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"La gente quiere que cualquier cosa sea una revolución": surge debate tras el show de Bad Bunny en el Super Bowl

El espectáculo ofrecido por el artista puertorriqueño Bad Bunny en el evento deportivo más visto de EEUU ha generado discrepancias: mientras hay quienes aplauden lo simbólica que fue su actuación en el contexto político actual, hay quienes la desprecian desde la crítica al mercado y el 'establishment'.
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Cargada de simbolismos latinoamericanos como el ambulantaje, la compra y venta de oro desde vitrinas, un niño dormido sobre tres sillas en plena boda y, claro, ritmos salseros, el halftime show del cantante latinoamericano fue visto por más de 142 millones de personas alrededor del mundo.
La actuación del que es hoy el artista más escuchado en español —de acuerdo con las principales plataformas musicales— causó revuelo desde su anuncio y la condición que el cantante impuso para presentarse: que fuera enteramente en español. La solicitud no fue bien recibida desde el Gobierno del actual presidente de EEUU, Donald Trump, quien canceló su asistencia al partido.
La polémica previa y la actuación del llamado Conejo Malo se ha visto envuelta en un debate en el cual se discuten varias aristas, como los alcances y las limitaciones de la música como instrumento político, el consumo mercantilista de las expresiones artísticas y un show que irrumpió en un espacio que va más allá de lo deportivo para los estadounidenses.
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"Un evento cargado de muchos símbolos"

En entrevista con Sputnik, Aníbal García Fernández, doctor en Estudios Latinoamericanos, apuntó que la actuación de Bad Bunny ocasionó tanto revuelo porque el elemento de fondo era, precisamente, Donald Trump.

"Yo creo que todo esto quizá no hubiese sucedido si no fuera por Donald Trump y la política (...) en contra de varios, o de casi todos, los países de América Latina, que no comulgan con la ideología que tiene [el mandatario]. Es el contexto y lo relevante del hecho que vivió con este evento que estuvo cargado de muchos símbolos y también, creo, de una ideología, que incluso podríamos caracterizar hasta de anticolonial en el sentido de que el cantante es puertorriqueño", aseveró.

Y es que Puerto Rico, recordó, aunque tiene su propia cultura, sus propias costumbres y es tan latinoamericano como las demás naciones del continente, pertenece a Estados Unidos desde hace más de 120 años luego de haber sido una colonia española durante siglos. "[Puerto Rico] es un ejemplo de esta línea de colonialismo en pleno siglo XX", afirmó.
La actuación de Bad Bunny, destacó García Fernández, adquiere relevancia en un contexto en el cual desde Washington se han ejecutado esfuerzos por minimizar los aportes culturales realizados por los migrantes latinoamericanos —regulares e irregulares—, que se cuentan por millones en el país norteamericano.

"[El espectáculo] visibilizó que, a pesar de un Gobierno como el de Donald Trump que intenta exaltar cada vez más esta parte blanca, anglosajona y protestante de Estados Unidos, es imposible pensar un evento como el Super Bowl sin elementos identitarios que no son propiamente estadounidenses", apuntó.

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Para el analista, la actuación de Bad Bunny trascendió mucho más allá de los 15 minutos que duró el espectáculo, en donde estuvieron como invitados la cantautora estadounidense Lady Gaga y el también boricua Ricky Martin.

"Hay personas que, bajo ciertas concepciones teóricas, piensan que en tanto que EEUU es una sociedad profundamente mediática, una sociedad del espectáculo, incluso esto se queda netamente ahí como parte de un elemento más de una cultura de mercado y mediática; sin embargo, creo que (...) lo que ha trascendido es la manera en la que los pueblos y la gente se apropia de ese tipo de shows", aseveró.

"Esto no va a cambiar el mundo"

Para Jovani Rivera Gutiérrez, doctor en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM, el revuelo que ha causado la actuación del Conejo Malo pone en evidencia la necesidad que pareciera tener cierto sector poblacional de justificar su consumo.

"El tema es ambiguo, pero la gente parece tener una necesidad de que cualquier cosa sea una revolución, y quiere hacer esto con cualquier otra cosa que no sea la revolución misma", apuntó el sociólogo.

De acuerdo con Rivera Gutiérrez, "lo que vimos fue música pop con un statement y así deberíamos de tomarlo".

"Esto tiene sus límites y alcances. Entonces, esto no es la revolución, esto no va a cambiar el mundo y tampoco lo pretende, así tenemos que analizarlo (...) Hay personas que les gusta consumir música, cine o cualquier expresión artística y parece que hay una constante necesidad de justificar esto, como si nadie pudiera decir: 'Lo escucho porque me gusta'. Parece ya una obligación añadir un plus al consumo mismo", ponderó.

El también profesor recordó que, si bien siempre ha existido un "pop francamente comercial", también ha existido música "más retadora, que trata de distanciarse y de asumir cierto compromiso por algunas causas y eso, me parece, no está mal. Y creo que es el caso de Bad Bunny, que asume esta bandera de ser puertorriqueño porque lo es".
Asimismo, dijo, "en muchas partes del mundo se pueden identificar con su discurso, que sí es tan comercial como lo puede ser un disco, en el que apuntó a los procesos de gentrificación, de turistificación y de exotización" de las culturas latinoamericanas.

"Sí fue un fenómeno disruptivo"

Tras el show del cantante puertorriqueño, el presidente Trump se pronunció en su cuenta de Truth Social, en donde calificó el espectáculo como "uno de los peores" en la historia de la justa deportiva y, aseguró, "al tipo no se le entendió nada".
En marzo de 2025, un par de meses después de asumir su segundo cargo como presidente, el mismo mandatario firmó una orden ejecutiva para que el inglés sea el idioma oficial de EEUU bajo el argumento de "reforzar los valores nacionales" del país norteamericano.
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Al respecto, en entrevista con Sputnik, Mauro Mendoza Posadas, doctor en Lingüística por la UNAM, ponderó que, ante la radicalización de la política migratoria estadounidense, el hecho de que el artista haya cantando en español en el evento deportivo más esperado por los estadounidenses "sí fue un fenómeno disruptivo".

"Él [Bad Bunny] como músico, como fenómeno comercial también, posicionó en este espacio su lengua que, además de ser español es, específicamente, una variante del Caribe que tiene ciertas características lingüísticas (...) Esto es algo que podríamos llamar un acto glotopolítico, pues es un espacio, un evento, un momento en el cual la lengua se carga de mucho significado. No es sólo lo que empleamos cuando la usamos en lo cotidiano, sino que se envuelve de un posicionamiento que puede ser antagónico", explicó.

De acuerdo con Mendoza Posadas, el puertorriqueño "empleó el español desde dos dimensiones distintas".

"Por un lado, simbólicamente, plantear el uso de la lengua en este espacio que es la cumbre del deporte norteamericano y también uno de los shows identitarios más importantes, abre un espacio en donde, quienes hablamos español, independientemente de nuestra variante dialectal, nos vemos posicionados en ese lugar, nos vemos llamados a ocupar los espacios y hacer uso del espacio público con nuestra lengua", finalizó.

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