"Las semillas y la bóveda nunca han estado en peligro. No fue ninguna inundación, sino más agua de la que nos gustaría. Así que estamos tomando medidas para mejorar y asegurar la entrada del túnel", informó a Popular Science Hege Njaa Aschim, miembro del Gobierno noruego.
Cary Fowler, una de las responsables de su diseño, habló también con Popular Science y comentó que "'inundación' no había sido la palabra más correcta para usar en este caso" y que, según su experiencia, "todos los años entra un poco de agua".
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A pesar de que según los responsables del diseño de la instalación la inundación no ha afectado a las semillas y que se trata de "un hecho bastante rutinario", reconocen que las 'goteras' han puesto en tela de juicio la capacidad de la bóveda de funcionar como 'salvavidas' de la humanidad.
"No estaba en nuestros planes que el permafrost no estuviese en su sitio y que experimentase temperaturas tan extremas como estas (…). Se supone que [la bóveda] estaba hecha para funcionar sin la ayuda de los humanos, pero ahora estamos vigilándola 24 horas al día", explicó Aschim.
Ahora los responsables se están centrando en minimizar los riesgos que puedan poner en peligro su interior En estos momentos su prioridad es asegurarse de que el banco de semillas "pueda cuidarse por sí mismo", aunque insisten en que la semillas están a salvo.

"Si todo el hielo del mundo se derritiese y luego pasase por encima el tsunami más grande jamás visto, las semillas todavía seguirían estando entre cinco y siete pisos por encima de ese punto", tranquiliza Fowler.
La bóveda del Juicio Final se encuentra en lo más profundo de una montaña de la isla de Spitsbergen, en el archipiélago noruego de Svalbard. Construida en 2008, su objetivo es preservar la mayor cantidad de semillas posible en caso de apocalipsis o de cualquier otro acontecimiento que pueda poner en peligro determinados cultivos.