Obama "es el responsable" de que ICE permanezca dentro "del engranaje gubernamental", dice analista
Obama "es el responsable" de que ICE permanezca dentro "del engranaje gubernamental", dice analista
Sputnik Mundo
Pese a ser creada por George W. Bush para satisfacer los impulsos nacionalistas del electorado tras los ataques del 11 de septiembre, el presidente demócrata... 17.01.2026, Sputnik Mundo
2026-01-17T23:17+0000
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oficina de aduanas y protección fronteriza de eeuu (cbp)
En los últimos días, la ciudad de Minneapolis, en el estado de Minnesota, se ha convertido nuevamente en el epicentro de una crisis política tras el homicidio de Renee Nicole Good, una ciudadana estadounidense de 37 años que murió tras ser baleada por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU (ICE, por sus siglas en inglés) durante una redada.Este dramático suceso, captado en video por testigos y rápidamente viralizado en redes, desató una ola de indignación y protestas masivas en la ciudad y a lo largo del país, volviendo a poner en el centro del debate público en el país norteamericano la legalidad de las acciones llevadas adelante por la agencia federal, en medio de un sostenido endurecimiento del combate a la migración ilegal llevado adelante por la actual Administración republicana. La reacción del Partido Demócrata ha sido de condena absoluta a las acciones del miembro de ICE y repudio generalizado a la agencia. El gobernador de Minnesota, Tim Walz, y el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, han exigido formalmente que ICE abandone la ciudad de inmediato para evitar una mayor escalada de violencia.En tanto, el fiscal general del estado presentó una demanda federal contra el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), del que depende ICE, alegando violaciones constitucionales por el despliegue de agentes armados y enmascarados. A nivel nacional, legisladoras de alto perfil como Alexandria Ocasio-Cortez y Elizabeth Warren amenazaron con bloquear el presupuesto del DHS si no se le imponen restricciones severas a la agencia, incluso llegando a revivir el reclamo de abolir ICE, una proclama habitual del ala progresista del partido durante el primer mandato (2017-2021) del presidente Donald Trump.Sin embargo, ha brillado por su ausencia cualquier atisbo de crítica entre los demócratas hacia su principal figura durante el siglo XXI, el expresidente Barack Obama, quien durante sus dos mandatos consecutivos (2009-2017) destinó una cantidad de recursos financieros y humanos sin precedentes hacia las agencias encargadas de la vigilancia fronteriza y la remoción de extranjeros, incluyendo la propia ICE."Una maquinaria de detención sin precedentes"La agencia, creada en 2003 como parte de la Ley de Seguridad Nacional impulsada por el presidente George W. Bush tras los atentados del 11 de septiembre, había sido blanco de críticas por parte de los demócratas ni bien comenzó su trabajo. El propio Obama, durante su primera campaña presidencial, prometió llevar adelante una política migratoria "empática" y alejada de los excesos policiales de agencias federales como ICE.Sin embargo, al llegar a la Casa Blanca, Barack Obama no solo se mantuvo la agencia sin cambios en los protocolos sobre el uso de la fuerza, sino que aumentó (en un promedio de 1,5% anual en sus dos mandatos) el presupuesto que se le destinó por parte del Gobierno federal, que alcanzó los 6,200 millones de dólares durante su último año. A la par, los fondos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) también experimentaron un crecimiento notable, pasando de aproximadamente 10.000 millones de dólares al principio de su gestión a más de 13.500 millones hacia el final de su segundo periodo presidencial.Este fortalecimiento significativo en la capacidad operativa de ICE y la CBP no solo se reflejó en nueva adquisición de tecnología de punta, sino también en el aumento del personal en el terreno, alcanzando una cifra récord de más de 21.000 agentes de la Patrulla Fronteriza. El aumento de presupuesto dictado por Obama también financió la transición hacia una mayor dependencia de centros de detención privados, los cuales se convirtieron en un componente esencial de la infraestructura migratoria bajo el Gobierno demócrata. Así, decenas de empresas recibieron miles de millones de dólares en contratos gubernamentales para gestionar la creciente población de detenidos, creando un complejo industrial que incentivaba la permanencia de políticas de mano dura para asegurar la rentabilidad de las instalaciones (y mantener el flujo de las donaciones de dichos contratistas a las campañas de los políticos).Aunque el porcentaje de aumento de ICE fue menor comparado con el de la CBP, su impacto fue todavía más profundo debido a que, durante la Administración Obama, el DHS implementó programas de vigilancia interior que conectaban de forma automática las bases de datos de las cárceles locales con las autoridades migratorias federales. Es decir, cualquier migrante que era detenido por un delito menor, incluso por una infracción de tránsito, era sometido a una revisión de información por parte de ICE, siendo sujeto a una expulsión inmediata.La combinación de estos presupuestos permitió que la maquinaria de remoción operara a una escala industrial, resultando en la deportación de casi 3 millones de personas (la gran mayoría de origen latino) durante los ocho años de la presidencia de Obama. Esta cifra superó con creces los totales de cualquier gestión previa en EEUU, incluyendo la del propio George W. Bush, y le valió al mandatario el apodo de "deportador en jefe" por parte de organizaciones civiles."Una traición a sus votantes"Para José Luis Romano, internacionalista egresado de la UDELAR, el rol clave que tuvo Obama en expandir ICE y endurecer la política de deportaciones está en línea con su estrategia de "hacer campaña por la izquierda y gobernar por la derecha" que marcó su tiempo en la política.Sin embargo, Romano afirma que donde Obama traicionó a sus votantes y a los valores que decía defender fue en el tema ICE, porque durante su campaña dijo que la reforma migratoria iba a ser una de sus prioridades y, finalmente, decidió "gastar" el capital político de su arrolladora victoria en modificar (ligeramente) el sistema de salud y en darle ayuda financiera con dinero público a los banqueros que habían provocado la crisis financiera. Por su parte, Samuel Losada, internacionalista egresado de la Universidad de Buenos Aires, señala que "el impacto humanitario" de las acciones del exmandatario todavía se siente, ya que la deportación masiva de migrantes fue un fenómeno que se normalizó en su presidencia."La excusa era que necesitaba mostrarse razonable para poder el voto a los republicanos para una reforma migratoria en el Congreso, pero luego que puso en marcha esa logística y vio que sus números de aprobación mejoraron, no quiso darle esa victoria a la oposición y continuó con esa política", afirmó el analista.Losada recuerda que Obama, durante su campaña de reelección en 2012, propuso retomar las iniciativas buscando volver a captar el voto latino, pero cuando ganó con un margen de victoria más pequeño al de 2008 y al no controlar más ambas cámaras como en su primer mandato, iniciativas como el camino para la ciudadanía de los "dreamers" (indocumentados llevados a EEUU cuando eran niños) languidecieron en las comisiones parlamentarias."Barack Obama no creó ICE, eso es verdad, pero es el responsable de su permanencia dentro del engranaje gubernamental que dañó y daña a tantos mexicanos e hispanos en EEUU. Sería bueno que los demócratas admitieran su responsabilidad y no solamente se rasguen las vestiduras por lo que hace el actual Gobierno, porque también es culpa de ellos", concluye.
Pese a ser creada por George W. Bush para satisfacer los impulsos nacionalistas del electorado tras los ataques del 11 de septiembre, el presidente demócrata aumentó dramáticamente el financiamiento de la agencia antiinmigración. "Traicionó a sus votantes ni bien llegó al poder y las consecuencias todavía se sienten", dijo un experto a Sputnik.
En los últimos días, la ciudad de Minneapolis, en el estado de Minnesota, se ha convertido nuevamente en el epicentro de una crisis política tras el homicidio de Renee Nicole Good, una ciudadana estadounidense de 37 años que murió tras ser baleada por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU (ICE, por sus siglas en inglés) durante una redada.
Este dramático suceso, captado en video por testigos y rápidamente viralizado en redes, desató una ola de indignación y protestas masivas en la ciudad y a lo largo del país, volviendo a poner en el centro del debate público en el país norteamericano la legalidad de las acciones llevadas adelante por la agencia federal, en medio de un sostenido endurecimiento del combate a la migración ilegal llevado adelante por la actual Administración republicana.
La reacción del Partido Demócrata ha sido de condena absoluta a las acciones del miembro de ICE y repudio generalizado a la agencia. El gobernador de Minnesota, Tim Walz, y el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, han exigido formalmente que ICE abandone la ciudad de inmediato para evitar una mayor escalada de violencia.
En tanto, el fiscal general del estado presentó una demanda federal contra el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), del que depende ICE, alegando violaciones constitucionales por el despliegue de agentes armados y enmascarados.
A nivel nacional, legisladoras de alto perfil como Alexandria Ocasio-Cortez y Elizabeth Warren amenazaron con bloquear el presupuesto del DHS si no se le imponen restricciones severas a la agencia, incluso llegando a revivir el reclamo de abolir ICE, una proclama habitual del ala progresista del partido durante el primer mandato (2017-2021) del presidente Donald Trump.
Sin embargo, ha brillado por su ausencia cualquier atisbo de crítica entre los demócratas hacia su principal figura durante el siglo XXI, el expresidente Barack Obama, quien durante sus dos mandatos consecutivos (2009-2017) destinó una cantidad de recursos financieros y humanos sin precedentes hacia las agencias encargadas de la vigilancia fronteriza y la remoción de extranjeros, incluyendo la propia ICE.
"Una maquinaria de detención sin precedentes"
La agencia, creada en 2003 como parte de la Ley de Seguridad Nacional impulsada por el presidente George W. Bush tras los atentados del 11 de septiembre, había sido blanco de críticas por parte de los demócratas ni bien comenzó su trabajo. El propio Obama, durante su primera campaña presidencial, prometió llevar adelante una política migratoria "empática" y alejada de los excesos policiales de agencias federales como ICE.
Sin embargo, al llegar a la Casa Blanca, Barack Obama no solo se mantuvo la agencia sin cambios en los protocolos sobre el uso de la fuerza, sino que aumentó (en un promedio de 1,5% anual en sus dos mandatos) el presupuesto que se le destinó por parte del Gobierno federal, que alcanzó los 6,200 millones de dólares durante su último año.
A la par, los fondos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) también experimentaron un crecimiento notable, pasando de aproximadamente 10.000 millones de dólares al principio de su gestión a más de 13.500 millones hacia el final de su segundo periodo presidencial.
Este fortalecimiento significativo en la capacidad operativa de ICE y la CBP no solo se reflejó en nueva adquisición de tecnología de punta, sino también en el aumento del personal en el terreno, alcanzando una cifra récord de más de 21.000 agentes de la Patrulla Fronteriza.
El aumento de presupuesto dictado por Obama también financió la transición hacia una mayor dependencia de centros de detención privados, los cuales se convirtieron en un componente esencial de la infraestructura migratoria bajo el Gobierno demócrata.
Así, decenas de empresas recibieron miles de millones de dólares en contratos gubernamentales para gestionar la creciente población de detenidos, creando un complejo industrial que incentivaba la permanencia de políticas de mano dura para asegurar la rentabilidad de las instalaciones (y mantener el flujo de las donaciones de dichos contratistas a las campañas de los políticos).
Aunque el porcentaje de aumento de ICE fue menor comparado con el de la CBP, su impacto fue todavía más profundo debido a que, durante la Administración Obama, el DHS implementó programas de vigilancia interior que conectaban de forma automática las bases de datos de las cárceles locales con las autoridades migratorias federales.
Es decir, cualquier migrante que era detenido por un delito menor, incluso por una infracción de tránsito, era sometido a una revisión de información por parte de ICE, siendo sujeto a una expulsión inmediata.
La combinación de estos presupuestos permitió que la maquinaria de remoción operara a una escala industrial, resultando en la deportación de casi 3 millones de personas (la gran mayoría de origen latino) durante los ocho años de la presidencia de Obama. Esta cifra superó con creces los totales de cualquier gestión previa en EEUU, incluyendo la del propio George W. Bush, y le valió al mandatario el apodo de "deportador en jefe" por parte de organizaciones civiles.
"Una traición a sus votantes"
Para José Luis Romano, internacionalista egresado de la UDELAR, el rol clave que tuvo Obama en expandir ICE y endurecer la política de deportaciones está en línea con su estrategia de "hacer campaña por la izquierda y gobernar por la derecha" que marcó su tiempo en la política.
"Obama fue muy astuto al presentarse como una renovación dentro del Partido Demócrata, pero lo cierto que más allá de su propia identidad como afroamericano y las críticas a la invasión de Irak, no había nada disruptivo en su plataforma, que se parecía mucho al centrismo neoliberal que impulsó Bill Clinton y que provocó la desindustrialización del país y empoderó a las elites", dijo el experto.
Sin embargo, Romano afirma que donde Obama traicionó a sus votantes y a los valores que decía defender fue en el tema ICE, porque durante su campaña dijo que la reforma migratoria iba a ser una de sus prioridades y, finalmente, decidió "gastar" el capital político de su arrolladora victoria en modificar (ligeramente) el sistema de salud y en darle ayuda financiera con dinero público a los banqueros que habían provocado la crisis financiera.
"No solo no cambió en nada la política belicista de EEUU como dijo que haría, sino que deliberadamente fue contra la comunidad migrante y latina, con la intención de verse implacable. Al ser el hijo de un migrante kenyata, Obama siempre sintió que tenía que mostrarle al establishment que podía ser uno de ellos", añadió.
Por su parte, Samuel Losada, internacionalista egresado de la Universidad de Buenos Aires, señala que "el impacto humanitario" de las acciones del exmandatario todavía se siente, ya que la deportación masiva de migrantes fue un fenómeno que se normalizó en su presidencia.
"La excusa era que necesitaba mostrarse razonable para poder el voto a los republicanos para una reforma migratoria en el Congreso, pero luego que puso en marcha esa logística y vio que sus números de aprobación mejoraron, no quiso darle esa victoria a la oposición y continuó con esa política", afirmó el analista.
Losada recuerda que Obama, durante su campaña de reelección en 2012, propuso retomar las iniciativas buscando volver a captar el voto latino, pero cuando ganó con un margen de victoria más pequeño al de 2008 y al no controlar más ambas cámaras como en su primer mandato, iniciativas como el camino para la ciudadanía de los "dreamers" (indocumentados llevados a EEUU cuando eran niños) languidecieron en las comisiones parlamentarias.
"Barack Obama no creó ICE, eso es verdad, pero es el responsable de su permanencia dentro del engranaje gubernamental que dañó y daña a tantos mexicanos e hispanos en EEUU. Sería bueno que los demócratas admitieran su responsabilidad y no solamente se rasguen las vestiduras por lo que hace el actual Gobierno, porque también es culpa de ellos", concluye.
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