"Hubo un choque entre la cultura del karaí (hombre blanco) y los ka"apor; tuvimos que repensar de dónde venía todo lo malo que hay en nuestras aldeas (…) Había suicidios, asesinatos, alcoholismo (…) La (gubernamental) Funai (Fundación Nacional del Indio) no hacía nada por nosotros, incluso facilitaban la entrada de madereros a nuestra tierra", explicó en una entrevista con Sputnik uno de los siete miembros del Consejo de Gestión que los ka"apor crearon en 2013, Itahú Ka'apor.
Los colonos brasileños que hacia 1900 intentaron "pacificar" a los ka'apor los consideraron uno de los pueblos nativos más hostiles del país; tras años de guerra abierta y muchas muertes, consiguieron "dominarlos" en 1928, pero su fama de guerreros pervive hasta ahora.

"Nosotros hacíamos el papel de la policía, la Funai pensaba que el indio no puede defenderse, que tiene que quedarse quieto esperando que alguien lo proteja, pero si nos quedamos de brazos cruzados nadie se mueve por nosotros", argumenta Itahú, uno de los líderes de los 1.700 indígenas ka'apor.
"Una vez quemamos 45 camiones, uno detrás de otro; acampamos en la selva y por la mañana les prendimos fuego, fuimos entre 100 y 150 hombres, mientras las mujeres se quedaron cuidando de las aldeas", explica Itahú, que confiesa que algunos de los hombres que talaban sus árboles acabaron desnudos, amarrados a los troncos y apaleados.
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La táctica alarmó a las autoridades por su virulencia y tuvo consecuencias: en 2015 uno de sus líderes, Euzebio, murió de un tiro en la espalda cuando volvía a casa por la noche; en las aldeas están seguros de que fue un ajuste de cuenta de los madereros, pero la Policía Civil cerró el caso rápidamente alegando que lo mataron para robarle una moto.

La Funai, por su parte, comentó a Sputnik que no tiene constancia de "acciones de facilitación de la deforestación" por parte de sus técnicos, tal como denuncian los ka’apor, y resaltó que su cometido es garantizar que los indígenas tengan la posesión "plena y exclusiva" de sus recursos naturales.

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Después de expulsar a los madereros decidieron crear nuevos caminos para vigilar por dónde entraban los camiones y fundaron nuevas aldeas en las zonas más vulnerables para que estuvieran siempre vigiladas, mientras en paralelo comenzaban los trabajos de reforestación.

Entre ellos hay algunos ejemplares secos, testimonio de los incendios que los madereros promovían para reconvertir la selva en tierra de pastura y aprovechar la mejor madera.
"Para nosotros la selva es un ser vivo, es como si le hicieran algo a un hermano, a una madre, eso es lo que sentimos con la deforestación, estamos protegiendo la salud de nuestra gente", remarca este líder indígena.

Sin embargo, la regeneración se percibe a simple vista y también desde el espacio: las imágenes satelitales muestran el Alto Turiaçu como una enorme mancha verde rodeada de pastos para la ganadería.