El sucesor de Guterres frente a la ONU debe ser "una figura disruptiva, valiente y respaldada", dice experto

© AP Photo / Yuki Iwamura
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El secretario general António Guterres dará su discurso final en la apertura de la Asamblea General de las Naciones Unidas, antes de abandonar el cargo en diciembre tras diez años al frente del organismo. Analistas consultados por Sputnik dijeron que su gestión estuvo caracterizada por la ineficacia y su renuencia a incomodar a EEUU y sus aliados.
Con su alocución ante el plenario de las Naciones Unidas frente a jefes de Estado y de Gobierno, el ex primer ministro portugués no solo dará inicio al 81.º período de sesiones de la ONU, sino que también comenzará a despedirse al frente de la Secretaría General, tras dos mandatos consecutivos (2017-2026) en los que no ha logrado revertir la creciente percepción de irrelevancia del organismo en el escenario global.
Durante su campaña para obtener el cargo, Guterres había remarcado constantemente que su experiencia como alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (2005-2015) le había dejado en claro la necesidad de una ONU que trabajara para terminar con las desigualdades económicas y reducir las asimetrías de poder "que beneficiaban a unos pocos, generalmente a los mismos", palabras que remitían a su pasado como dirigente socialista.
Sin embargo, pese a una retórica inicial que apuntaba a su deseo de alejarse del unilateralismo y a la histórica tutela de Washington (no por nada, la sede principal se ubica en Nueva York y su principal contribuyente financiero es EEUU), su gestión culmina marcada por su renuencia a incomodar a las potencias atlánticas, y limitando su capacidad de acción crítica a la elaboración de comunicados sin consecuencias reales, dijeron expertos a Sputnik.
Durante su campaña para obtener el cargo, Guterres había remarcado constantemente que su experiencia como alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (2005-2015) le había dejado en claro la necesidad de una ONU que trabajara para terminar con las desigualdades económicas y reducir las asimetrías de poder "que beneficiaban a unos pocos, generalmente a los mismos", palabras que remitían a su pasado como dirigente socialista.
Sin embargo, pese a una retórica inicial que apuntaba a su deseo de alejarse del unilateralismo y a la histórica tutela de Washington (no por nada, la sede principal se ubica en Nueva York y su principal contribuyente financiero es EEUU), su gestión culmina marcada por su renuencia a incomodar a las potencias atlánticas, y limitando su capacidad de acción crítica a la elaboración de comunicados sin consecuencias reales, dijeron expertos a Sputnik.
Mientras Guterres advirtió recurrentemente sobre el "apartheid financiero" que asfixiaba a las economías del sur global, las iniciativas que impulsó carecieron siempre de mecanismos vinculantes para torcer la voluntad de EEUU y aliados, principales responsables de la persistencia de ese sistema.
De este modo, aunque denunció que las economías en desarrollo seguían subordinadas a los dictados de los acreedores del Norte —ya sea a través de sanciones o de las políticas de austeridad demandadas por el FMI—, sus esfuerzos no se tradujeron en medidas concretas para revertir la situación.
En ese sentido, el doble rasero en la aplicación de la normativa internacional se consolidó como una de las marcas definitorias de este período. La firmeza y la condena hacia los adversarios de Washington han contrastado con la tibieza e inacción frente a los abusos cometidos por aliados estratégicos del bloque atlántico o la propia Casa Blanca.
En ese sentido, el doble rasero en la aplicación de la normativa internacional se consolidó como una de las marcas definitorias de este período. La firmeza y la condena hacia los adversarios de Washington han contrastado con la tibieza e inacción frente a los abusos cometidos por aliados estratégicos del bloque atlántico o la propia Casa Blanca.
Este desequilibrio minó de forma severa la credibilidad de la ONU ante la ciudadanía de regiones como América Latina, África, Asia y hasta ciertas regiones de Europa que, según encuestas recientes, ven al organismo como otra herramienta para promover los intereses de Occidente.
Falta de capacidad política
En diálogo con Sputnik, el internacionalista Juan Daniel Garay, egresado de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UNAM), opinó que el organismo internacional atraviesa por una severa crisis e identificó una gran incapacidad política en su actual conducción.
"Me parece que a Guterres le ha faltado esa altura de miras para hacer algo sobre los grandes problemas que actualmente enfrenta el mundo. En ese sentido, deja una ONU más irrelevante políticamente y más sometida económicamente que nunca", dijo a este medio.
En relación al concepto de gobernanza global que sustenta al organismo, el analista de la UNAM opinó que la arquitectura internacional se encuentra desbordada por una marcada fragmentación geopolítica, enfatizando el retorno a posturas de poder unilateral que se registra a lo largo del mundo.
"No ha sabido navegar los cambios en el tablero global ni adaptarse a esa realidad, y por eso está tan asentada la visión de que es algo obsoleto, una reliquia de otra época", señaló.
"No ha sabido navegar los cambios en el tablero global ni adaptarse a esa realidad, y por eso está tan asentada la visión de que es algo obsoleto, una reliquia de otra época", señaló.
En cuanto al perfil de la futura dirección de la Organización de las Naciones Unidas, Garay consideró oportuno un viraje hacia el sur global que permita romper con la perspectiva eurocéntrica que caracterizó a las administraciones recientes y darle más entidad a los países en vías de desarrollo, con el deseo de que el próximo secretario general sea un eje articulador de estas postergadas demandas.
La necesidad de un cambio de enfoque
Por su parte, Oliver Santin Peña, analista del Centro de Investigaciones de América del Norte de la UNAM, le dijo a Sputnik que, si bien su gestión no fue buena, la pérdida de relevancia geopolítica que sufre la ONU no puede atribuirse exclusivamente a António Guterres.
Para el especialista, el dirigente portugués se enfocó en algunos temas de su interés, como la crisis climática o la distribución equitativa de vacunas durante la pandemia de COVID-19, destacando el programa Covax de la OMS, pero señaló que lo que predominó mayoritariamente durante su gestión fue la retórica sobre la capacidad efectiva de acción.
Santin Peña dijo que órganos de la ONU como el Consejo de Seguridad "son considerados anacrónicos porque conservan una estructura heredada de la posguerra que ya no refleja la realidad internacional", añadiendo que la guerra proxy contra Rusia lanzada por Occidente en Ucrania y las matanzas en territorios palestinos han confirmado que el organismo "no sabe o no quiere responder cuando surgen focos de conflicto".
Dada la mala imagen de las Naciones Unidas, planteó el analista, el sucesor de Guterres "no debería ser un burócrata, sino una figura disruptiva, valiente y respaldada internacionalmente y no solo por Occidente, capaz de exigir el cumplimiento del derecho internacional y la implementación de mecanismos multilaterales alternativos".
Al respecto, Santin Peña recordó que, a nivel de la estructura interna del Secretariado, el decenio de Guterres no alteró la composición eurocéntrica de la alta dirección de la ONU, señalando que las agencias y programas más importantes y mejor financiados del sistema continuaron bajo la órbita de funcionarios formados en Estados Unidos y Europa.
"Esta continuidad en las cúpulas burocráticas perpetuó enfoques de desarrollo y de derechos humanos moldeados desde las capitales del norte global, marginando las perspectivas y necesidades del sur. Es decir, fue más de lo mismo, y eso es una mala noticia", concluyó.

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