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La defensa sudamericana se ha convertido en rehén de los cambios de gobierno, afirman expertos

Pensado por países sudamericanos durante la "Marea Rosa" para reducir la influencia externa y articular respuestas conjuntas, el Consejo de Defensa Sudamericano refleja hoy la fragmentación ideológica y la ausencia de una agenda regional común.
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Pocas personas lo saben, pero Sudamérica tiene un organismo para la defensa: el Consejo de Defensa Sudamericano (CDS), creado en el marco de la Unasur (Unión Sudamericana de Naciones). Fue pensado para coordinar políticas de defensa, promover la cooperación militar y fortalecer la seguridad regional. Si bien no es una alianza militar al estilo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el CDS exige la coordinación militar de la región.
En su estatuto, desarrollado en 2008, prevé que las decisiones del CDS sean aprobadas por consenso y que los ministros de Defensa de los países miembros se reúnan anualmente. Las naciones son Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela.
Su objetivo era ampliar la integración estratégica de Sudamérica, creando mecanismos de coordinación política y de cooperación en defensa capaces de responder a amenazas externas y administrar crisis regionales con mayor autonomía. Sin embargo, el órgano está inactivo desde hace años, lo que limita la capacidad de los países sudamericanos de articular posiciones comunes y reducir asimetrías de seguridad en el continente.
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La parálisis ocurre justamente en el momento de mayor presión geopolítica, en el que Estados Unidos refuerza su presencia en la región mediante una nueva agenda de seguridad, mientras la carrera armamentista global se intensifica y reconfigura las prioridades militares y diplomáticas en diversas partes del mundo.
Más allá del hecho de que el CDS está inactivo, la propia reacción de América Latina durante la invasión estadounidense de Venezuela, con países condenando el ataque —Brasil, Colombia y Uruguay— y otros apoyando las acciones de la Casa Blanca, como Argentina, Ecuador y Paraguay, muestra que la región está dividida por el punto de vista ideológico.
Como explica Charles Pennaforte, coordinador del Laboratorio de Geopolítica, Relaciones Internacionales y Movimientos Antisistémicos (LabGRIMA), de la Universidad Federal de Pelotas (UFPel), el CDS fue creado en el contexto de la "Marea Rosa", a inicios del siglo XXI, cuando los gobiernos de izquierda y centroizquierda predominaban en los países de Sudamérica.
"Tenías a Rafael Correa en Ecuador, tenías a Lula, Hugo Chávez o Evo Morales. Entonces, todo eso, la verdad, fue un proyecto, vamos a decirlo así, progresista o a la izquierda", explica Pennaforte.
Según él, el movimiento se hizo para alejarse de la esfera de influencia de Estados Unidos, históricamente ejercida a través de la Organización de los Estados Americanos (OEA), y tenía como objetivo agrupar exclusivamente a los países sudamericanos alrededor de una agenda propia de defensa y cooperación.
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No obstante, como señala, ese escenario fue desmantelado a raíz del ascenso de gobiernos de derecha y alineados a los intereses estadounidenses en los años siguientes. "Vale la pena recordar que el propio Bolsonaro trató de alinear a Brasil a los intereses de Washington. Eso dificulta tremendamente esta dimensión", observó.
Para el experto, ese movimiento evidencia cómo Sudamérica termina como "rehén" de los cambios de gobierno, sin una agenda de interés nacional estable y continua.

"Brasil ni siquiera tiene una agenda que procure defender los intereses del país. Esas agendas están más relacionadas con los partidos políticos", destaca.

En ese escenario, Pennaforte evalúa que el Consejo de Defensa Sudamericano "sufre de esa problemática", ya que su relevancia depende más del espectro ideológico del gobierno de turno que de una estrategia geopolítica permanente.

"Una agenda geoestratégica de país no debe quedar nunca vinculada a los intereses partidarios o ideológicos. Siempre debe tener, como guía, los intereses del país", remarcó.

Hoy en día, el tablero geopolítico es mucho más hostil a las iniciativas de unión sudamericana, apunta Ricardo Leaes, profesor de relaciones internacionales de la Escuela Superior de Propaganda y Marketing (ESPM) e investigador del Departamento de Economía y Estadísticas de la Secretaría de Planeamiento, Gobernanza y Gestión del Estado de Río Grande del Sur (DEE/SPGG).
Así lo evidencia la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, documento oficial de Washington para su política exterior, que busca priorizar su hegemonía en el hemisferio occidental y fomentar su influencia en América Latina.

"Ellos expresan en ese documento que pretenden trabajar con 'gobiernos amigables', lo que es una referencia indirecta a aquellos países que buscan modelos más alternativos", explica Leaes.

Aunque cree que la reactivación del CDS sería benéfica para los países miembros, el investigador estima que, por ahora, no habrá éxito debido a las presiones del gobierno estadounidense.
"Sabemos que a lo largo de la historia, Estados Unidos ejerció su hegemonía en nuestra región y consiguió cooptar a muchas de las élites locales, sean económicas, financieras, militares o políticas, para que los países de nuestra región realmente no sean autónomos, para que subordinen a Estados Unidos", señala.
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En la visión de Leaes, se necesita esperar algunos años para que todos los países lleguen a la conclusión de que un alineamiento estratégico y militar con la Casa Blanca no se alinea con los objetivos de esas naciones, para que pueda surgir una "nueva ola" de líderes sudamericanos interesados en la integración regional y conscientes de la influencia estadounidense en sus países.

"En este momento, me parece imposible alinear intereses tan distintos de los países en la región, porque efectivamente hay una diversidad ideológica, hay gobernantes que se quieren alinear plenamente con Estados Unidos. Y si eso pasa, no existe ninguna.

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