En casi cuatro años de mandato, el equipo económico que el presidente Mauricio Macri dijo en 2015 que sería "el mejor de los últimos 50 años", dejó a Argentina sumida en una profunda recesión y un fuerte endeudamiento. Para algunos, fruto de una pesada herencia de los gobiernos anteriores. Para otros de la inoperancia y la falta de buenos criterios.

Como ilustra el MATE, durante el gobierno de Néstor Kirchner (203-2007), los salarios crecieron 44% más que los precios. Más tarde, durante las dos gestiones de Cristina Fernández (2007-2015), la distancia entre las dos variables se acortó, aunque el salario volvió a ganar por 20% y 7% respectivamente. Pero no sucedió lo mismo en el último período y a solo cuatro meses de concluir, se observa que el poder adquisitivo de las remuneraciones a los trabajadores cayó 20%.
¿Qué falló?
De acuerdo al economista Lavih Abraham, miembro del MATE, la actual administración desatendió, con o sin intención, varios factores que concluyeron en estos resultados. Sobre ellos habló con Sputnik durante las XII Jornadas de Economía Crítica y las I Jornadas de Economía Feminista que tuvieron lugar en la ciudad de Córdoba este 6 y 7 de septiembre.
A esto se sumó la pérdida de poder de las negociaciones colectivas entre sindicatos y cámaras empresariales, puesto que el Gobierno impidió que la mayoría de los acuerdos se pudiera revisar conforme a la variación de precios.
"Cuando el proceso inflacionario se fue demasiado alto muchos sindicatos pidieron reabrir las negociaciones colectivas para poder renegociar salarios y por lo menos lograr mantener el poder de compra. Pero eso se impidió desde el Estado o hubo bastantes trabas", afirmó el docente.
Esta política fue disruptiva respecto a la de sus predecesores, que fortalecieron y "prácticamente crearon" un mecanismo que surgió en la década de 1990 pero que no tenía, hasta entonces, poder. Tal fue el motivo por el que, más allá de los procesos inflacionarios, los sindicatos pudieron ganarle a la inflación.
De hecho durante 2016 se negociaron aumentos respecto a una inflación esperada de entre 15% y 20%, pero el año cerró con 41 puntos porcentuales. Tal dinámica se mantuvo durante tres de los cuatro años de gobierno. La excepción fue el 2017, en el que se logró una recuperación del poder perdido en 2016, que finalmente volvió a perderse en 2018 y 2019.
El enemigo olvidado
Para Abraham el equipo de Macri "ninguneó o e quitó importancia" a la relación que podría haber entre el valor del tipo de cambio, es decir del dólar, y los precios dentro de la economía. Si bien en muchos países la fluctuación del valor de la moneda nacional respecto a la local no se traduce de forma lineal en precios, en Argentina, la moneda estadounidense tiene una carga cultural que no se condice con formulaciones teórica.
Esto, en una economía que se relaciona con el resto del mundo pero que se abastece en gran porcentaje de la producción interna, no "debería" hacerla tan susceptible al valor del tipo de cambio, pero de todas maneras, si lo es.
"Acá si el dólar aumenta la mayoría los comerciantes lo toman como referencia y si hay un aumento del dólar va a haber un aumento de precios, aunque no haya una relación económica estricta, por eso insisto, el Gobierno lo ninguneó", concluyó.