
"El nivel de personas mexicanas que se dicen católicas ha bajado considerablemente, de 96% a 72%. Eso es fruto de muchas realidades desde la urbanización hasta la migración a otros lugares. La misma era digital y la misma cultura que ha ido evolucionando hacia una secularización de la experiencia humana", reconoció en entrevista para Sputnik el obispo auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México, el monseñor Héctor Pérez Villarreal.
"Esas son nuestras raíces y al final de cuenta es lo que nos inculcaron nuestros padres. Es de algo que ya traemos de siempre", afirmó Rebeca Mujica, catequista asistente a la iglesia de Santa María Tepepan, que cree que los mexicanos se han alejado del catolicismo.
Se estima que, durante el año, la Basílica de Guadalupe atrae en promedio a 20 millones de visitantes, superando, por ejemplo, la afluencia de templos como el de San Pedro, en el Vaticano, calculada en 13 millones.
"Sí hay cambios generacionales importantes. La religión en muchos casos, la institución religiosa, ha dejado de normar la vida de mucha gente, pero también hay un cambio desde la parte local. Por ejemplo, los creyentes en Jalisco y en el occidente de México siempre se han caracterizado por ser tradicionalistas, pero a su vez han tenido opiniones distintas a las de la jerarquía católica y ha habido algunos encuentros y desencuentros de estos", detalló el académico.
El fenómeno no es exclusivo de México. De acuerdo con una encuesta realizada por el Pew Research Center en 2024 en seis países de Latinoamérica (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú) el número de personas que se identifica como católica bajo 9% y los desafiliados subió 7%, en los últimos 10 años.
"La cultura nos ha alejado en general de las instituciones (…). Hay una cultura general, no es anticatólica, más bien es antiinstitucional, por una promoción exacerbada o extraordinaria de la libertad en donde cualquier persona que te imponga un criterio externo a ti y lo rechazas y eso nos hace rechazar, obviamente por excelencia, a la Iglesia que te marca una manera de caminar en tu humanidad", agregó.

La institución "necesita hacer crítica, pero también recibir crítica con herramientas que no son solamente teológicas o religiosas, sino justamente echar todo el bagaje cultural que tiene como [organización] centenaria y, además, una institución global. Requiere echar mano de eso y de las herramientas que las ciencias sociales y los laicos tienen para para dar cuenta", arguyó.


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