"Los milicos (militares) me secuestraron, me robaron y no me mataron de milagro", dijo Luque en una entrevista al local diario Clarín.
El hecho sucedió una noche de 1979 a la salida de un partido que el entonces equipo de Luque, River Plate, jugó en su estadio sin la participación del delantero que hacía meses se había consagrado campeón mundial en Argentina y era una figura de renombre popular.
El vehículo siguió al entonces futbolista que decidió frenar y dejarlo pasar para quedar detrás, pero a los 100 metros, el auto se detuvo en forma abrupta.
"Veo que se baja un tipo corriendo. En una mano levantaba una chapa de Policía y en la otra tenía una pistola. Se me acerca y me pide los documentos. Yo le dije que sí, que se los daba. No entendía nada. Los tenía en la guantera, dentro de un sobre. Y el tipo me amenaza: 'Quedate quieto porque te arranco la cabeza de un tiro'. En ese momento, otra persona entró por el asiento del acompañante, abrió la guantera, agarró todos los papeles que tenía y se me sentó al lado", relató el autor de cuatro goles en Argentina 78.
A Luque lo acostaron en el asiento de atrás del vehículo mientras le apuntaban con la culata de un arma.
"Yo estaba acostado atrás y lo único que veía era el reflejo de la luz de afuera. Hasta que quedó todo oscuro. Se habían metido por el medio de un campo, era una cosa terrible. El que me apuntaba, me decía: 'no levantes la cabeza porque te la vuelo'. Hasta que en un momento indican: 'Ahora bajate'. Y me bajé. Recién ahí me di cuenta de que estaba el otro auto que los acompañaba", recuerda el exfutbolista.
"Y me fui caminando por el descampado", prosigue, "en ese momento apreté los dientes. Sentía que iba a venir el disparo, que iba a ser boleta (morir). Caminé, caminé, había yuyos… Hasta que siento que se va un auto; me doy vuelta y era el mío. Y me quede ahí. Respiré".
Una vez que pudo llegar a su casa, ayudado por un aficionado que lo reconoció en Panamericana, Luque fue a hacer la denuncia a la comisaría de su barrio, pero el propio comisario, al escuchar el relato, le sugirió que los secuestradores eran policías, y desistió del trámite.
Sospechas
Dos meses después del hecho, Luque fue llamado a una rueda de reconocimiento, cuando la policía encontró su auto, y a pesar de ver a uno de los secuestradores, decidió no decir nada, por temor.
Sin embargo, los propios futbolistas siempre dijeron no saber nada de las atrocidades cometidas por el Gobierno de facto a pocos metros del estadio en el que ellos ganaban partidos y anotaban goles.
Cuarenta años después, Luque contó una situación vivida en el bus que llevaba al equipo, en el que viajaban tres oficiales del ejército, camuflados como futbolistas.
"El micro tenía una radio Motorola y por ahí recibían las órdenes estos policías. El día del debut, cuando estamos yendo a la cancha, se escucha un ruido en la radio. Se mete una voz que dice: 'Muchachos, a los jugadores les hablo. No jueguen, no se dejen usar por estas basuras, están matando gente'. Y enseguida salta uno de estos tipos y dice: 'Apague esto por favor'. Me acuerdo que se hizo un silencio temeroso", recuerda el exjugador.
Finalmente, evoca la figura del cantante folclórico Horacio Guarany, fallecido en 2017, quien en una charla en un hotel de Barcelona, durante su forzado exilio, le reveló la trama más macabra del Gobierno cuya plana mayor fue procesada y condenada por la Justicia argentina, ya en democracia, por violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad.