Tal como había sucedido en Wuhan, China, las calles de las grandes ciudades de América Latina quedaron desiertas como consecuencia de la pandemia de COVID-19 y las cuarentenas decretadas o recomendadas por todos los Gobiernos. A pesar de que la mayoría de las actividades se suspendieron, supermercados y almacenes debieron permanecer abiertos para no desatender el expendio de artículos de primera necesidad y alimentos.
A comienzos de abril, cuando varios de los países ya superaban varias semanas de confinamiento y paralización de sus economías, la situación fue advertida por el argentino Manuel Otero, director general del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA). En una entrevista con el diario mexicano El Universal, apuntó que "mientras concentramos nuestros esfuerzos en la crisis sanitaria, emerge con absoluta claridad el tema de la seguridad alimentaria".
Otero recordó que el sistema agropecuario provee a la población de "tres comidas al día" y que todos los eslabones del suministro de alimentos deben permanecer funcionando a pesar de la paralización.
El representante internacional señaló que "por ahora hay alimentos y abastecimientos" pero remarcó que "no obstante, empiezan a aparecer algunas luces amarillas, sobre todo con los productos perecederos".
La preocupación planteada por la IICA es compartida por varias organizaciones internacionales que trabajan en el área de la alimentación y la agricultura en América Latina.
No hay que tener "pánico" pero se deben tomar medidas
Una de las organizaciones preocupadas por la situación es la oficina de la FAO (agencia de Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura) para América Latina y el Caribe. En diálogo con Sputnik, el oficial de Políticas en Desarrollo Territorial Luiz de esa entidad, Luiz Carlos Beduschi, aseveró que los datos actuales indican que, por el momento, "América Latina tiene la capacidad de seguir abasteciendo de alimentos a sus poblaciones".
"No hay que tener pánico y no hay que hacer compras enormes", tranquilizó Beduschi. Sin embargo, pidió mantener la "atención" sobre el funcionamiento de todo el sistema alimentario, de forma de que las personas, tanto en las ciudades como en el mundo rural, puedan seguir teniendo acceso a los alimentos que se producen.
"Insistimos mucho en que los empleadores tomen medidas adecuadas de protección de sus funcionarios y que los gobiernos pongan en marcha, como lo están haciendo, medidas de protección social que garanticen un nivel de ingresos que permitan a las poblaciones tener acceso a los alimentos", subrayó Beduschi.
Proteger el consumo básico de las familias a través de transferencias monetarias, fomentar las compras locales y el rol de las ferias de alimentos, asegurar el mantenimiento de la distribución de alimentos a escolares y realizar "intervenciones nutricionales" en poblaciones vulnerables son algunas de las medidas que contribuyen a combatir los problemas de alimentación durante la pandemia, enumeró el funcionario.
¿Por qué cerrar fronteras podría ser catastrófico?
Qué hacer con el comercio internacional de alimentos ha sido uno de los grandes desafíos de los países en medio de la pandemia. Si bien los desplazamientos internacionales podrían ser riesgosos por su potencial de expandir el virus a otros territorios, los gobiernos comprendieron que interrumpir el transporte de bienes podría comprometer seriamente el abastecimiento de alimentos.
"México tiene liderazgo en la exportación de hortalizas, frutas y cárnicos y no es conveniente que en estas circunstancias, y sin menoscabo del mercado nacional, no mantengamos nuestros compromisos con el comercio exterior", expuso.
Uno de los ejemplos claros de esa política está en la frontera entre México y EEUU. A pesar de haber cerrado la frontera terrestre el 20 de marzo, los dos países acordaron mantener el tránsito de mercadería. Villalobos señaló que el mercado estadounidense "es el principal destino de una gran cantidad de productos pesqueros y agropecuarios mexicanos".
"Hemos convenido que esta frontera debe mantenerse abierta para proveer de productos a ambos lados de la frontera", sintetizó el secretario.
Una preocupación similar manifestó, durante la misma conferencia, el ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de Argentina, Luis Basterra, al señalar que la producción agropecuaria tiene en este momento "la responsabilidad de sostener el flujo de mercaderías que garanticen la alimentación". En esa línea, compartió la necesidad de que "los países proveedores de alimento continúen haciéndolo a nivel global, algo que era un objetivo antes de la pandemia y ahora se ha profundizado".
"Podemos decir con satisfacción que no ha habido interrupción en el flujo de mercadería entre ninguna de las naciones, atento a que tenemos protocolizados los sistemas de entrada y circulación en los países", celebró Basterra, que reconoció que en los primeros días de explosión de la pandemia sí se habían registrado problemas con la distribución.
La idea planteada por los ministros fue complementada por Pedro Martel, jefe de la división Medio Ambiente, Desarrollo Rural y Gestión de Riesgos de Desastres del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
"El comercio internacional debe fluir, debe mantenerse vivo. Hoy sabemos que no hay un problema de abastecimiento de alimentos pero eso puede perder su utilidad si los países empiezan a introducir restricciones comerciales que pueden ir en contra de los consumidores mismos", señaló.
Un compromiso de 25 países para 620 millones de bocas
El 9 de abril, once entidades regionales firmaron una alianza que pone como objetivo central "ayudar a los países de América Latina y el Caribe a asegurar sus sistemas alimentarios y mantener la agricultura y el comercio de alimentos durante la actual pandemia de COVID-19".
Entre los puntos clave del acuerdo está "mantener vivo el comercio agroalimentario, la expansión de los esquemas de protección social para garantizar la seguridad alimentaria de los pobres y vulnerables, normas sanitarias y fitosanitarias comunes y basadas en al ciencia y el aumento del comercio intrarregional".
El documento de cinco puntos señala, en la misma línea que Manuel Otero, que actualmente hay en la región 18 millones de productores con capacidad de producir alimentos pero "si la pandemia se extiende en el tiempo las cadenas de abastecimiento de alimentos van a estar sometidos a mayor presión".
"Si todos los países nos esforzamos en mantener funcionando las cadenas locales, nacionales, regionales y globales de abastecimiento, podremos asegurar los alimentos de forma sostenible para toda la población", prometen los ministros firmantes.
¿Qué dicen los campesinos?
"¡En tiempos de pandemias, campesinos unidos alimentamos a los pueblos!", reivindican los afiches de la campaña elaborada por la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) – La Vía Campesina, a propósito del Día Internacional de las Luchas Campesinas que se conmemora cada 17 de abril.
En una declaración, la organización convoca a los campesinos de la región "a juntar esfuerzos para enfrentar unidos esta coyuntura de crisis socioeconómica y sanitaria mundial revelada con la aparición del nuevo coronavirus en el mundo". Según la CLOC, la pandemia "solo devela los efectos del capitalismo que con sus políticas globalizadas han provocado el desmantelamiento institucional de los Estados y la privatización de los derechos humanos en la región".
La CLOC considera que "ahora es el momento para la implementación de la Declaración de los derechos campesinos y otras personas que trabajan en zonas rurales", una herramienta "de fuerte contenido humanista" que podría "poner el debate democrático de los Estados por encima del lobby y los intereses del capital".
Durante su intervención en la conferencia de la FAO, el ministro Basterra dejó un mensaje alentador sobre la posible revalorización del campesinado tras la crisis del coronavirus. Según el jerarca, terminada la pandemia "el ser humano va a tomar exacta dimensión de lo que es el proveedor de sus alimentos y cuando tome esa dimensión lo va a revalorizar".
"Tenemos la oportunidad de que esa relación entre campo y ciudad no sea más únicamente de oferta y demanda sino una relación entre seres humanos", deseó.