"Han abusado de los precios": La capital de Ecuador se enfrenta al encarecimiento de los alquileres
"Han abusado de los precios": La capital de Ecuador se enfrenta al encarecimiento de los alquileres
Sputnik Mundo
Cubrir la renta en los polos de desarrollo y empleo en la capital de Ecuador parece que se está convirtiendo en un privilegio. Entre el encarecimiento... 29.09.2026, Sputnik Mundo
En el hipercentro financiero e inmobiliario de Quito, demarcado por el sector de La Carolina en la parroquia Iñaquito, los edificios residenciales de vanguardia y las torres acristaladas marcan el horizonte urbano. Sin embargo, detrás de esta estética cosmopolita se esconde una brecha social en aumento: para la gran mayoría de trabajadores que sostienen la actividad comercial, gastronómica y de servicios de la zona, vivir cerca de su lugar de trabajo se ha convertido en una imposibilidad financiera.Lo que muestran las cifrasEl Distrito Metropolitano de Quito concentra una población estimada de 2,67 a 2,8 millones de habitantes, de los cuales 1,77 millones residen en el área urbana y más de 900.000 se distribuyen en sus parroquias rurales y valles periféricos, según datos del Censo de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Estadística y Censos.Esta configuración poblacional convive con una severa distorsión de precios: mientras el Salario Básico Unificado (SBU) en Ecuador se sitúa en 482 dólares mensuales y la Canasta Familiar Básica en Quito roza los 860, el costo medio de la vivienda en el hipercentro se ha disparado. Aunado a lo anterior, el empleo adecuado en Ecuador escaló solo al 35% de la población, mientras que el subempleo y otras formas de trabajo precario abarcan a más del 60% de la población económicamente activa, limitando drásticamente la capacidad de ahorro y la garantía de pago requerida para arrendar en zonas consolidadas.En el sector de La Carolina, el alquiler de una suite o departamento pequeño oscila entre los 500 y los 800 dólares mensuales en promedio, superando en algunos casos dicha cifra. Esta asimetría impulsa un proceso acelerado de gentrificación y expulsión territorial. El centro-norte capitalino se configura de manera progresiva para perfiles de altos ingresos, ejecutivos corporativos o plataformas de alquiler vacacional, desplazando a la mano de obra hacia los extremos sur y norte o a las periferias.Testimonios de los trabajadoresSputnik conversó con las personas que transitan y laboran día a día en este enclave financiero; la constante es inequívoca: ninguno de los entrevistados puede costear la vida en el sector donde genera sus ingresos.Anthony Ramírez, administrador de un restaurante de la zona, dijo que se debe contemplar la variable del transporte antes que la cercanía al empleo.La realidad es similar para Irene Obando, comerciante del sector, quien dijo que los bajos costos que se pagan por alquiler en la periferia terminan pasando factura en el tiempo: le toma de hora y media a dos horas llegar hasta el norte."Pago 120 dólares con agua, luz e internet. Vivo en La Ibarra, al sur de Quito. Es lejos venir de allá hasta acá, hasta el norte; el tiempo que me demoro es de una hora y media. Lo que pasa es que actualmente las personas que viven acá en el norte han abusado de los precios. Por ejemplo, un departamento está a 300 dólares mínimo, entonces la mayoría se va al sur porque es más económico", detalla Obando en conversación con este medio.El encarecimiento no solo expulsa a las personas hacia barrios lejanos, sino que precariza las condiciones de habitabilidad. "Yo pago 150 de arriendo y vivimos seis personas, porque aparte del arriendo, el agua, la luz y todo lo que es de la casa, se va todo el ingreso", señala Elizabeth Miranda, trabajadora del hogar en la zona de La Carolina.El fenómeno del desplazamiento también alcanza a profesionales de mandos medios. Sofía Silva, asesora comercial, explica que cuando intentó habitar en el casco urbano de Quito, el costo del arriendo absorbía cerca del 80% de sus ingresos mensuales.Los testimonios coinciden con las proyecciones urbanísticas sobre la situación actual en Quito. La concentración de infraestructura, oferta financiera y transporte masivo en el hipercentro ha revalorizado el suelo a ritmos que los sueldos locales no pueden equiparar.El impacto de esta brecha es triple, pues genera hacinamiento en los sectores populares para reducir costos, precariza la calidad de vida al obligar a la población a invertir entre tres y cuatro horas diarias en el transporte público y acelera la expansión desordenada hacia las periferias.
Cubrir la renta en los polos de desarrollo y empleo en la capital de Ecuador parece que se está convirtiendo en un privilegio. Entre el encarecimiento inmobiliario, la gentrificación y la brecha inflacionaria, la clase trabajadora de Quito se ve desplazada hacia las periferias, destinando hasta tres horas diarias en traslados para poder subsistir.
En el hipercentro financiero e inmobiliario de Quito, demarcado por el sector de La Carolina en la parroquia Iñaquito, los edificios residenciales de vanguardia y las torres acristaladas marcan el horizonte urbano.
Sin embargo, detrás de esta estética cosmopolita se esconde una brecha social en aumento: para la gran mayoría de trabajadores que sostienen la actividad comercial, gastronómica y de servicios de la zona, vivir cerca de su lugar de trabajo se ha convertido en una imposibilidad financiera.
Lo que muestran las cifras
El Distrito Metropolitano de Quito concentra una población estimada de 2,67 a 2,8 millones de habitantes, de los cuales 1,77 millones residen en el área urbana y más de 900.000 se distribuyen en sus parroquias rurales y valles periféricos, según datos del Censo de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Estadística y Censos.
Esta configuración poblacional convive con una severa distorsión de precios: mientras el Salario Básico Unificado (SBU) en Ecuador se sitúa en 482 dólares mensuales y la Canasta Familiar Básica en Quito roza los 860, el costo medio de la vivienda en el hipercentro se ha disparado.
Aunado a lo anterior, el empleo adecuado en Ecuador escaló solo al 35% de la población, mientras que el subempleo y otras formas de trabajo precario abarcan a más del 60% de la población económicamente activa, limitando drásticamente la capacidad de ahorro y la garantía de pago requerida para arrendar en zonas consolidadas.
En el sector de La Carolina, el alquiler de una suite o departamento pequeño oscila entre los 500 y los 800 dólares mensuales en promedio, superando en algunos casos dicha cifra. Esta asimetría impulsa un proceso acelerado de gentrificación y expulsión territorial. El centro-norte capitalino se configura de manera progresiva para perfiles de altos ingresos, ejecutivos corporativos o plataformas de alquiler vacacional, desplazando a la mano de obra hacia los extremos sur y norte o a las periferias.
Testimonios de los trabajadores
Sputnik conversó con las personas que transitan y laboran día a día en este enclave financiero; la constante es inequívoca: ninguno de los entrevistados puede costear la vida en el sector donde genera sus ingresos.
Anthony Ramírez, administrador de un restaurante de la zona, dijo que se debe contemplar la variable del transporte antes que la cercanía al empleo.
"Yo gasto aproximadamente 300 dólares en arriendo y vivo a una hora y media más o menos de mi trabajo porque los valores de arriendo en esta zona son muy altos. Todos se manejan hoy en día viendo la movilización: si es factible arrendar cerca del trabajo o lejos", explica el entrevistado para Sputnik.
La realidad es similar para Irene Obando, comerciante del sector, quien dijo que los bajos costos que se pagan por alquiler en la periferia terminan pasando factura en el tiempo: le toma de hora y media a dos horas llegar hasta el norte.
"Pago 120 dólares con agua, luz e internet. Vivo en La Ibarra, al sur de Quito. Es lejos venir de allá hasta acá, hasta el norte; el tiempo que me demoro es de una hora y media. Lo que pasa es que actualmente las personas que viven acá en el norte han abusado de los precios. Por ejemplo, un departamento está a 300 dólares mínimo, entonces la mayoría se va al sur porque es más económico", detalla Obando en conversación con este medio.
El encarecimiento no solo expulsa a las personas hacia barrios lejanos, sino que precariza las condiciones de habitabilidad. "Yo pago 150 de arriendo y vivimos seis personas, porque aparte del arriendo, el agua, la luz y todo lo que es de la casa, se va todo el ingreso", señala Elizabeth Miranda, trabajadora del hogar en la zona de La Carolina.
El fenómeno del desplazamiento también alcanza a profesionales de mandos medios. Sofía Silva, asesora comercial, explica que cuando intentó habitar en el casco urbano de Quito, el costo del arriendo absorbía cerca del 80% de sus ingresos mensuales.
“Tengo un departamento suite y me cuesta 100 dólares; estoy lejos del trabajo, pero tengo espacio verde. Antes era terrible; el 80% más o menos de mi sueldo se iba en arriendo porque estaba aquí en Quito. Estamos perdiendo mucho más los espacios verdes", comenta.
Los testimonios coinciden con las proyecciones urbanísticas sobre la situación actual en Quito. La concentración de infraestructura, oferta financiera y transporte masivo en el hipercentro ha revalorizado el suelo a ritmos que los sueldos locales no pueden equiparar.
El impacto de esta brecha es triple, pues genera hacinamiento en los sectores populares para reducir costos, precariza la calidad de vida al obligar a la población a invertir entre tres y cuatro horas diarias en el transporte público y acelera la expansión desordenada hacia las periferias.
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