El Reino Unido está en una debacle y la causa va más allá de Starmer, según expertos
El Reino Unido está en una debacle y la causa va más allá de Starmer, según expertos
Sputnik Mundo
La derrota laborista dejó a Keir Starmer al borde del precipicio, lo que podría traducirse en la elección de un quinto primer ministro en cuatro años. Pero... 19.05.2026, Sputnik Mundo
La situación política en la nación inglesa se acerca a un punto de ebullición tras el colapso electoral del Partido Laborista en los comicios del 7 de mayo. Starmer se encuentra contra las cuerdas y luchando por su supervivencia, apenas dos años después de haber logrado la segunda mayoría laborista más grande en la historia de las elecciones generales.El detonante de esta crisis ha sido la pérdida de control de 35 consejos municipales y más de 1.300 concejales en todo el país, una de las peores catástrofes en la historia moderna del oficialismo. Con una proyección nacional de voto que sitúa al partido en apenas 17%, el primer ministro británico se ha transformado a ojos de la opinión pública y de su propia bancada en un líder inefectivo e incapaz de frenar el descontento social.El desplome laborista ha sido capitalizado por el flamante partido Reform UK, liderado por Nigel Farage, que consiguió avances en los tradicionales bastiones de clase trabajadora del laborismo, mientras que los Verdes han ganado fuerza en los centros urbanos y hasta los Conservadores recuperaron algo de terreno. A este castigo en las urnas se suma la pérdida del control histórico de Gales tras un siglo de dominio laborista, consolidando la percepción de que el gobierno central se encuentra a la deriva y sin respaldo de los ciudadanos.Y si bien Starmer ha rechazado los llamados a dimitir, ya han surgido dos candidatos para pelearle el liderazgo del partido: el alcalde del Gran Manchester, Andy Burnham, con un perfil más popular que el actual primer ministro, y Wes Streeting, quien acaba de dimitir de la cartera de Salud, que dirigía con duras críticas a su jefe político y exhibiendo una agenda de corte más empresarial y europeísta.Para ayudar a consumar el retorno de Burnham al Parlamento —según las reglas electorales británicas, es necesario ser legislador para disputar el liderazgo del partido—, un congresista local renunció días atrás a su escaño por la circunscripción de Makerfield, forzando así una elección especial para el 18 de junio. El Comité Ejecutivo Nacional del Laborismo ya dio luz verde para que Burnham sea el candidato oficial en este estratégico y reñido distrito del norte de Inglaterra, que en las últimas elecciones se impuso Reform UK, cuya cúpula ya anunció que participará también de la contienda.Para la experta, la personalidad tecnocrática de Starmer "no podría haber sido más equivocada para este momento global", que exige grandes respuestas a las grandes transformaciones que atraviesa el mundo, que son de corte económico, tecnológico y de reordenamiento geopolítico.En ese sentido, Veiroj explicó que la forma de gobernar del actual primer ministro británico ha sido "arreglar un poquito esto, tocar un poquito lo otro, pero jamás presentando una visión grande para el Reino Unido, sino apenas funcionando como un gerente tímido", pese a haber llegado al poder con un mandato claro, para ponerle fin a los 14 años de gobiernos conservadores marcados por la austeridad."Un gobernante que no sabe comunicar, y que además parece más interesado en conflictos ajenos o en revivir el debate sobre el Brexit, es lógico que no va a tener el pulso de la ciudadanía, que sufre de problemas concretos como el aumento del costo de vida y las faltas de oportunidades laborales", aseguró Veiroj.Un diseño elitista y antipopular Sin embargo, otro analista consultado por este medio apuntó al diseño de la arquitectura electoral británica como una de las principales causas de esta prolongada crisis política. Es el caso del Doctor en Historia de la UNAM y experto en temas políticos, Javier Gámez, quien sostuvo que la maniobra de Burnham ha dejado en evidencia los engranajes internos del parlamentarismo británico, que le da la espalda a las mayorías.De ganar el alcalde manchuriano en Makerfield, ahondó el experto, se activaría de inmediato el desafío formal para reemplazar a Starmer, abriendo la posibilidad de que un político elegido por apenas unas decenas de miles de votantes en una jornada especial termine gobernando el país entero.Al respecto, Gámez mencionó que el problema de fondo no es exclusivamente coyuntural, sino de índole estructural. En esa misma línea de análisis, Gámez insistió que las reglas del juego político británico siempre han beneficiado a los acuerdos de cúpula por encima del voto popular directo."El sistema parlamentario británico favorece a las élites políticas al permitir que figuras con apoyo limitado en términos de votación popular puedan acceder a altos cargos, como el ejemplo de Andy Burnham, quien puede llegar a primer ministro tras ganar una circunscripción pequeña y ser elegido por el partido. Esto muestra cómo la arquitectura institucional prioriza los intereses internos de los partidos y las élites sobre la voluntad real de la ciudadanía", detalló.Asimismo, la inestabilidad que ha caracterizado a Downing Street en los últimos años fue descrita por el experto como el reflejo del agotamiento de un régimen político que se niega a reformarse para no ceder poder."Esta crisis y la alta rotación de primeros ministros de la última década son síntomas de una transición donde el modelo tradicional de poder británico se erosiona, pero sin que el sistema político evolucione hacia una mayor representatividad y democracia real", subrayó Gámez, añadiendo que esto "evidencia la naturaleza antidemocrática del diseño electoral británico, que se mantiene en control de una minoría privilegiada".
La derrota laborista dejó a Keir Starmer al borde del precipicio, lo que podría traducirse en la elección de un quinto primer ministro en cuatro años. Pero, más allá de errores de gobernanza del premier, expertos apuntaron para Sputnik hacia la arquitectura electoral antidemocrática de la isla como uno de los motivos del prolongado caos.
La situación política en la nación inglesa se acerca a un punto de ebullición tras el colapso electoral del Partido Laborista en los comicios del 7 de mayo. Starmer se encuentra contra las cuerdas y luchando por su supervivencia, apenas dos años después de haber logrado la segunda mayoría laborista más grande en la historia de las elecciones generales.
El detonante de esta crisis ha sido la pérdida de control de 35 consejos municipales y más de 1.300 concejales en todo el país, una de las peores catástrofes en la historia moderna del oficialismo.
Con una proyección nacional de voto que sitúa al partido en apenas 17%, el primer ministro británico se ha transformado a ojos de la opinión pública y de su propia bancada en un líder inefectivo e incapaz de frenar el descontento social.
El desplome laborista ha sido capitalizado por el flamante partido Reform UK, liderado por Nigel Farage, que consiguió avances en los tradicionales bastiones de clase trabajadora del laborismo, mientras que los Verdes han ganado fuerza en los centros urbanos y hasta los Conservadores recuperaron algo de terreno. A este castigo en las urnas se suma la pérdida del control histórico de Gales tras un siglo de dominio laborista, consolidando la percepción de que el gobierno central se encuentra a la deriva y sin respaldo de los ciudadanos.
Y si bien Starmer ha rechazado los llamados a dimitir, ya han surgido dos candidatos para pelearle el liderazgo del partido: el alcalde del Gran Manchester, Andy Burnham, con un perfil más popular que el actual primer ministro, y Wes Streeting, quien acaba de dimitir de la cartera de Salud, que dirigía con duras críticas a su jefe político y exhibiendo una agenda de corte más empresarial y europeísta.
Para ayudar a consumar el retorno de Burnham al Parlamento —según las reglas electorales británicas, es necesario ser legislador para disputar el liderazgo del partido—, un congresista local renunció días atrás a su escaño por la circunscripción de Makerfield, forzando así una elección especial para el 18 de junio.
El Comité Ejecutivo Nacional del Laborismo ya dio luz verde para que Burnham sea el candidato oficial en este estratégico y reñido distrito del norte de Inglaterra, que en las últimas elecciones se impuso Reform UK, cuya cúpula ya anunció que participará también de la contienda.
"Pese a que Starmer dijo que quería ser primer ministro por 10 años, teniendo en cuenta cómo están las cosas, tendrá suerte si gobierna por 10 semanas más", dijo a Sputnik Claudia Veiroj, internacionalista egresada de la Universidad de la República Oriental del Uruguay (UDELAR).
Para la experta, la personalidad tecnocrática de Starmer "no podría haber sido más equivocada para este momento global", que exige grandes respuestas a las grandes transformaciones que atraviesa el mundo, que son de corte económico, tecnológico y de reordenamiento geopolítico.
En ese sentido, Veiroj explicó que la forma de gobernar del actual primer ministro británico ha sido "arreglar un poquito esto, tocar un poquito lo otro, pero jamás presentando una visión grande para el Reino Unido, sino apenas funcionando como un gerente tímido", pese a haber llegado al poder con un mandato claro, para ponerle fin a los 14 años de gobiernos conservadores marcados por la austeridad.
"Un gobernante que no sabe comunicar, y que además parece más interesado en conflictos ajenos o en revivir el debate sobre el Brexit, es lógico que no va a tener el pulso de la ciudadanía, que sufre de problemas concretos como el aumento del costo de vida y las faltas de oportunidades laborales", aseguró Veiroj.
Un diseño elitista y antipopular
Sin embargo, otro analista consultado por este medio apuntó al diseño de la arquitectura electoral británica como una de las principales causas de esta prolongada crisis política. Es el caso del Doctor en Historia de la UNAM y experto en temas políticos, Javier Gámez, quien sostuvo que la maniobra de Burnham ha dejado en evidencia los engranajes internos del parlamentarismo británico, que le da la espalda a las mayorías.
De ganar el alcalde manchuriano en Makerfield, ahondó el experto, se activaría de inmediato el desafío formal para reemplazar a Starmer, abriendo la posibilidad de que un político elegido por apenas unas decenas de miles de votantes en una jornada especial termine gobernando el país entero.
Esto mismo ocurrió con Liz Truss y Rishi Sunak, quienes llegaron a lo más alto del poder, ello sin ganar en ningún momento el voto popular.
Al respecto, Gámez mencionó que el problema de fondo no es exclusivamente coyuntural, sino de índole estructural.
"La crisis política actual en el Reino Unido refleja no solo problemas de liderazgo y gestión, que los hay, sino también las limitaciones estructurales del sistema electoral que afectan la representatividad democrática. La derrota del Partido Laborista y la presión sobre su líder evidencian un sistema que no responde adecuadamente a las demandas sociales ni permite un liderazgo transformador, lo que genera descontento y fragmentación política", expuso.
En esa misma línea de análisis, Gámez insistió que las reglas del juego político británico siempre han beneficiado a los acuerdos de cúpula por encima del voto popular directo.
"El sistema parlamentario británico favorece a las élites políticas al permitir que figuras con apoyo limitado en términos de votación popular puedan acceder a altos cargos, como el ejemplo de Andy Burnham, quien puede llegar a primer ministro tras ganar una circunscripción pequeña y ser elegido por el partido. Esto muestra cómo la arquitectura institucional prioriza los intereses internos de los partidos y las élites sobre la voluntad real de la ciudadanía", detalló.
Asimismo, la inestabilidad que ha caracterizado a Downing Street en los últimos años fue descrita por el experto como el reflejo del agotamiento de un régimen político que se niega a reformarse para no ceder poder.
"Esta crisis y la alta rotación de primeros ministros de la última década son síntomas de una transición donde el modelo tradicional de poder británico se erosiona, pero sin que el sistema político evolucione hacia una mayor representatividad y democracia real", subrayó Gámez, añadiendo que esto "evidencia la naturaleza antidemocrática del diseño electoral británico, que se mantiene en control de una minoría privilegiada".
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