"La seguridad de los alimentos es muy importante para la seguridad y la vida del pueblo", subrayó el embajador chino en Brasil, Li Jingzhang, dejando claro que las explicaciones dadas por el presidente Michel Temer no eran suficientes.
Temer invitó el 19 de marzo a decenas de embajadores a cenar en una "churrascaría" (restaurante tradicional donde se sirve carne asada) de Brasilia para intentar calmar los ánimos, pero para algunos de ellos las explicaciones no alcanzaron.

El representante europeo en Brasil pidió una explicación "detallada" del Gobierno de Temer, que se comprometió a ofrecerla este mismo 20 de marzo, al tiempo que no descartaba la posibilidad de la suspensión de compra de carne.
En su breve discurso a los embajadores y representantes de países compradores de carne brasileña, Temer intentó lanzar el mensaje de que los problemas de la carne adulterada fueron un hecho aislado.
Para Brasil, la situación empezaría a ser preocupante si China diera un paso atrás, ya que en 2015 retomó la importación de carne bovina brasileña y en poco tiempo se convirtió en el principal país comprador.
Las declaraciones de los embajadores se producen después de que la policía brasileña destapara el viernes un esquema fraudulento según el cual 33 empresas del sector, entre ellas las dos más importantes, JBS y BRF, adulteraban la carne con métodos prohibidos por la legislación.
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Las empresas usaban ácidos para disimular la mala calidad del producto, inyectaban agua en pollos para aumentar su peso e incluso mezclaban carne con cartón están entre las presuntas acciones irregulares.
Entre junio de 2015 y enero de 2016 China compró más de 500 millones de dólares de carne bovina de Brasil —el 16% de las exportaciones— y se situó por delante de Egipto y Hong Kong, hasta entonces los principales compradores.