A poco más de un mes de asumir como presidente de Chile, José Antonio Kast sumó a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y al primer ministro de Hungría, Viktor Orban, a la lista de mandatarios con los que se reunió para acercarse a sus medidas sobre seguridad y migración. Los contactos de Kast ya habían incluido, en el mes de enero, al salvadoreño Nayib Bukele y el dominicano Luis Abinader.
En todos los casos, Kast mostró especial interés por atender, y visitar de primera mano, las acciones que esos gobiernos han desarrollado para reducir la criminalidad o controlar problemas de migración irregular. Así lo había hecho cuando visitó el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) de El Salvador o cuando recorrió parte del muro que República Dominicana está levantando en su frontera con Haití.
Los encuentros con Meloni y Orban no fueron la excepción. "En materia de seguridad, observamos el manejo que tuvieron respecto a la inmigración irregular", comentó Kast en rueda de prensa luego de reunirse con el líder húngaro, aclarando que "no se trata de replicar su modelo, sino de tomar ejemplos útiles para garantizar un 'Plan Escudo Fronterizo' en Chile".
Kast elogió la decisión del Gobierno húngaro de no recibir inmigrantes a pesar de los pedidos de la Unión Europea, asegurando que la medida fue "una anticipación a una situación que hoy afecta a otros países de Europa". Si bien dejó entrever que su intención no es "copiar exactamente lo que hacen otros países", recordó cuando en 2024 visitó la valla instalada por Hungría en su frontera con Serbia, asegurando que "esa separación contribuyó a mejorar la situación económica y social de Hungría con respecto a otros países europeos".
"He hablado durante mucho tiempo de la necesidad de barreras físicas en el norte de Chile para evitar ingresos irregulares y señalar a quienes intenten entrar que deben hacerlo por los pasos oficiales. Si vamos a cerrar pasos irregulares, debe quedar claro que la entrada es por la puerta, no por atajos", sentenció el presidente electo a los medios chilenos que lo consultaron.
El encuentro con Meloni abordó con mayor énfasis la cuestión penitenciaria, otro de los ejes del plan de seguridad de Kast. Al respecto, el chileno elogió la política italiana de "aislamiento total de los líderes de la mafia" en los centros de reclusión para evitar contactos con sus familias u otras organizaciones y adelantó que analiza "cambios a los decretos penitenciarios" para ensayar algo similar en las cárceles chilenas.
¿Muros en la frontera?
En diálogo con Sputnik, el politólogo chileno Marcelo Mella consideró que la elección de países y mandatarios visitados durante su gira responde más a una "afinidad ideológica" que a las posibilidades de replicar esas experiencias en Chile, ya que "la distancia de estos casos con la realidad chilena es importante".
"Tanto en Italia como en Hungría la dimensión del problema migratorio es muy distinta. La extensión de frontera que tiene Chile supera en tres veces la frontera terrestre de ambos países, por lo que estamos hablando de un problema que tiene otra envergadura", opinó el analista.
De todas maneras, Kast había regresado de su primera visita a Budapest en 2024 anunciando públicamente su intención de construir un muro en la frontera entre Chile y Bolivia, países que comparten unos 860 kilómetros de frontera.
Además, el programa de Gobierno que llevó a Kast a ganar las elecciones tiene como uno de sus ejes al plan "Escudo Fronterizo" que incluye algunas medidas concretas como "muros o vallas de seguridad de 5 metros de altura similares a los utilizados en Israel y Hungría, equipados con sensores de movimiento y vigilancia por drones". El plan también anuncia "zanjas de 3 metros de profundidad en sectores de alto tráfico migratorio", "cercos perimetrales electrificados" con vigilancia militar y de Carabineros, "torres de vigilancia y radares térmicos" y drones "con cámaras de reconocimiento facial".
A pesar del optimismo de Kast, Mella consideró poco probable que el próximo presidente chileno logre el consenso político necesario para una obra de tal magnitud.
"Los presidentes en Chile tienen prácticamente solo dos años para legislar", aclaró el politólogo, explicando que los presidentes deben transitar el primer año de gestión con un presupuesto heredado de la administración anterior y afrontan el último en plena campaña electoral hacia el siguiente período. Así, Kast podría tener poco tiempo para conseguir el respaldo político en el Congreso para llevar adelante esta medida.
El experto identificó, además, otro problema en transpolar a Chile las políticas de Roma y Budapest en materia de migración: los efectos económicos de interrumpir el flujo de migrantes. En ese sentido, mencionó que el proceso de envejecimiento de la población y la interrupción de la migración provocan en Italia "una creciente escasez de mano de obra" que, a su vez, acaba por hacer que el empleo sea cada vez más caro. El fenómeno llevó incluso a Meloni a habilitar 500.000 visas de trabajo por fuera de la cuota de migrantes durante 2025.
El politólogo afirmó que Chile atraviesa "un ciclo similar" de envejecimiento de la población y encarecimiento de la mano de obra, por lo que políticas demasiado restrictivas de la migración y "barreras muy altas para la formalización de los migrantes" pueden generar efectos perjudiciales para el crecimiento de la economía chilena.
Las señales al oficialismo y el ejemplo de Orban
Para Mella, la dificultad para replicar las fórmulas de los países visitados en territorio chileno da a entender que la gira del mandatario acaba por arrojar, más que resultados concretos, "señales simbólicas" sobre un escenario político particularmente fragmentado.
El analista recordó, en ese sentido, que la designación del gabinete de gobierno ya dejó entrever diferencias a la interna de la coalición que sustentará la administración Kast y que se divide mayormente entre el Partido Republicano liderado por el propio presidente electo, el Partido Nacional Libertario de Johannes Kaiser y Chile Vamos, como expresión aglutinadora de la centroderecha identificada con Evelyn Matthei y el legado del expresidente Sebastián Piñera (2010-2014 y 2018-2022).
El analista enfatizó que, con sus visitas a líderes conservadores del escenario global, Kast consigue un "efecto simbólico" sobre un nuevo oficialismo que todavía busca dirimir sus diferencias internas.
"Estas visitas de Kast proyectan hacia el interior del oficialismo un mínimo común ideológico, algo en lo que están todos de acuerdo y que constituye un factor de cohesión. Es un mecanismo de compensación simbólica frente a la dispersión que ha marcado la designación de cargos", interpretó Mella.
En ese proceso, la figura de Orban también puede ser una referencia clave, ya que el primer ministro húngaro ha conseguido "consolidar una mayoría política y social" que le permite mantenerse en el Gobierno húngaro desde 2010. "Yo miraría con atención el caso de Orban porque, bajo el escenario de fragmentación que hay en la política chilena, Kast podría ir en la dirección de consolidar una mayoría que vaya más allá de su período de Gobierno".
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