte del trabajo, los vecinos siguen haciendo lo mismo que hace casi una década: vigilar por su cuenta.
Ante la inseguridad en el país sudamericano, uno de los distritos más relevantes de Lima, la capital peruana, se organizó para crear un proyecto con el que buscan protegerse ante cualquier delito. En entrevista para Sputnik, su fundador refiere que no cuentan con el apoyo de las autoridades locales.
Más parecido a un almacén que a una oficina, se erige el centro de operaciones de un proyecto de seguridad vecinal en San Juan de Miraflores (oeste), que involucra a más de 5.000 familias.
Desde allí se monitorean cerca de 1.200 cámaras instaladas por iniciativa de los propios vecinos, una cifra que supera ampliamente las 180 de la municipalidad del mismo distrito, con seis pantallas desiguales, empotradas una junto a otra, sobre un fondo negro, sostenidas por soportes improvisados y atravesadas por un enjambre de cables. Además de computadoras antiguas, muchos documentos apilados y avisos de seguridad.
Jaime Espinoza, técnico en electrónica y vecino de San Juan de Miraflores, comenzó esta red de vigilancia hace casi diez años. Aunque no planeó terminar aquí, relata a Sputnik, la búsqueda de seguridad de su cuadra, se convirtió en una extensa red que funciona por la voluntad y organización de los residentes.
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🚓 Ante la inseguridad en el país sudamericano, uno de los distritos más relevantes de Lima, la capital peruana, se organizó para crear un proyecto con el que buscan… pic.twitter.com/vO1MRTso5i
En algún punto, Espinoza se encontró administrando sin sueldo, sin nombramiento, sin más autoridad que la que le dieron sus propios vecinos, una infraestructura de vigilancia más grande que la de varios distritos de Lima.
En esta oficina improvisada entran y salen los ciudadanos de la localidad a cualquier hora, sobre todo en los ratos libres que les queda después del trabajo: alguien viene a preguntar por una cámara que dejó de grabar en su cuadra, otro trae en el celular un video de una moto sospechosa que pasó por su calle. No hay horario fijo ni turno asignado. La gente participa voluntariamente, y a la hora que puede, por la seguridad de sus familias.
De una calle a todo un distrito
Todo comenzó hace nueve años, después de que un compañero de Jaime fuera víctima de un robo en la puerta de su casa. Los vecinos decidieron instalar las primeras cámaras en esa calle. Poco después pidieron ampliar la vigilancia a un parque cercano, donde solían reunirse personas en estado de ebriedad y vendedores de drogas.
El proyecto comenzó como una pequeña iniciativa entre un grupo de diez familias, que instalaron videocámaras en una calle. Al notar que los sujetos que merodeaban un parque vigilado simplemente se trasladaban a otro, fueron ampliando la cobertura, parque por parque y calle por calle, hasta formar una malla que hoy cubre buena parte del distrito.
El sistema no depende de una empresa ni de una plataforma profesional. Funciona con computadoras y televisores reacondicionados, cámaras y conexiones de internet y electricidad cedidas voluntariamente por los propios residentes. Son tantos los equipos conectados que, en algunos momentos, el sistema llega a colapsar.
Las cámaras se instalan en postes y son financiadas íntegramente por los vecinos. Cada punto cuesta alrededor de 650 soles (192 dólares, aproximadamente), incluidos el cable, los conectores, la fuente, el DVR y el disco duro. El dinero se reúne mediante cuotas, polladas y otras actividades comunales.
Las familias que aportan, reciben una clave para acceder a las cámaras de su zona desde un celular o una computadora, mediante aplicativos gratuitos administrados por los propios organizadores.
En 2019, la red de vigilancia casi le cuesta la vida a Espinoza. Había salido a recoger a su hija al paradero de autobuses y regresaba a su casa cuando vio a un hombre correr hacia él. El sujeto sacó un arma y disparó, pero Espinoza alcanzó a ponerse a salvo junto a su hija. Al revisar las cámaras, comprobó que el arma del sicario se había trabado.
Espinoza atribuye el ataque a su trabajo de identificación y reporte de puntos de venta de drogas en la zona. Según cuenta, algunos de esos informes terminaron formando parte de investigaciones policiales que permitieron capturas.
Uno de los casos que recuerda fue la desarticulación de una banda delictiva integrada por ciudadanos extranjeros que, además de robar en motocicletas, realizaban rituales satánicos.
La red también ha sufrido intentos de sabotaje. En una calle con alta presencia delictiva, desconocidos arrancaron cinco cámaras tirando de los cables instalados en los postes. Los vecinos denunciaron el hecho ante la prensa y volvieron a colocar los equipos. Desde entonces, no han vuelto a ser retirados.
Durante años, Espinoza asegura que ha pedido apoyo a los alcaldes del distrito limeño. Ahora busca que la municipalidad se haga cargo del monitoreo y del mantenimiento de las cámaras. La central vecinal, explica, ya no tiene capacidad para procesar todo el material que recibe.
También plantea que el municipio pueda asumir tareas como la limpieza y reparación de los equipos.
"Esta es una iniciativa vecinal, están colaborando para su propia seguridad. Sin embargo, no tenemos apoyo de ninguna autoridad", lamenta Espinoza, quien también asegura que algunos postulantes a la alcaldía lo han difamado.
A pesar de ello, continúa con el proyecto. Espera que más vecinos se incorporen a la red y poder asesorarlos para instalar nuevas cámaras y mejorar el sistema.
"Este sistema demuestra que sí es funcional y sí ayuda realmente (...), incluso más que los sistemas de seguridad de la misma municipalidad", subraya.
La tasa de homicidios en el Perú ha subido de forma sostenida en los últimos años: de 8,6 por cada 100.000 habitantes en 2021 a 10,7 en 2025, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).
San Juan de Miraflores también figura entre los distritos de Lima Metropolitana con mayores niveles de victimización. Según encuestas, hasta 40% de su población fue víctima de algún delito en un semestre.
Una encuesta del INEI, correspondiente al primer trimestre de 2024, encontró que 92,8% de los vecinos del distrito percibía un alto nivel de inseguridad.
La red de videovigilancia seguirá creciendo desde un espacio que todavía está lejos de parecer una central de vigilancia. Las pantallas continúan encendidas, los cables cruzan las paredes y las computadoras siguen procesando imágenes de las calles del distrito.
Mientras esperan que alguna autoridad asuma parte del trabajo, los vecinos siguen haciendo lo mismo que hace casi una década: vigilar por su cuenta.
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