Los terroristas de Al Qaeda, al apoderarse de varios aviones de pasajeros, embistieron el 11 de septiembre de 2001 las sedes del Centro de Comercio Mundial de Nueva York y del Pentágono, ocasionando 3.000 muertos.
"El 11 de septiembre abría la posibilidad de seguir un nuevo camino, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, planeaba establecer nuevas relaciones con la OTAN y con Occidente en su conjunto", dijo Ivanov a RIA Novosti.
Además, Putin fue el primer huésped extranjero a quien Bush recibió en su rancho de Texas.
"Al contemplar esta atmósfera, yo pensaba que la Guerra Fría se relegaba al pasado y que las divergencias entre nuestros países podría solucionarse en un clima de mayor confianza, comprensión mutua y consideración de los intereses de la otra parte", recordó.
"La guerra estadounidense en Irak fue un punto y aparte a los esfuerzos por mejorar las relaciones ruso-estadounidenses y lograr la distensión: se desintegró la coalición antiterrorista, se agravaron las relaciones internacionales y quedó dañado el prestigio de la ONU", subrayó.
Después de estos pasos de Washington se redujeron los contactos entre los servicios secretos de ambos países.
"A mi juicio se perdió una oportunidad única desde la II Guerra Mundial, la de sentar las bases de un nuevo orden mundial con una seguridad global indivisible", dijo Ivanov al concluir.
La invasión de Irak
Rusia advirtió a EEUU de las negativas consecuencias de la operación estadounidense en el país árabe.
"Todo lo que pasó después de la guerra de Irak, sobre todo el aumento de las tendencias extremistas, la ola de terror, la propagación del terrorismo por toda la región de Oriente Medio, la transformación de todo el país en un cobijo para los terroristas (…) era previsible, lo advertimos (…) a los representantes estadounidenses", dijo Ivanov.
Ivanov opinó que no se pueden comparar las operaciones estadounidenses en Afganistán e Irak aunque sus consecuencias son igualmente de graves para la seguridad internacional.
Añadió que en Irak la situación fue diferente, ya que "gracias a los esfuerzos de la comunidad internacional se logró eliminar los almacenes de armas de destrucción masiva así como crear un sistema único de control para evitar que se volvieran a fabricar".
"El Consejo de Seguridad de la ONU disponía de toda esa información por lo tanto, cuando EEUU solicitó una resolución que le diera un motivo formal para comenzar la operación militar la mayoría de los países, por supuesto, no apoyaron esta petición", explicó.
A pesar de no tener pruebas contundentes, el 20 de marzo de 2003 EEUU y sus aliados empezaron un intervención militar.
La invasión acabó con el dictador Sadam Husein, pero marcó el inicio de una guerra en la región que continúa.
EEUU y sus aliados oficialmente retiraron sus tropas en 2011.
Cerca de 200.000 militares y civiles fallecieron en esa guerra.
El Tratado sobre Misiles Antibalísticos
"Pese a la postura rusa flexible, Washington anunció en diciembre de 2001 que abandonaba unilateralmente el tratado y empezaba a crear su propio sistema de defensa antimisiles, las consecuencias son bien conocidas, hoy en día, 15 años después ningún Estado puede sentirse seguro", señaló.
El diplomático aseguró que "los atentados no fueron la causa de esta decisión".
"La firme postura que ocupó Rusia sobre el 11-S, contribuyó a mejorar notablemente las relaciones ruso-estadounideses", señaló.
Ivanov reconoció, sin embargo, que "en cuestiones de principio, donde nuestros países divergían, la situación cambió poco".
"Ante todo, en lo que se refiere a la postura sobre el Tratado sobre Misiles Antibalísticos", señaló.
"Esa decisión no fue modificada por los atentados del 11-S ni por el siguiente mejoramiento de las relaciones entre Rusia y EEUU", dijo.
EEUU y la URSS firmaron el Tratado AMB en mayo de 1972 para limitar el número de sistema de misiles antibalístos.
El documento tenía un plazo de vigencia ilimitado, pero podía ser rescindido por alguna de las partes en cualquier momento.
El 11 de septiembre de 2001 terroristas que lograron hacerse con el control de varios aviones y los lanzaron contra las Torres Gemelas de Nueva York y el edificio del Pentágono. El cuarto aparato se estrelló en el Estado de Pensilvania. Los atentados se saldaron con alrededor de 3.000 muertos.
Poco después, Washington anunció que se retiraba del Tratado, que quedó sin efecto un año después, y abogó por desplegar en Europa un escudo con misiles interceptores en Polonia y radares en República Checa.