La historia comienza en los años 1990 cuando Ucrania, que recién se independizaba de la URSS, afrontó una decisión difícil. El país tuvo que elegir qué camino seguir. Ante Kiev surgieron dos opciones: continuar desarrollando lazos estrechos ya existentes con Rusia u optar por la integración con los países de Europa.
Para finales de la década de 1990, Yúschenko tenía un bagaje político considerable. Durante casi siete años fungió de gobernador del Banco Nacional de Ucrania. A finales de 1999, lo designan primer ministro, pero en abril de 2001 tuvo que abandonar su puesto tras una moción de censura contra su Gobierno.
Después de su dimisión, Yúschenko se convirtió en uno de los principales líderes de la oposición ucraniana. Mientras tanto, la silla de primer ministro la ocupó el representante de las regiones sur y este del país, oriundo de Donetsk —la parte más prorrusa de Ucrania—, Víktor Yanukóvich. Los dos se convirtieron en los principales aspirantes a la presidencia del país en las elecciones de 2004.
La chispa que incendió al país entero
Lo que instigó a la gente a salir a las calles de las ciudades ucranianas fueron los resultados de las presidenciales. En la primera vuelta, que tuvo lugar en octubre de 2004, ganó Yúschenko con el 40% de los votos, mientras su principal oponente, Yanukóvich, obtuvo casi el 39,3%.
Yúschenko se negó a reconocer los resultados del sufragio y llamó a sus partidarios a tomar las calles para protestar contra un supuesto fraude. Esto es lo que hicieron muchos habitantes de las localidades del centro y oeste del país. En la capital, Kiev, fue convocada una concentración multitudinaria en el centro de la ciudad, en la Plaza de la Independencia, mejor conocida como Maidán.
Aquellos eventos pasaron a ser denominados la Revolución Naranja porque ese era el color principal de la campaña presidencial de Yúschenko y los manifestantes se vestían con ropa de este color. Casi simultáneamente empezaron los mítines en apoyo a Yanukóvich. Estos tuvieron lugar, principalmente, en el este y sur de la nación, aunque también hubo algunos en la capital.
Yúschenko se autoproclamó presidente de Ucrania el 23 de noviembre de 2004. Sin embargo, no todos lo reconocieron. Pese a esto, en diciembre las partes llegaron a un acuerdo para celebrar la repetición de la segunda vuelta.
Las elecciones tuvieron lugar el 26 de diciembre de 2004 y esta vez culminaron con la victoria de Yúschenko, quien obtuvo el 51,99%. Víktor Yanukóvich perdió con el 44,2%. La causa de su derrota radicaba en la disminución de la participación en las regiones este y sur del país. Al contrario, en el centro y el oeste del país, la participación creció considerablemente.
Sus partidarios se aseguraron de que fuera posible realizar el cambio de poder en el país a través de procedimientos que contradecían a la Constitución del país. La repetición de la segunda vuelta no se estipula en la legislación ucraniana, por lo cual algunos expertos consideran que el cambio de poder fue ilegal. Para colmo, como resultado de la revolución, la población que vivía en el este y el sur del país, de hecho, se quedó sin representación.
La presidencia de Yúschenko —entre 2005 y 2010— frustró las expectativas de la sociedad ucraniana. Además, el dirigente logró arruinar las relaciones con Rusia al proclamar que el país tomaría el camino hacia la integración con la Unión Europea y el ingreso a la OTAN.
En 2010, la población, descontenta con las políticas de Yúschenko, volvería a elegir Yanukóvich como presidente de Ucrania. Este sería destituido por las protestas conocidas como Euromaidán, que tuvieron lugar en 2013 y 2014.
Presagio de un conflicto civil en Ucrania
"La Revolución Naranja de 2004 solo se parece a la primera etapa del Euromaidán que duró desde noviembre de 2013 hasta principios de enero de 2014 cuando todavía no había violencia. A medida que se desarrollaban los eventos del Euromaidán, la atmósfera se hacía cada vez menos proeuropea y más antirrusa y nacionalista", dijo.
Si bien en los eventos de 2004 hubo cierto grado de nacionalismo, se logró evitar que la revolución se sumergiera en él. En cambio, la participación de los nacionalistas en el Euromaidán crecía día a día. En 2013 y 2014 los eventos tuvieron carácter claramente antirruso. Sus participantes estaban enfrentados a los habitantes del este de Ucrania y a Rusia, añadió.
En 2004, los estadounidenses y los europeos no favorecían ni apoyaban los eventos en Ucrania de manera tan abierta como lo hicieron en 2013. Si bien sí jugaron un papel importante, su involucramiento en la Revolución Naranja no puede ser comparado con el del Euromaidán, indicó.
"La diferencia principal es la violencia. A partir de enero de 2014, los eventos en el Euromaidán se tornaron violentos, se derramó mucha sangre en las calles de las ciudades ucranianas, algo que nunca sucedió en 2004. Además, los eventos de 2004 desembocaron en nuevas elecciones y se evitó un golpe de Estado como pasó en 2014", puso de relieve el entrevistado.
Pogrebinski, por su parte, cree que en 2004 todavía no hubo una posibilidad real de separación del este de Ucrania. La población de aquellas zonas no barajaba ni tomaba en serio la posibilidad de separarse de Kiev. La opinión pública en cuanto a la independencia del resto de Ucrania cambió en el este del país solo después de la masacre de Odesa en mayo de 2014.
En 2004, las discusiones acerca de la creación de una autonomía en el este del país no duraron mucho. Este tema dejó de ser discutido en aquella etapa. Entonces la gente entendía que insistir en la creación de un Estado separado llevaría a una guerra, concluyó.