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El Festival de la Salsa en Cuba marca un punto medular pese al recrudecimiento de sanciones por EEUU

El Festival de la Salsa se realizó en La Habana, Cuba, con un programa dedicado al décimo aniversario del evento y a los 70 años de la orquesta Elito Revé y su Charangón, y las presentaciones de grupos emblemáticos de la mayor de las Antillas como Los Van Van, Alexander Abreu y Havana D'Primera, y Adalberto Álvarez y su Son.
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Pese a la compleja situación del país tras el recrudecimiento de las sanciones estadounidenses sobre la isla y la permanencia de una grave crisis económica y energética, este espacio de confluencia musical se mantuvo en cartelera del 26 de febrero al 1 de marzo, aun cuando otros como Universidad 2026, la Feria Internacional del Libro y el Festival del Habano debieron posponerse.
Incluso, según declaró a Sputnik su fundador Maykel Blanco, "este año llegó nuevamente cargado de energía, de mucha música cubana y, además, fue muy necesario en el contexto actual para darle alegría a ese público que tanto disfruta (…). El cubano siempre trata de buscar lo positivo en lo negativo y ahí estaba durante los tres días del festival coreando y cantando todas las canciones".
De acuerdo con el artista y empresario, quien dirige además la orquesta Maykel Blanco y su Salsa Mayor, los asistentes llegaron a pie o en sus vehículos particulares —el transporte urbano es casi inexistente en la actualidad— y, a su juicio, "el festival se ha convertido en un punto de encuentro de bailadores de muchísimos lugares del mundo y de personas que trabajan en esta industria".
"Teníamos un compromiso moral con el público y preparamos bien un expediente para explicar por qué debía mantenerse, pese a la situación del país y a la cancelación de otros eventos de importancia. Se pudo justificar, se hizo y ahí están los resultados. El evento es prácticamente autofinanciado con los ingresos propios y el apoyo de sponsors y colaboradores", refirió.
No obstante, debieron abandonar la sede habitual en el Club 500, con una capacidad para alrededor de 15.000 personas, y trasladarse a un escenario capitalino más reducido, aunque "nos quedamos un poquito cortos, permaneció siempre gente afuera porque no cabía, pero se logró el objetivo y hubo mucha energía positiva sobre todo".

Un evento a la altura

Además, el compositor, arreglista y pianista señaló que uno de los propósitos principales desde el comienzo (2016) era la confluencia de grandes músicos y orquestas, creando "un escenario a la altura de los eventos que acontecen a nivel internacional, respecto a producción, calidad de sonido y de luces, y parafernalia" y también el intercambio entre los bailadores nacionales y foráneos.

"Miramos el festival como el colofón de un tiempo de trabajo, por tanto, suben a escena grupos y artistas con determinada trayectoria, resultados y consagración, o los que tuvieron un período previo de mucho éxito. Deberían existir otros espacios para promocionar nuevos talentos, hay muchas cosas que se pueden hacer, pero ese no es el concepto del Festival de la Salsa", apuntó.

En este sentido, consideró que ello obliga a los artistas a prepararse, crear, no repetirse y, de una manera sana, ser competitivos. "Es un prestigio para el festival contar con orquestas como Los Van Van; hay otros que no pudieron estar por el tiempo o la economía. Cuba es un país muy musical, con artistas de calidad, y algunos grupos siempre están presentes porque el público lo exige".
Para Blanco, esta cita cultural es también un medidor de la popularidad, a partir de la cercanía entre las agrupaciones y los asistentes.
"Nos preparamos, cuidamos el vestuario, la proyección escénica y el repertorio a interpretar. Por eso, este evento se ha convertido en un punto de referencia para quienes aman estos ritmos en el mundo", resaltó.
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En su opinión, el cubano tiene en su ADN este tipo de sonoridades, puede convivir con cientos de estilos, pero "llevamos esta melodía dentro, está en nuestro argot, idiosincrasia y expresión cultural y la manifestamos mediante el son, el danzón, la guaracha y la timba, esta última defendida por nosotros, la nueva generación de artistas, sobre la base de los géneros tradicionales".
"En todas las épocas existieron sonoridades que han servido como influencia de otras; al final eso enriquece. Todos los géneros tienen un valor. Ahora estamos en una era digital donde, por ejemplo, la música urbana se nutre de estos sonidos. Es algo que nosotros podemos valorar en el futuro para darle actualidad a nuestras creaciones, sin perder la esencia", afirmó.
Declaró, asimismo, que la música une a los países. "Con mi orquesta viajo mucho; he estado en más de 90 naciones, y existe cantidad de personas que aman la cultura cubana. Eso es algo que nosotros debemos honrar, tenemos una gran fuerza y sabemos distinguir muy bien qué forma parte de nuestra identidad".
"Este año tuvimos a representantes de más de 12 países; cada uno venía con su bandera: uno de Perú, otro de Argentina, México, Europa, y cuando tú decías 'mano para arriba', veías todas esas banderas juntas. Ahí está la respuesta: existe un público que ama lo que hacemos cultural y musicalmente", agregó.
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Internacionalización del festival

En años anteriores, han acudido artistas como los puertorriqueños Jerry Rivera y Víctor Manuelle, y los percusionistas estadounidenses Marc Quiñones y Bobby Allende. No obstante, en esta edición "no se pudo por la situación financiera, decidimos reducir gastos y ese fue uno de ellos, el que más nos dolió porque es bien lindo y reconfortante traer a músicos amigos".
No obstante, en próximos encuentros, prevén retomar la invitación a virtuosos internacionales, "el festival se conoce en numerosos lugares del mundo, grandes artistas quieren participar en él y es esperado en los últimos días de febrero. Es un evento que cuida la calidad y respeta a su público, hemos crecido paulatinamente y ya tenemos más experiencia en la organización".
En su consideración, esta fiesta de la salsa ha contribuido a la internacionalización de ese estilo, así "en países como Colombia, Perú y naciones europeas, espectadores muy jovencitos, prácticamente niños, disfrutan y estudian esta música que defendemos".
Además de los acostumbrados conciertos, el Festival de la Salsa incluyó clases magistrales con el reconocido coreógrafo Maykel Fonts, workshop de rumba, ruedas de casino y bailes populares y tradicionales, competencias, presentación de DJ's y de academias de baile.
"Pienso que esas actividades colaterales son un gran aporte y experiencia para todos los amantes de la cultura cubana. Son valores que se suman para que, además de la noche del concierto, los asistentes tengan un aporte de conocimiento y entretenimiento diferente. Hace el evento más variado y diferente a otros similares en el mundo", puntualizó.
Sobre los desafíos respecto a la perdurabilidad de este encuentro, apuntó: "Hoy estamos muy vulnerables. No sabemos cuál será nuestra situación mañana, entonces hay que estar preparados para cualquier contingencia, pero sí tengo muy claro que, con obstáculos o sin ellos, no podemos parar".
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