La decisión de Perú de posponer la compra de aviones de combate F-16 ha encendido alertas sobre el impacto que podría tener en su relación con Estados Unidos, considerado un socio clave en materia de defensa.
El Gobierno interino, encabezado por José María Balcázar, suspendió indefinidamente la firma del contrato, valuado en hasta 3.500 millones de dólares, argumentando que la decisión debe recaer en la próxima Administración.
La operación contemplaba la adquisición de 24 aeronaves a la firma Lockheed Martin, en un acuerdo que había sido considerado estratégico tanto por su costo como por el fortalecimiento de la cooperación militar con Washington.
De acuerdo con información difundida en el medio local La República, la cancelación de la ceremonia —horas antes de su realización— generó molestia en autoridades estadounidenses. El embajador Bernie Navarro advirtió que su país podría utilizar "todas las herramientas disponibles" frente a decisiones que afecten sus intereses.
Especialistas y exfuncionarios peruanos alertan que el país podría perder condiciones favorables negociadas previamente, como precios más bajos, tiempos de entrega reducidos y beneficios adicionales en materia de cooperación militar.
Además, subrayan que la compra de los F-16 no solo implicaba modernizar la flota aérea, sino consolidar a Washington como aliado estratégico, lo que podría actuar como un elemento disuasivo ante posibles amenazas regionales.
La postergación también ocurre en un contexto político inestable, con Perú bajo su tercer Gobierno interino desde 2022, lo que ha generado críticas sobre la capacidad del Ejecutivo para tomar decisiones de largo plazo.
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