"Quiero ser oficial del Ejército, así podré matar a los terroristas que echaron a perder la vida de mi familia y de todos en el país, y podré recibir un salario para que mi madre y mis hermanas no pasen hambre", dijo al corresponsal de Sputnik el joven Mohamed, un chico de 15 años que tiene que salir a la calle cada día a buscar trabajo.
Su hermano mayor es oficial y participó en la defensa de la ciudad de los terroristas, ayudando al mismo tiempo con su sueldo a su familia a sobrevivir.
Mohamed vive con sus hermanos y su madre en un apartamento de tres habitaciones, desbaratado por los bombardeos, sin ningún mueble, pues todo lo que podía utilizarse para hacer fuego fue quemado para poder cocinar.
"Hubo momentos en los que en la ciudad no había pan durante tres o cuatro días, entonces tomábamos agua del río Éufrates y recogíamos hojas de uvas, y cuando se terminaban, nos alimentábamos con la hierba que crecía junto al río", cuenta el chico.
Al ser interrogado sobre su padre, a quien Mohamed nunca menciona, el joven asegura que su progenitor está reuniendo dinero para irse a un lugar lejano y casarse con otra mujer.
"Él golpeaba a mi madre, nos golpeaba, y luego decidió comenzar una nueva vida, ya que nosotros somos muchos y resulta difícil alimentarnos a todos", advierte, agregando que eso va en contra de las reglas del islam.
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En Deir Ezzor hay cientos o miles de jóvenes como Mustafa, harapientos, hambrientos, lacerados por la guerra, pero con una esperanza muy fuerte de que en el futuro ellos y sus familias podrán vivir en paz, al igual que sus coetáneos en miles de ciudades del mundo.



