"Voy a entregar una carta, ahora el presidente está descansando, porque no había descansado", dijo a periodistas en líder religioso, conocido por su premiado trabajo a favor de migrantes y comunidades indígenas.
La carta refiere la disposición del presidente electo de trabajar y dialogar con los dirigentes del EZLN.
"Esto no es un secreto, porque en el Gobierno del nuevo presidente no hay secretos, todo será de manera trasparente y a la luz del día", dijo a periodista el religioso en esas emblemática ciudad colonial, que lleva el nombre del obispo evangelizador Bartolomé de las Casas, defensor de los derechos de los indios en el siglo XVI.
Los líderes de ese movimiento alzado en armas en 1994, que luego de largas negociaciones abandonó la lucha armada, reaparece en forma esporádica y anunció que no se sumarán a la campaña de López Obrador, al pronosticar que su mandato terminará en "desilusión".
México "cambió de capataz", pero "el finquero (hacendado) sigue siendo el mismo", dijo el 6 de julio en un comunicado el antiguo líder rebelde, el "Subcomandante Marcos", que en 2014 cambió su seudónimo por "Galeano".
Exhortación presidencial
El sacerdote estima que las comunidades indígenas zapatistas podrían estar abiertas a un diálogo con el futuro presidente, pero lo impiden "problemas personales con López Obrador de algunos líderes y asesores del movimiento".
"El movimiento zapatista es parte de nuestros logros en nuestra lucha social, pero ya no tiene sentido aislarse con la idea de todo o nada, 30 millones no se equivocan, busquemos juntos la transformación nacional", escribió en sus cuentas de redes sociales Solalinde.
El tono irónico del líder zapatista que se volvió célebre por su pipa y una máscara negra, se trasluce en el texto del EZLN que revira el lema del presidente electo de izquierda nacionalista "por el bien de todos, primero los pobres".
"Por el bien de todos, primero los huesos", ironiza el EZLN, que postuló una precandidata presidencial a la dirigente indígena María de Jesús Patricio, conocida como Marichuy, quien no pudo consumar su candidatura independiente.
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Los zapatistas convocaron a sus simpatizantes y organizaciones afines a apoyar al Concejo Indígena de Gobierno (CIG) para relanzar su movimiento después del triunfo de López Obrador.
El zapatismo nunca apoyó las campañas presidenciales de López Obrador, desde 2006, cuando fue postulado por el Partido de la Revolución Democrática (PRD, centroizquierda).
En México hay entre 15 a 20 millones de indígenas de los más de 120 millones de habitantes, y los zapatistas siempre se han propuesto propone hablar en nombre de ellos, los más pobres de los pobres, casi todos viviendo en pobreza extrema.