Trauma psicosocial y tecnofeudalismo: ¿por qué hay una epidemia silenciosa que afecta a los venezolanos?
Trauma psicosocial y tecnofeudalismo: ¿por qué hay una epidemia silenciosa que afecta a los venezolanos?
Sputnik Mundo
La advertencia sobre el aumento de los trastornos mentales en Venezuela ha cobrado relevancia tras las declaraciones de la psiquiatra Aura Isolina Macías... 25.03.2026, Sputnik Mundo
En entrevista con el programa 'Háblame Bajito', de Radio Fe y Alegría Noticias, señaló que hasta un 40% de la población podría presentar alguna patología de salud mental.La especialista atribuyó este incremento a factores estructurales como el estrés sostenido derivado de la crisis económica, las fallas en los servicios públicos y las dificultades generalizadas para acceder a tratamientos oportunos. Según Macías, los cuadros de ansiedad, las fobias y los episodios depresivos encabezan las consultas en los centros de salud del país sudamericano, en un contexto donde la precariedad del sistema y los altos costos de la atención privada profundizan la vulnerabilidad de los pacientes.El contexto ante la problemáticaFrente a este panorama, el psicólogo clínico venezolano Roger Cárdenas, profundiza en el análisis desde una perspectiva que va más allá del consultorio. En entrevista con Sputnik, sostiene que lo que ocurre en Venezuela no es solo un aumento de casos individuales, sino la expresión de un "trauma psicosocial colectivo", con raíces estructurales que deben ser reconocidas para poder abordarlas.Para Cárdenas, la estimación de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría no está lejos de la realidad. "Hay un impacto de las condiciones sociales en el aumento de la ansiedad. En la consulta vemos un claro incremento de casos relacionados con el miedo, la desprotección, la ansiedad generalizada y el estrés postraumático", señala."Recordemos que el 3 de enero Caracas fue bombardeada, y aún hay personas que no pueden dormir por las explosiones; eso es estrés postraumático", detalla el experto. Además, advierte, el país sudamericano aún vive lo que el psicólogo jesuita Ignacio Martín Baró, asesinado en El Salvador, denominó "trauma psicosocial", un fenómeno que trasciende la experiencia individual."Venezuela fue objeto de una guerra híbrida: asedio, bombardeo económico, hiperinflación, ataques al sistema eléctrico, sanciones. Una moneda que se devaluó millones de veces afectaría a cualquiera, incluso dentro de ciertos límites de salud mental", resalta.No se puede pensar solo en terapiaAnte la magnitud del problema, Cárdenas alerta sobre un error frecuente en el abordaje de la crisis: psicologizar los problemas estructurales, es decir, reducirlos a dificultades individuales que se resuelven con terapia o medicación. "Creemos que ayudando al individuo vamos a superar el problema, y no es así”, enfatiza y recupera una enseñanza atribuida a Buda: "No hay salvación individual"."La relación del individuo con su comunidad, con sus vecinos, es clave. Hay muchas personas que se encierran en su cuarto o en su apartamento y nunca salen. Entender que cuando tocamos un dolor, estamos tocando un dolor compartido. El miedo que yo tuve por los bombardeos del 3 de enero probablemente es el mismo que tuvo mi vecino. Pero si no hablo, si no entiendo que tenemos un problema colectivo, es muy fácil administrar una pastilla y aumentar las ventas de psicotrópicos para que una persona pueda dormir tranquila. Esa no es la solución", detalla.Para Cárdenas, la verdadera salida pasa por reconstruir el tejido social y reconocer la interdependencia.Dificultades a temprana edadUno de los puntos que más preocupa a la Sociedad Venezolana de Psiquiatría es el aumento de problemas graves en adolescentes. Cárdenas coincide en que se trata de un grupo especialmente vulnerable, pero señala un factor determinante que suele pasarse por alto: el reemplazo del vínculo humano por la tecnología.El psicólogo lamenta que se hayan perdido prácticas esenciales como las reuniones con los seres queridos, "donde nos encontramos para contarnos los problemas, donde es importante que la familia tome posición sobre alguna conducta de algún miembro".En cuanto a las señales de alerta, Cárdenas reconoce que es difícil establecerlas sin un estudio pormenorizado, pero insiste en que lo prioritario es "entrenar a la familia y a los padres para que puedan escuchar a sus hijos". "No podemos evitarles los problemas a los hijos, pero sí podemos fortalecerlos. Y para eso el papel de los padres es fundamental. Una pared de padres que cría a base de tabletas y celulares no evita problemas, los aumenta, porque incrementa la soledad, el individualismo y la fragilidad", subraya.La trampa de los "gurús" digitalesOtro fenómeno que agrava el panorama es la proliferación de influencers y "entusiastas" sin formación que ofrecen consejos sobre salud mental, un intrusismo que la Sociedad Venezolana de Psiquiatría ha denunciado en reiteradas ocasiones. Para Cárdenas, esto no es casualidad, sino que responde a la lógica estructural que moldea la subjetividad contemporánea."La misma estructura social que hace que los adolescentes sean presa fácil de los elementos tecnológicos está favoreciendo un tipo de mentalidad que llamo 'mente multitarea' o 'mente multitasking'", expone."Se va condicionando al sujeto para que haga muchas cosas al mismo tiempo, y la mayoría de nosotros lo vemos como normal. Estamos respondiendo mensajes que no pudimos responder en la mañana, haciendo el informe que tenemos que entregar, hablando con la pareja y almorzando al mismo tiempo", abunda.Este modelo, advierte, forma un tipo de individuo que se inserta en lo que denomina "tecnofeudalismo", las relaciones de producción que se imponen globalmente. "En redes sociales todo el mundo es gurú y tiene consejos de cómo ser feliz, porque además hay una cruzada contra la tristeza, y ya habíamos hablado un poco sobre el dolor negado", expone.Frente a esto, Cárdenas apuesta por recuperar los vínculos reales. "El crecimiento del sujeto, su maduración, a partir de la comunicación con su grupo, con su familia, va a determinar que pueda identificar que una fuente humana siempre será más enriquecedora que lo que pueda ofrecer una herramienta digital. El individuo inmerso en el tecnofeudalismo preferirá la orientación de una inteligencia artificial porque está viviendo una vida virtual", concluye.
La advertencia sobre el aumento de los trastornos mentales en Venezuela ha cobrado relevancia tras las declaraciones de la psiquiatra Aura Isolina Macías, presidenta del capítulo Anzoátegui de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría (SVP).
En entrevista con el programa 'Háblame Bajito', de Radio Fe y Alegría Noticias, señaló que hasta un 40% de la población podría presentar alguna patología de salud mental.
La especialista atribuyó este incremento a factores estructurales como el estrés sostenido derivado de la crisis económica, las fallas en los servicios públicos y las dificultades generalizadas para acceder a tratamientos oportunos.
Según Macías, los cuadros de ansiedad, las fobias y los episodios depresivos encabezan las consultas en los centros de salud del país sudamericano, en un contexto donde la precariedad del sistema y los altos costos de la atención privada profundizan la vulnerabilidad de los pacientes.
Frente a este panorama, el psicólogo clínico venezolano Roger Cárdenas, profundiza en el análisis desde una perspectiva que va más allá del consultorio.
En entrevista con Sputnik, sostiene que lo que ocurre en Venezuela no es solo un aumento de casos individuales, sino la expresión de un "trauma psicosocial colectivo", con raíces estructurales que deben ser reconocidas para poder abordarlas.
Para Cárdenas, la estimación de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría no está lejos de la realidad. "Hay un impacto de las condiciones sociales en el aumento de la ansiedad. En la consulta vemos un claro incremento de casos relacionados con el miedo, la desprotección, la ansiedad generalizada y el estrés postraumático", señala.
"Recordemos que el 3 de enero Caracas fue bombardeada, y aún hay personas que no pueden dormir por las explosiones; eso es estrés postraumático", detalla el experto. Además, advierte, el país sudamericano aún vive lo que el psicólogo jesuita Ignacio Martín Baró, asesinado en El Salvador, denominó "trauma psicosocial", un fenómeno que trasciende la experiencia individual.
"No creo que haya diferencia entre los bombardeos, las múltiples crisis que ha vivido Venezuela, y una situación de guerra. No me parece exagerado decir que cuatro de cada 10 venezolanos sufren un trastorno mental por estrés económico y crisis social", afirma Cárdenas.
"Venezuela fue objeto de una guerra híbrida: asedio, bombardeo económico, hiperinflación, ataques al sistema eléctrico, sanciones. Una moneda que se devaluó millones de veces afectaría a cualquiera, incluso dentro de ciertos límites de salud mental", resalta.
Ante la magnitud del problema, Cárdenas alerta sobre un error frecuente en el abordaje de la crisis: psicologizar los problemas estructurales, es decir, reducirlos a dificultades individuales que se resuelven con terapia o medicación.
"Creemos que ayudando al individuo vamos a superar el problema, y no es así”, enfatiza y recupera una enseñanza atribuida a Buda: "No hay salvación individual".
"La relación del individuo con su comunidad, con sus vecinos, es clave. Hay muchas personas que se encierran en su cuarto o en su apartamento y nunca salen. Entender que cuando tocamos un dolor, estamos tocando un dolor compartido. El miedo que yo tuve por los bombardeos del 3 de enero probablemente es el mismo que tuvo mi vecino. Pero si no hablo, si no entiendo que tenemos un problema colectivo, es muy fácil administrar una pastilla y aumentar las ventas de psicotrópicos para que una persona pueda dormir tranquila. Esa no es la solución", detalla.
Para Cárdenas, la verdadera salida pasa por reconstruir el tejido social y reconocer la interdependencia.
"La solución siempre será colectiva, entendiendo que vivimos en interrelación con los otros, en interdependencia, vinculados para formar un tejido social sólido y sano. En el individualismo, la única alternativa es la soledad y el dolor. En la colectividad, la alternativa se ofrece a partir del amor, que es la reunión entre seres humanos", abunda.
Dificultades a temprana edad
Uno de los puntos que más preocupa a la Sociedad Venezolana de Psiquiatría es el aumento de problemas graves en adolescentes.
Cárdenas coincide en que se trata de un grupo especialmente vulnerable, pero señala un factor determinante que suele pasarse por alto: el reemplazo del vínculo humano por la tecnología.
"La adolescencia es un grupo frágil psicológicamente porque está en desarrollo, en estructuración de su personalidad, por lo que es especialmente vulnerable. Algo fundamental es que las familias deben entender que el celular no es una niñera, no es la mejor alternativa para que el hijo esté tranquilo", sostiene.
El psicólogo lamenta que se hayan perdido prácticas esenciales como las reuniones con los seres queridos, "donde nos encontramos para contarnos los problemas, donde es importante que la familia tome posición sobre alguna conducta de algún miembro".
En cuanto a las señales de alerta, Cárdenas reconoce que es difícil establecerlas sin un estudio pormenorizado, pero insiste en que lo prioritario es "entrenar a la familia y a los padres para que puedan escuchar a sus hijos".
"No podemos evitarles los problemas a los hijos, pero sí podemos fortalecerlos. Y para eso el papel de los padres es fundamental. Una pared de padres que cría a base de tabletas y celulares no evita problemas, los aumenta, porque incrementa la soledad, el individualismo y la fragilidad", subraya.
La trampa de los "gurús" digitales
Otro fenómeno que agrava el panorama es la proliferación de influencers y "entusiastas" sin formación que ofrecen consejos sobre salud mental, un intrusismo que la Sociedad Venezolana de Psiquiatría ha denunciado en reiteradas ocasiones. Para Cárdenas, esto no es casualidad, sino que responde a la lógica estructural que moldea la subjetividad contemporánea.
"La misma estructura social que hace que los adolescentes sean presa fácil de los elementos tecnológicos está favoreciendo un tipo de mentalidad que llamo 'mente multitarea' o 'mente multitasking'", expone.
"Se va condicionando al sujeto para que haga muchas cosas al mismo tiempo, y la mayoría de nosotros lo vemos como normal. Estamos respondiendo mensajes que no pudimos responder en la mañana, haciendo el informe que tenemos que entregar, hablando con la pareja y almorzando al mismo tiempo", abunda.
Este modelo, advierte, forma un tipo de individuo que se inserta en lo que denomina "tecnofeudalismo", las relaciones de producción que se imponen globalmente.
"En redes sociales todo el mundo es gurú y tiene consejos de cómo ser feliz, porque además hay una cruzada contra la tristeza, y ya habíamos hablado un poco sobre el dolor negado", expone.
Frente a esto, Cárdenas apuesta por recuperar los vínculos reales. "El crecimiento del sujeto, su maduración, a partir de la comunicación con su grupo, con su familia, va a determinar que pueda identificar que una fuente humana siempre será más enriquecedora que lo que pueda ofrecer una herramienta digital. El individuo inmerso en el tecnofeudalismo preferirá la orientación de una inteligencia artificial porque está viviendo una vida virtual", concluye.
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