El Archivo Ártico Mundial se creó de manera similar al Banco Mundial de Semillas, también ubicado en Svalbard. Conocido como la cámara del fin del mundo, el enorme almacén subterráneo guarda miles de semillas de todo el mundo para que sea posible revivir la naturaleza en el caso de una catástrofe de proporciones globales. Su recién concluído análogo tecnológico, por su parte, permitirá restaurar el conocimiento informático de nuestra generación.
El proyecto es una iniciativa de GitHub, considerado el host de código abierto más grande del mundo. A principios de julio, la empresa concluyó el envío de todos sus repositorios de códigos públicos activos al Archivo Ártico Mundial.
"Nuestra misión es preservar el software de código abierto para las generaciones futuras al almacenar su código en un archivo creado para durar 1.000 años", explica Julia Metcalf, directora de programas estratégicos de GitHub.
La película, compuesta de haluros de plata sobre poliéster, se asemeja a versiones minúsculas de códigos QR, pero cada uno de sus cuadros comprime unos 8,8 millones de píxeles microscópicos. Cada carrete tiene más de un kilómetro de extensión.
"Puede soportar una exposición electromagnética extrema y se ha sometido a extensas pruebas de accesibilidad y longevidad", afirma Piql, la compañía creadora del producto.

Las películas se almacenan en contenedores de acero en una cámara sellada a 250 metros de profundidad en el Archivo Ártico Mundial. La bóveda, además, guarda el llamado árbol tecnológico, un carrete legible para humanos que explica la historia técnica y el contexto cultural de los contenidos del archivo.