La niña, que tiene dos años, nació con un grave trastorno sanguíneo denominado talasemia. La familia de la pequeña ya gastó todos los ahorros en intentar salvar a Xinlei, pero no pudo lograrlo. Su padre decidió cavar una tumba y llevar a su hija a jugar a su futuro espacio sepulcral.
"Al final solo se me ocurrió esta idea: llevarla a jugar a este sitio. Aquí es donde descansará en paz. Todo lo que puedo hacer es acompañarla a diario", declaró Zhang Liyong.