Gobierno de Delcy Rodríguez debe atajar las amenazas "de destrucción y de parálisis" contra Venezuela, dice experto
Gobierno de Delcy Rodríguez debe atajar las amenazas "de destrucción y de parálisis" contra Venezuela, dice experto
Sputnik Mundo
A una semana de los bombardeos estadounidenses en contra de Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, el país respira... 11.01.2026, Sputnik Mundo
2026-01-11T01:20+0000
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Mientras el Gobierno encabezado por Delcy Rodríguez anuncia el reinicio de las clases y la reactivación comercial, la nueva Asamblea Nacional perfila una ambiciosa arquitectura jurídica con ocho nuevos códigos. En tanto, las fuerzas políticas bolivarianas buscan preservar la gobernabilidad, la paz interna y la soberanía, en medio de lo que analistas describen como un escenario de "altísima complejidad" y coerción extrema.Diego Sequera, analista político y fundador del laboratorio de ideas venezolano Misión Verdad, señaló en diálogo con Sputnik que la aparente contradicción entre la férrea defensa de la soberanía y los gestos como la liberación de presos –que Washington atribuyó a una orden suya– no es sino la manifestación de una resistencia adaptativa en un escenario de fuerza abrumadora."Es un momento de altísima complejidad, pero también (…) parte de un plan. Este escenario existía, ya estaba previsto su posibilidad y se está implementando", señala Sequera. Así, el analista enfatiza que quien lo ejecuta es la misma figura que estabilizó la economía y reimpulsó la industria petrolera.Las razones de fondoPara el analista, las razones de fondo de la operación estadounidense en territorio venezolano son profundas. Destaca, por ejemplo, la recuperación económica y petrolera venezolana. "Se demostró que se puede superar el régimen de sanciones", afirma, subrayando que esta capacidad de crear circuitos comerciales alternativos constituía una "de las manifestaciones más claras" que impulsaron la acción estadounidense.El control de las mayores reservas petroleras del mundo, añade, no solo busca recursos, sino reforzar un dólar debilitado y frenar los intentos venezolanos de desdolarización."Por la razón que sea, también en su propia planificación encontraron el momento en el país para actuar", comenta Sequera, sugiriendo un cálculo que incluía el período festivo venezolano.¿Una "acción de seguridad"?La reciente admisión del Departamento de Justicia de EEUU de que no existía el Cartel de los Soles –construcción mediática y jurídica usada por años para criminalizar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB)– es para Sequera un episodio revelador.Al respecto, el analista señala que dicha narrativa, cuyos orígenes rastrea en actividades de la CIA en la década de los noventa, se renovaba con "puros fines procedimentales". "No hay suficiente sostenimiento del argumento, el tema de la droga quedó básicamente de lado", asegura.Lo importante, sostiene Sequera, era presentar la agresión como una "acción de seguridad" o "policial", más que como una guerra entre Estados. "Ya el procedimiento se efectuó, ya el daño se hizo, ya poco importa", sentencia.Si bien el experto señala que el petróleo es "la razón más evidente" detrás de la operación emprendida por Washington, "reducirla únicamente a eso, obviamente borra del panorama otros elementos".En ese sentido, lista como intereses el oro, el gas, los minerales raros y estratégicos, esenciales para la demanda de la industria tecnológica y de inteligencia artificial. También apunta a una razón geopolítica punitiva: "Castigar a la población venezolana por haberse atrevido, en primer lugar, a elegir otro camino y, en segundo lugar, por mantenerlo".Un "aliado" forzadoAl recorrer el país tras el ataque, Sequera encontró que un "denominador común es la calma". Sin embargo, ahonda que se trata de una tranquilidad que carga "indignación, el dolor, la afrenta, la conmoción".Relató que se observaron manifestaciones de rechazo a la agresión extranjera, incluso provenientes de un sector que no es afín al oficialismo. En ese sentido, considera que es "absolutamente falso" el ánimo celebratorio en el grueso poblacional y adjudica dicho ánimo a un "sector acomodado de la diáspora".Políticamente, destaca cómo el Estado sigue funcionando: el Tribunal Superior de Justicia interpretando la Constitución para el encargo presidencial y la Asamblea Nacional instalándose normalmente. "El colapso, un colapso ansiado por varios, sencillamente no ha ocurrido y pareciera que no fuese a ocurrir", subraya.Esta resiliencia es el telón de fondo de la enigmática declaración del presidente estadounidense Donald Trump, quien tras reunirse con ejecutivos del sector energético afirmó que el Gobierno venezolano es "un aliado"."Más allá de la valoración... hay un ejemplo muy sencillo y demoledor", dice, refiriéndose a la liberación de presos. "Cómo en un post el propio presidente [Trump] dice que a partir de ese gesto canceló un segundo ataque, que pudiera ser aún más devastador que el primero. Yo creo que aquí, ya con eso, tenemos una medida de las dimensiones de lo que se está jugando".Para el analista, esto revela que el "plan" estadounidense, anunciado por Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense en fases de estabilización, recuperación y transición, es en realidad "absolutamente cortoplacista y maximalista".Navegación en aguas turbulentasEn este escenario, las acciones de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, son para Sequera, una navegación forzosa en "aguas turbulentas". Su objetivo central es mitigar "las mayores amenazas de destrucción y de parálisis", mientras se preserva el núcleo de la soberanía.A propósito de las declaraciones hechas por Trump, argumentando que "Venezuela es ahora un aliado" y que en Caracas se hace lo que Washington dicta, el experto desestima las teorías sobre una "entrega" o "componenda"."Si el país de verdad estuviera entregado bajo control de los Estados Unidos (…) no hace falta ni una armada concentrada en el país, ni de amenazas constantes", señaló.La conclusión de la analista es clara: Venezuela atraviesa una resistencia de nuevo tipo, donde la preservación de la vida y la dignidad son la brújula en un escenario de coerción militar y económica sin precedentes. La calma actual la atribuye a un logro sostenido por un Gobierno que debe zigzaguear entre la presión extrema y la lealtad a su base política, mientras el plan estadounidense, más que un diseño acabado, parece una improvisación maximalista, que choca contra la realidad venezolana.
A una semana de los bombardeos estadounidenses en contra de Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, el país respira una calma tensa, una aparente normalidad que es, en sí misma, el primer campo de batalla.
Mientras el Gobierno encabezado por Delcy Rodríguez anuncia el reinicio de las clases y la reactivación comercial, la nueva Asamblea Nacional perfila una ambiciosa arquitectura jurídica con ocho nuevos códigos. En tanto, las fuerzas políticas bolivarianas buscan preservar la gobernabilidad, la paz interna y la soberanía, en medio de lo que analistas describen como un escenario de "altísima complejidad" y coerción extrema.
Diego Sequera, analista político y fundador del laboratorio de ideas venezolano Misión Verdad, señaló en diálogo con Sputnik que la aparente contradicción entre la férrea defensa de la soberanía y los gestos como la liberación de presos –que Washington atribuyó a una orden suya– no es sino la manifestación de una resistencia adaptativa en un escenario de fuerza abrumadora.
"Es un momento de altísima complejidad, pero también (…) parte de un plan. Este escenario existía, ya estaba previsto su posibilidad y se está implementando", señala Sequera. Así, el analista enfatiza que quien lo ejecuta es la misma figura que estabilizó la economía y reimpulsó la industria petrolera.
Las razones de fondo
Para el analista, las razones de fondo de la operación estadounidense en territorio venezolano son profundas. Destaca, por ejemplo, la recuperación económica y petrolera venezolana. "Se demostró que se puede superar el régimen de sanciones", afirma, subrayando que esta capacidad de crear circuitos comerciales alternativos constituía una "de las manifestaciones más claras" que impulsaron la acción estadounidense.
También apunta a una visión geoestratégica de largo aliento: "Sin el control del hemisferio, no hay manera en que puedan enfrentar al único actor que consideran como el adversario principal, que es China. De ahí que toman un desvío que pasa obligatoriamente por el control hemisférico. Y el control hemisférico pasa por Caracas".
El control de las mayores reservas petroleras del mundo, añade, no solo busca recursos, sino reforzar un dólar debilitado y frenar los intentos venezolanos de desdolarización.
"Por la razón que sea, también en su propia planificación encontraron el momento en el país para actuar", comenta Sequera, sugiriendo un cálculo que incluía el período festivo venezolano.
¿Una "acción de seguridad"?
La reciente admisión del Departamento de Justicia de EEUU de que no existía el Cartel de los Soles –construcción mediática y jurídica usada por años para criminalizar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB)– es para Sequera un episodio revelador.
Al respecto, el analista señala que dicha narrativa, cuyos orígenes rastrea en actividades de la CIA en la década de los noventa, se renovaba con "puros fines procedimentales". "No hay suficiente sostenimiento del argumento, el tema de la droga quedó básicamente de lado", asegura.
Lo importante, sostiene Sequera, era presentar la agresión como una "acción de seguridad" o "policial", más que como una guerra entre Estados. "Ya el procedimiento se efectuó, ya el daño se hizo, ya poco importa", sentencia.
Si bien el experto señala que el petróleo es "la razón más evidente" detrás de la operación emprendida por Washington, "reducirla únicamente a eso, obviamente borra del panorama otros elementos".
En ese sentido, lista como intereses el oro, el gas, los minerales raros y estratégicos, esenciales para la demanda de la industria tecnológica y de inteligencia artificial. También apunta a una razón geopolítica punitiva: "Castigar a la población venezolana por haberse atrevido, en primer lugar, a elegir otro camino y, en segundo lugar, por mantenerlo".
Un "aliado" forzado
Al recorrer el país tras el ataque, Sequera encontró que un "denominador común es la calma". Sin embargo, ahonda que se trata de una tranquilidad que carga "indignación, el dolor, la afrenta, la conmoción".
Afirma que es una calma operativa: "No hay ningún colapso interno, no hay ninguna estampida, no hay ningún alzamiento en contra del Gobierno".
Relató que se observaron manifestaciones de rechazo a la agresión extranjera, incluso provenientes de un sector que no es afín al oficialismo. En ese sentido, considera que es "absolutamente falso" el ánimo celebratorio en el grueso poblacional y adjudica dicho ánimo a un "sector acomodado de la diáspora".
Políticamente, destaca cómo el Estado sigue funcionando: el Tribunal Superior de Justicia interpretando la Constitución para el encargo presidencial y la Asamblea Nacional instalándose normalmente. "El colapso, un colapso ansiado por varios, sencillamente no ha ocurrido y pareciera que no fuese a ocurrir", subraya.
Esta resiliencia es el telón de fondo de la enigmática declaración del presidente estadounidense Donald Trump, quien tras reunirse con ejecutivos del sector energético afirmó que el Gobierno venezolano es "un aliado".
"Más allá de la valoración... hay un ejemplo muy sencillo y demoledor", dice, refiriéndose a la liberación de presos. "Cómo en un post el propio presidente [Trump] dice que a partir de ese gesto canceló un segundo ataque, que pudiera ser aún más devastador que el primero. Yo creo que aquí, ya con eso, tenemos una medida de las dimensiones de lo que se está jugando".
Para el analista, esto revela que el "plan" estadounidense, anunciado por Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense en fases de estabilización, recuperación y transición, es en realidad "absolutamente cortoplacista y maximalista".
Navegación en aguas turbulentas
En este escenario, las acciones de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, son para Sequera, una navegación forzosa en "aguas turbulentas". Su objetivo central es mitigar "las mayores amenazas de destrucción y de parálisis", mientras se preserva el núcleo de la soberanía.
"Lo implementa la persona que estabilizó la economía nacional, quien encabezó, basado en un plan, el reimpulso de la industria petrolera y que además tiene una memoria personal e histórica... a ella misma le quitó su padre, en algún momento de esta continuidad histórica", reflexiona Sequera, aludiendo al asesinato del guerrillero Jorge Rodríguez, padre de Delcy, en la década de los años setenta.
A propósito de las declaraciones hechas por Trump, argumentando que "Venezuela es ahora un aliado" y que en Caracas se hace lo que Washington dicta, el experto desestima las teorías sobre una "entrega" o "componenda".
"Si el país de verdad estuviera entregado bajo control de los Estados Unidos (…) no hace falta ni una armada concentrada en el país, ni de amenazas constantes", señaló.
La conclusión de la analista es clara: Venezuela atraviesa una resistencia de nuevo tipo, donde la preservación de la vida y la dignidad son la brújula en un escenario de coerción militar y económica sin precedentes.
La calma actual la atribuye a un logro sostenido por un Gobierno que debe zigzaguear entre la presión extrema y la lealtad a su base política, mientras el plan estadounidense, más que un diseño acabado, parece una improvisación maximalista, que choca contra la realidad venezolana.
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