El salto del precio del crudo volvió a colocar a la economía argentina frente a una paradoja conocida: el mismo fenómeno que promete más ingreso de divisas por exportaciones también puede alimentar la inflación interna, la principal variable que el Gobierno del presidente Javier Milei intenta contener ante una escalada que no cede.
Estimaciones privadas calculan que, si el barril se mantuviera en ese nivel durante un período prolongado, Argentina podría sumar alrededor de 5.000 millones de dólares adicionales en exportaciones energéticas, habida cuenta del desarrollo del yacimiento de Vaca Muerta (sur), uno de los mayores reservorios de hidrocarburos no convencionales del mundo y hoy el motor de la expansión petrolera argentina.
Ese salto productivo cambió el balance energético. En 2025, Argentina registró un superávit energético cercano a 7.800 millones de dólares, con exportaciones del sector que superaron los 11.000 millones, impulsadas principalmente por las ventas externas de crudo. En ese marco, las exportaciones de energía representan hoy cerca de 12% de las ventas externas argentinas, una proporción que creció de manera sostenida en los últimos años a medida que aumentó la producción de hidrocarburos.
Sin embargo, el beneficio no es automático. La capacidad de aprovechar plenamente el alza en el precio del barril depende de la infraestructura disponible para transportar ese crudo hasta los puertos de exportación. Uno de los proyectos clave es el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur, impulsado por un consorcio de empresas liderado por la estatal YPF. La primera etapa del sistema apunta a transportar unos 360.000 barriles diarios, con la posibilidad de ampliar esa capacidad en fases posteriores. No obstante, la obra todavía está en construcción.
Mientras ese salto exportador avanza, el impacto del petróleo caro se percibe con mayor rapidez en la economía doméstica. El precio del crudo es uno de los principales determinantes del costo de los combustibles, que influyen directamente sobre el transporte, la logística y los costos productivos.
En Argentina, los precios de nafta y gasoil no siguen una fórmula automática, pero sí responden a la evolución del petróleo internacional, el tipo de cambio y la carga impositiva. En ese esquema, YPF —que concentra más de la mitad del mercado de combustibles— suele marcar el ritmo de los ajustes que luego replican otras compañías y termina de encarecer el transporte y la logística, factores especialmente relevantes en un país donde gran parte de la distribución de bienes depende del camión.
Estos movimientos redundan en un impacto directo sobre la inflación, que mantiene una tendencia al alza desde mayo de 2025. El último dato, correspondiente a enero, arrojó un 2,9% mensual y un 32,4% interanual, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos. Dentro del índice, el rubro Transporte es uno de los más sensibles al costo de los combustibles.
Los combustibles tienen además un peso directo dentro de la canasta de consumo. En el indicador oficial, el componente "combustibles y lubricantes para vehículos" representa entre 3,8% y 5,6% del índice, según la región del país. Dicho ítem ya venía mostrando subas significativas antes del último salto del petróleo. En enero, los combustibles registraron aumentos mensuales de entre el 5% y el 7%, tirando al alza al valor general.
El costo interno
"El shock energético de precios nos va a transmitir inflación por el lado de los combustibles", dijo a Sputnik el economista Miguel Ponce. Según el experto, el aumento del crudo revela limitaciones estructurales del aparato productivo local. "Nosotros exportamos crudo, pero importamos derivados", señaló.
Para el analista, dicha estructura provoca que los beneficios del boom energético lleguen más tarde que sus costos. "Todo lo que serían beneficios en dólares por el superávit energético llega con varios meses de retraso", remarcó.
En cambio, el impacto sobre precios internos es casi inmediato. "El costo inflacionario lo empezamos a pagar hoy", sostuvo, al mencionar el efecto del encarecimiento del combustible sobre logística y tarifas.
El especialista también advirtió sobre el impacto indirecto en el complejo agroexportador. "El 70% de la urea que utiliza el campo argentino es importada", recordó, lo que podría elevar los costos de producción agrícola en un escenario de energía y fertilizantes más caros.
Un arma de doble filo
"Este episodio encuentra a la economía argentina en una situación mejor que en 2022, cuando los precios internacionales subieron por el conflicto en Ucrania, porque el país empezó a revertir su balance energético", precisó ante la consulta de Sputnik el economista Ramiro Tosi.
De acuerdo al consultor, la expansión de la producción energética permitió modificar la ecuación externa del país.
"El año pasado, el saldo de la balanza energética fue de unos 7.800 millones de dólares", subrayó. En ese contexto, un petróleo más caro podría ampliar ese resultado. "Si el precio del crudo se mantiene alto por un tiempo, el superávit podría crecer incluso a 10.000 o 12.000 millones de dólares", afirmó.
Sin embargo, Tosi advirtió que el balance general del shock energético no depende solo del comercio exterior. "Por el lado de la balanza comercial juega a favor, porque hoy Argentina es exportador neto de petróleo. Es decir que es un doble juego que favorece las exportaciones, pero pone presión sobre la inflación".
Además, el especialista destacó la emergencia de otro canal de impacto. "Está el canal financiero: un conflicto prolongado puede complicar el acceso al financiamiento", afirmó, al agregar que un escenario internacional más volátil podría dificultar el retorno de capitales hacia economías emergentes como la argentina.
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