"Acá estoy, haciendo un poco de compañía a los compañeros que tratan de llegar a buen puerto" reflexiona Alberto en diálogo con Sputnik.
En su paseo en solitario, la pareja se detiene ante los carteles colgados en la alambrada de la base que contienen palabras e imágenes de afecto para los 44 navegantes a bordo del submarino San Juan, cuya última comunicación fue el pasado miércoles a la mañana.

"Conozco a la oficial cuando era cadete, y la acompañé cuando comenzaba su carrera", cuenta.
Esa cadete que hace doce años Alberto instruyó como suboficial de la radio del buque Hércules se convirtió después en la primera mujer oficial submarinista de Argentina y de América del Sur.
Proveniente de Salta junto a su mujer Leticia, el militar retirado reflexiona sobre todos los navegantes a bordo del San Juan que conoce: unos seis o siete, incluido el electricista y el cocinero, que en su día le dio de comer a su generación.
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Desde tierra, el matrimonio está en contacto con otros exintegrantes de la Armada y recuerdan juntos a los muchachos que hoy se encuentran perdidos en el Atlántico Sur.
"Desde aquí los acompañamos, como mucha gente que los está esperando, aparte de su familia", indican.
Para entender la congoja que los embarga, la pareja describe el sentimiento familiar que predomina en la Armada.
"Somos una familia, todos nos conocemos y todos nos apoyamos, por eso se habla de la gran familia naval, que somos todos", detallan.
"Eso es lo que hacemos todos, del más chiquito al más grande, seguimos siendo compañeros, nos conocemos con la familia", relata.
Una de sus propias hijas es militar del Ejército, revela Leticia.
Ahora recuerdan "todas estas cosas que uno ha vivido, por eso esperamos que lo puedan superar, que es lo principal", concluyen.
Silencio y espera
Dentro de la base naval, dos miembros de la Armada mantienen el hermetismo sobre lo que sucede puertas adentro, donde se encuentran muchos familiares de los tripulantes.
Otros familiares de los tripulantes, en cambio, se quedarán en el apostadero habitual del submarino San Juan hasta que vuelva la embarcación con sus seres queridos a salvo.
El navío se comunicó por última vez hace casi siete días cuando se hallaba a 430 kilómetros de la costa a la altura de la Península Valdés (sureste de Argentina), mientras se dirigía desde la ciudad austral de Ushuaia a Mar del Plata.
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El buque perdido, fabricado en 1983 en Alemania y adquirido por la Armada argentina en 1985, es uno de los tres submarinos con los que cuenta la fuerza naval.