"Es una obligación estar en la calle a pesar de la pandemia, apoyando a la población brasileña que en un momento se acobardó y que ahora está volviendo a salir a la calle para colocar a esos fascistas de vuelta en el armario", comentó a Sputnik João Medeiros, estudiante presente en la protesta.
En su opinión, no queda más remedio que movilizarse, porque Brasil está viviendo un momento de "fascismo descarado", y apuntaba que en la manifestación de los simpatizantes del Gobierno realizada en la mañana en el barrio de Copacabana, había hasta banderas con esvásticas nazis.
No obstante, con los recientes acontecimientos en Estados Unidos, la protesta también adoptó como lema la pauta antirracista, que acabó teniendo más protagonismo que los gritos y consignas contra el Ejecutivo ultraderechista.

La marcha salió, de forma simbólica, del monumento a Zumbi dos Palmares, héroe de la resistencia negra por haber fundado en el siglo XVII un 'quilombo' en el que se refugiaron miles de esclavos que escapaban de sus amos.
Cargaban pancartas con lemas como "Black lives matter" (el movimiento que protesta por la muerte del afroamericano George Floyd a manos de la policía estadounidense) y similares y prácticamente todos se cubrían el rostro con la obligatoria máscara contra el coronavirus, aunque en ocasiones era difícil respetar la distancia mínima de seguridad entre las personas.

El despliegue policial fue muy extenso, y en un determinado momento los agentes de la Policía Militar realizaron un cordón rodeando al principal grupo de manifestantes, y revisaban a todo aquel que quisiera entrar en el recinto para juntarse a la protesta.
También hubo manifestaciones destacadas en ciudades como São Paulo (sureste) y Brasilia (centro-oeste), en el segundo domingo consecutivo de protestas contra el Gobierno.
Las primeras tuvieron lugar la semana pasada sobre todo en São Paulo y estuvieron lideradas en un principio por las hinchadas de los equipos de fútbol que se decían a favor de la democracia y contra el autoritarismo de Bolsonaro.
La mayoría de partidos de la oposición al Gobierno pidió prudencia y no apoyó de forma pública estas marchas, sobre todo alegando el riesgo que conlleva congregar aglomeraciones de gente durante la pandemia de COVID-19.