Los diálogos para la transición en Venezuela deben partir de "la defensa de la soberanía", dice un analista
Los diálogos para la transición en Venezuela deben partir de "la defensa de la soberanía", dice un analista
Sputnik Mundo
El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, confirmó que a principios de agosto comenzarán las conversaciones oficiales para la transición en Venezuela, un... 22.07.2026, Sputnik Mundo
El anuncio de Rubio, realizado durante una conferencia de prensa desde la base aérea Andrews antes de viajar a Filipinas, formaliza un proceso que comenzó el 3 de enero, cuando Washington lanzó una operación militar en Caracas para secuestrar a Nicolás Maduro, lo que derivó en la asunción de Delcy Rodríguez como presidenta encargada de la nación suramericana.Rubio reveló que el grupo que representa a la Asamblea Nacional de 2015 —reconocida por EEUU como la última "Administración legítima" de Venezuela— ya se reunió con el Gobierno interino y acordó el formato de las negociaciones. "Las primeras conversaciones oficiales comenzarán la primera semana de agosto", afirmó Rubio, quien advirtió que Washington "estará muy involucrado" en el proceso. Los analistas Bruno Gallo y Walter Ortiz, en entrevista con Sputnik, coinciden en una lectura crítica: el diálogo no puede reducirse a un acuerdo entre dos bloques ni administrarse desde fuera, y la defensa de la soberanía debe ser la línea roja que la nación no debe cruzar.Diálogo sí, pero con soberaníaEl analista y diputado suplente del partido Avanzada Progresista, Bruno Gallo, criticó que el proceso sea administrado por una potencia extranjera. Así, subrayó que cualquier salida a la crisis venezolana debe ser "definitivamente negociada" y que "dar la bienvenida a cualquier forma de negociación que implique avanzar hacia la construcción de una sociedad más abierta" es un paso necesario. No obstante, advierte que el diálogo no puede reducirse a un acuerdo entre dos bloques —el Gobierno y la oposición vinculada al interinato—, porque "la política venezolana es la suma de todas las heterogeneidades que puedan caber en un escenario político".El analista insiste en que el verdadero desafío no es sentar a unos pocos actores, sino discutir ideas que permitan construir una nueva institucionalidad: abordar la reelección indefinida, eliminar la figura del referéndum revocatorio, reformar el Consejo Nacional Electoral para que sea heterogéneo y confiable, así como modificar la ley en la materia para hacerla más proporcional. Para Gallo, estos cambios requieren incluso modificaciones constitucionales, por lo que advierte que "los que están muy apurados por hacer elecciones" corren el riesgo de caer en contradicciones, pues "quienes han criticado durante 26 años la reelección indefinida, ahora quieren ser beneficiarios".El experto sostiene que "Estados Unidos no vino a Venezuela a reconstruir la democracia, vino por los recursos naturales que requiere su economía". En ese sentido, advierte que el control del país norteamericano sobre las decisiones nacionales "no es sostenible a largo plazo" y que todos los sectores deben compactarse en torno a "la defensa de la soberanía". Entre la diplomacia y el plan de WashingtonPor su parte, el analista Walter Ortiz aporta una mirada que combina realismo geopolítico con la defensa de la estrategia propia del Estado. Recuerda que Estados Unidos se ha planteado un plan de tres fases para la nación sudamericana, pero subraya que "quien se ha adherido completamente al manifiesto de Panamá" —en referencia a la Revolución bolivariana— está desarrollando una doble vía.Ortiz enfatiza que el país tiene "su propia estrategia y sus propias tácticas" y que no es conveniente "encajonar" en fases impuestas desde fuera. En sus palabras, el Gobierno, a través de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, ha dejado claro que el proceso incluye una "gama de temas donde lo electoral o lo institucional es apenas [una parte] de una gama muy compleja de asuntos". Ortiz también pone el foco en las medidas coercitivas unilaterales: "El cese definitivo de esas medidas se convierte en parte de la agenda prioritaria para la nación venezolana", un punto que, a su juicio, debe formar parte ineludible de cualquier conversación seria.Aunque Gallo y Ortiz parten de perspectivas políticas distintas —el primero desde la crítica al Gobierno y la oposición tradicional, el segundo desde una defensa más explícita de la estrategia del Estado—, ambos coinciden en puntos clave. El primero es la necesidad de un diálogo amplio que no se reduzca a los mismos actores de siempre."Una negociación sin excluir a estos sectores de la Asamblea 2015 y de la Asamblea actual es importantísimo, pero hay que abrir el marco de los protagonistas", señaló Gallo. Ortiz, por su parte, señala que "la oposición política venezolana, en honor a la verdad, ha sido poco o nada lo que hemos visto con respecto a sus aportes reales", lo que evidencia un escepticismo compartido sobre la capacidad de este sector para representar la diversidad del país.El segundo punto de coincidencia es la desconfianza hacia el papel de Washington. Gallo es tajante al afirmar que el interés es el petróleo. Ortiz, aunque más matizado, también reconoce que Washington tiene un plan propio y que la nación debe negociar desde su soberanía, no desde la subordinación.En todo caso, ambos analistas consideran que el 1 de agosto marcará el inicio de una nueva etapa, pero nadie sabe aún si será el comienzo de una verdadera transición o simplemente un nuevo capítulo de larga disputa política nacional. Gallo apuesta por una reinstitucionalización profunda que vaya más allá de lo electoral, mientras Ortiz confía en que la diplomacia bolivariana de paz pueda equilibrar la asimetría de poder con Washington.
El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, confirmó que a principios de agosto comenzarán las conversaciones oficiales para la transición en Venezuela, un proceso que Washington ha acelerado con el desembolso de 180 millones de dólares en ayudas humanitarias y que pone a prueba la capacidad de los actores políticos para procurar la soberanía.
El anuncio de Rubio, realizado durante una conferencia de prensa desde la base aérea Andrews antes de viajar a Filipinas, formaliza un proceso que comenzó el 3 de enero, cuando Washington lanzó una operación militar en Caracas para secuestrar a Nicolás Maduro, lo que derivó en la asunción de Delcy Rodríguez como presidenta encargada de la nación suramericana.
Rubio reveló que el grupo que representa a la Asamblea Nacional de 2015 —reconocida por EEUU como la última "Administración legítima" de Venezuela— ya se reunió con el Gobierno interino y acordó el formato de las negociaciones.
"Las primeras conversaciones oficiales comenzarán la primera semana de agosto", afirmó Rubio, quien advirtió que Washington "estará muy involucrado" en el proceso. Los analistas Bruno Gallo y Walter Ortiz, en entrevista con Sputnik, coinciden en una lectura crítica: el diálogo no puede reducirse a un acuerdo entre dos bloques ni administrarse desde fuera, y la defensa de la soberanía debe ser la línea roja que la nación no debe cruzar.
Diálogo sí, pero con soberanía
El analista y diputado suplente del partido Avanzada Progresista, Bruno Gallo, criticó que el proceso sea administrado por una potencia extranjera. Así, subrayó que cualquier salida a la crisis venezolana debe ser "definitivamente negociada" y que "dar la bienvenida a cualquier forma de negociación que implique avanzar hacia la construcción de una sociedad más abierta" es un paso necesario.
No obstante, advierte que el diálogo no puede reducirse a un acuerdo entre dos bloques —el Gobierno y la oposición vinculada al interinato—, porque "la política venezolana es la suma de todas las heterogeneidades que puedan caber en un escenario político".
El analista insiste en que el verdadero desafío no es sentar a unos pocos actores, sino discutir ideas que permitan construir una nueva institucionalidad: abordar la reelección indefinida, eliminar la figura del referéndum revocatorio, reformar el Consejo Nacional Electoral para que sea heterogéneo y confiable, así como modificar la ley en la materia para hacerla más proporcional.
Para Gallo, estos cambios requieren incluso modificaciones constitucionales, por lo que advierte que "los que están muy apurados por hacer elecciones" corren el riesgo de caer en contradicciones, pues "quienes han criticado durante 26 años la reelección indefinida, ahora quieren ser beneficiarios".
El experto sostiene que "Estados Unidos no vino a Venezuela a reconstruir la democracia, vino por los recursos naturales que requiere su economía". En ese sentido, advierte que el control del país norteamericano sobre las decisiones nacionales "no es sostenible a largo plazo" y que todos los sectores deben compactarse en torno a "la defensa de la soberanía".
Entre la diplomacia y el plan de Washington
Por su parte, el analista Walter Ortiz aporta una mirada que combina realismo geopolítico con la defensa de la estrategia propia del Estado. Recuerda que Estados Unidos se ha planteado un plan de tres fases para la nación sudamericana, pero subraya que "quien se ha adherido completamente al manifiesto de Panamá" —en referencia a la Revolución bolivariana— está desarrollando una doble vía.
"Resolver la contradicción histórica con los EEUU a través de la diplomacia bolivariana de paz" y, al mismo tiempo, "abrir el campo de la reinserción de Venezuela en el escenario internacional", dijo.
Ortiz enfatiza que el país tiene "su propia estrategia y sus propias tácticas" y que no es conveniente "encajonar" en fases impuestas desde fuera. En sus palabras, el Gobierno, a través de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, ha dejado claro que el proceso incluye una "gama de temas donde lo electoral o lo institucional es apenas [una parte] de una gama muy compleja de asuntos".
Ortiz también pone el foco en las medidas coercitivas unilaterales: "El cese definitivo de esas medidas se convierte en parte de la agenda prioritaria para la nación venezolana", un punto que, a su juicio, debe formar parte ineludible de cualquier conversación seria.
Aunque Gallo y Ortiz parten de perspectivas políticas distintas —el primero desde la crítica al Gobierno y la oposición tradicional, el segundo desde una defensa más explícita de la estrategia del Estado—, ambos coinciden en puntos clave. El primero es la necesidad de un diálogo amplio que no se reduzca a los mismos actores de siempre.
"Una negociación sin excluir a estos sectores de la Asamblea 2015 y de la Asamblea actual es importantísimo, pero hay que abrir el marco de los protagonistas", señaló Gallo.
Ortiz, por su parte, señala que "la oposición política venezolana, en honor a la verdad, ha sido poco o nada lo que hemos visto con respecto a sus aportes reales", lo que evidencia un escepticismo compartido sobre la capacidad de este sector para representar la diversidad del país.
El segundo punto de coincidencia es la desconfianza hacia el papel de Washington. Gallo es tajante al afirmar que el interés es el petróleo. Ortiz, aunque más matizado, también reconoce que Washington tiene un plan propio y que la nación debe negociar desde su soberanía, no desde la subordinación.
En todo caso, ambos analistas consideran que el 1 de agosto marcará el inicio de una nueva etapa, pero nadie sabe aún si será el comienzo de una verdadera transición o simplemente un nuevo capítulo de larga disputa política nacional. Gallo apuesta por una reinstitucionalización profunda que vaya más allá de lo electoral, mientras Ortiz confía en que la diplomacia bolivariana de paz pueda equilibrar la asimetría de poder con Washington.
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