"No hay un Estado de derecho internacional": ¿Es posible reformar el Consejo de Seguridad de la ONU?
04:24 GMT, 30 de enero 2026
En estos momentos, la posibilidad de cambiar la estructura del sistema internacional vigente, en concreto de la Organización de las Naciones Unidas y su carta fundacional, es inviable, dijeron a Sputnik expertos en derecho público internacional.
Lea en SputnikEn los últimos días, diversos líderes mundiales han hecho hincapié en la urgencia de reformar el Consejo de Seguridad de la ONU (CSNU).
Por ejemplo, el secretario general de la ONU,
Antonio Guterres, señaló esta semana que
"es esencial" una enmienda del órgano creado para prevenir conflictos a gran escala.
Guterres remarcó que solo el Consejo tiene la potestad para actuar en nombre de la comunidad internacional en asuntos de paz y seguridad, lo que significa que sus decisiones son vinculantes y que "ningún órgano o coalición ad hoc puede exigir legalmente a todos los países que cumplan con decisiones sobre paz y seguridad".
"Por eso debemos actuar sin demora para fortalecer la representación y la efectividad del Consejo de Seguridad", declaró.
Por su parte, el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, recordó hace unos días que el país que gobierna defiende desde 2003
una reforma de la ONU y su Consejo de Seguridad que
permita la entrada de países latinoamericanos como México y al menos uno de África.Así, el jefe de Estado brasileño compartió que lleva toda la semana
"telefoneando a todos los países del mundo" para tratar de "encontrar una forma de reunirse" en defensa del sistema multilateral.
Un desajuste de antaño
El llamado de ambos líderes a reformar el CSNU ocurre en un momento en el que "hay un desajuste entre lo que obtuvimos en 1945, tras la Segunda Guerra Mundial, con la creación de la ONU, y la política [internacional] que se ejerce en el 2026", expuso en diálogo con Sputnik la internacionalista y doctora en derecho Iliana Rodríguez Santibáñez.
"En 1945, el orden se diseñó para gestionar el poder de pocos. En el 2026, el reto mayor es administrar o gestionar el poder disperso de muchos, en un sistema donde las reglas siguen siendo las de aquellos pocos", abundó la experta adscrita al Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII).
Con ella coincide el doctor en Ciencias Políticas y Sociales y en Relaciones Internacionales Juan Carlos Velázquez Elizarrarás, quien, en entrevista con este medio, observó que "el orden de la posguerra ha terminado" y nos encontramos "ante lo que desde hace años es evidente".
Para el experto, quien publicó el libro Teorías, temas y propuestas para el estudio crítico de la Organización Internacional: hegemonías, dependencia y cooperación en el sistema político mundial (UNAM, 2011), actualmente "se está dando una fragmentación en el escenario mundial que está mostrando que el Consenso de Washington, la integración total que se buscaba, la globalización, el multilateralismo ampliado, ya no son el eje gravitacional del mundo".
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¿Cómo se dio la fragmentación?
Rodríguez Santibáñez resume que, tras la Segunda Guerra Mundial, el mundo se vio marcado por la disputa entre dos proyectos: el capitalista frente al socialista y comunista, lo que dio pie a la
Guerra Fría y, a su vez, produjo una "alineación ideológica, pero también de comercio, que dividió el mundo durante mucho tiempo".
En ese transcurso, continúa la experta, con la caída del Muro de Berlín en 1989 y el posterior desmembramiento de las comunidades independientes de la entonces Unión Soviética, más la desintegración de Yugoslavia —que derivó en la creación de seis repúblicas independientes— y diversos procesos separatistas en África, así como otros procesos históricos que dieron paso a la conformación de nuevos Estados, el mundo transitó de "una bipolaridad" a un mundo con casi 200 Estados y "múltiples polos de poder".
A raíz de dicha fragmentación, detalló, los polos ideológicos dejaron de ser dos y se generaron otras alianzas, basadas ya no tanto en la ideología, sino en la capacidad militar y otras posturas.
Por consiguiente, "vimos cómo nacieron otros principios y valores a nivel internacional, que fueron generando esta multipolaridad", dijo la internacionalista y agregó que, tras el fin de la Guerra Fría, la "famosa promesa de un orden liberal universal, que generó creaciones como la OTAN, la Organización Mundial del Comercio y otras, se fue desgastando".
"Hay una fragmentación en los intereses, en los objetivos y eso, por supuesto, hace mucho más compleja la relación en términos de poder", sostuvo la especialista.
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La eficiencia económica fue desplazada
Derivado de la fragmentación del escenario mundial, Velázquez Elizarrarás comentó que se está gestando una arquitectura global en la que la eficiencia económica ha sido desplazada por la seguridad nacional y la autonomía estratégica.
En ese sentido, acotó el experto, la ONU,
la OTAN, la Conferencia de las Partes (COP), el Consejo de Seguridad y todas las instituciones de la posguerra
"se están quedando cortas en sus alcances".
"La ONU es relativamente eficiente en campos como la cooperación para el desarrollo y otros", admitió el investigador, "pero, en términos de macroeconomía internacional, internacionales, de paz y seguridad internacionales, la ONU, ya desde hace muchos años, como también la mayoría de las organizaciones regionales, como la OEA, han entrado en una franca decadencia", profundizó.
Es en este punto en el que impulsar una reforma del modelo de gobernanza global, incluido el Consejo de Seguridad, se vuelve apremiante. Ahora bien, de acuerdo con el internacionalista, esto implica cambios y ajustes a lo que establece esencialmente la Carta de las Naciones Unidas, que es, con todas sus deficiencias y limitaciones, "la Constitución del mundo".
Sin embargo, "la Carta, no hay que olvidarlo, es producto de relaciones de poder y las veces que se ha intentado promover reformas a la Carta de las Naciones Unidas, lo que debe entenderse como reformas al sistema, ya ha habido rechazo de las grandes potencias", declaró.
¿Qué se requiere para reformar el CSNU?
Una enmienda a la Carta de las Naciones Unidas, según estipula el artículo 108.
Dicha enmienda necesita el voto afirmativo de dos terceras partes de los 193 miembros.
La ratificación por dos tercios de los Estados miembros, incluidos obligatoriamente los cinco miembros permanentes (P5) del CSNU.
Si bien el Consejo fue reformado en 1963 —impulsado por la descolonización—, cuando el número de miembros no permanentes pasó de seis a 10 y se incrementó de siete a nueve el número de votos necesarios para adoptar decisiones; estos integrantes no permanentes no tienen ninguna influencia ni un peso específico en la toma de decisiones fundamentales, remarcó el experto.
"De hecho, la elección del secretario general de las Naciones Unidas requiere la aprobación de los miembros del Consejo de Seguridad, al margen de que deben de estar a favor la mayoría de los miembros de la Asamblea General", el órgano más democrático, ponderó Velázquez Elizarrarás.
Y, como ejemplo, refirió el caso del egipcio Butros Butros-Ghali, quien estuvo al frente de la ONU entre 1992 y 1996 y fue "el secretario que con más fuerza promovió una reforma y no repitió [como líder del organismo] porque, de alguna manera, no fue apoyado por Estados Unidos" debido, en parte, a su visión reformista.
No hay viabilidad para una enmienda
De esa manera, el internacionalista estimó que, en la actualidad, una reforma general a las distintas instancias de la ONU "es un asunto bastante complicado, de tal suerte que no hay viabilidad, en los términos de la propia Carta, de lograr un ajuste. No le veo posibilidades".
"Es muy difícil esperar mejores resultados, cambios profundos y [ajustes] en la estructura del orden internacional vigente. Eso se va a mantener así en tanto la sociedad internacional decaiga por sí misma y continúe trabajando a la sombra de los intereses de las grandes potencias", afirmó.
En esto coincidió Rodríguez Santibáñez, quien subrayó que reformar las Naciones Unidas, en estos momentos, es muy complejo, precisamente, por el diseño del organismo y la falta de consenso internacional.
"Tendría que haber un diálogo político de alto nivel para que los Estados acepten la posibilidad de una reforma que convenga a la humanidad pero, en este momento, es muy complicado", reflexionó.
"La Carta de Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad y la narrativa del orden basado en reglas siguen existiendo, pero el poder militar, tecnológico y financiero es cada vez más recurrente fuera de esos marcos legales y leyes internacionales, fuera del derecho internacional público. No hay en este momento un Estado de derecho internacional", concluyó la experta.
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