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Menos trabajo y más precario: el empleo cae en Argentina mientras aumenta la informalidad

La desocupación llegó al 7,5%, su peor valor desde la pandemia. Además, la precariedad se expandió hasta alcanzar al 43% de los ocupados. "El 2025 fue el primer año en mucho tiempo donde hay crecimiento con destrucción de trabajo", dijo a Sputnik un experto.
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Estos datos consolidan una tendencia que empezó a esbozarse hacia 2024 y que contrasta con el crecimiento de la economía, apuntalado por sectores primarios.
El Instituto Argentino de Estadísticas y Censos informó que la desocupación subió un punto y ya alcanza a más de un millón y medio de trabajadores. El número de ocupados cayó en comparación tanto trimestral como interanual, una combinación que volvió más frágil el cierre del año laboral argentino.
Detrás de esa suba aparece un deterioro menos visible, pero más profundo. Mientras el empleo total retrocedió, la informalidad avanzó hasta abarcar a casi seis millones de personas. La comparación con un año antes muestra que los ocupados informales aumentaron, aun cuando el universo total de ocupados se redujo, una dinámica que sugiere una sustitución parcial de empleo más estable por inserciones más precarias.
La presión sobre el mercado laboral no afecta solamente a quienes perdieron su empleo. Los ocupados que buscan otro trabajo ya representan el 16,5% de la fuerza laboral y la subocupación supera el 11%. Casi un tercio de los desocupados, además, lleva más de un año intentando reinsertarse. El cuadro dibuja un mercado menos capaz de absorber mano de obra y más proclive a generar trayectorias laborales inestables.
El golpe es más fuerte entre los jóvenes. La desocupación entre mujeres de 14 a 29 años llegó al 16,8% y entre varones de la misma franja al 16,2%, con subas marcadas frente a 2024. En conjunto, los menores de 30 años concentran más de la mitad del total de desocupados. Para un país con larga tradición de movilidad social a través del trabajo, el dato tiene un peso político y social difícil de ignorar.
El problema golpea con más fuerza donde se concentran la producción, el consumo y la densidad urbana del país. Entre quienes habían trabajado antes y hoy están desocupados, predominan la construcción, el comercio y la industria manufacturera. Son actividades muy sensibles al ciclo económico y al mercado interno. Aunque la actividad general creció 4,4% en 2025, la industria cayó 3,9% interanual en diciembre y el comercio bajó 1,3%, dos datos que explican mejor el enfriamiento del empleo urbano.
Ese deterioro también dialoga con la apertura comercial promovida por el Gobierno de Javier Milei. La baja de aranceles y el mayor ingreso de importaciones quedaron bajo la lupa en ramas industriales con dificultades para competir con productos externos. El caso más visible fue el de la empresa Fate, histórica fabricante de neumáticos con más de 80 años de trayectoria, que en febrero anunció el cierre definitivo y el despido de 920 trabajadores tras meses de caída de producción y ventas.
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Un universo silencioso

"Los datos son atendibles porque, por fuera del número de desocupados, hay un desempleo clandestino: el de aquellas personas que trabajan muy poco en una actividad precaria, pero que no por eso dejan de buscar empleo. Para las estadísticas, esto no es un desempleado, porque tiene un ingreso mensual", dijo a Sputnik la socióloga Candelaria Rueda.

La experta sostuvo que el desempleo abierto no alcanza por sí solo para describir la fragilidad del mercado de trabajo. Según explicó, el indicador oficial tampoco registra plenamente la caída de la búsqueda de empleo, por lo que "deja fuera a quienes abandonan esa búsqueda o quedan atrapados en ocupaciones de baja intensidad, con ingresos mínimos y sin estabilidad".
La mirada halla consenso entre los especialistas. Consultado por Sputnik, el economista Francisco Cantamutto sostuvo que una parte del desempleo queda oculta en "formas de sobreocupación y subocupación", porque quienes realizan tareas esporádicas o trabajos parciales "dejan de figurar como desocupados aunque su inserción siga siendo inestable y muy débil".
Para Rueda, ese cambio ya alteró la composición del mercado laboral argentino. A su juicio, el aumento de la informalidad "no se explica solo por la pérdida de puestos de trabajo, sino también por el crecimiento de personas que acceden a pocas horas de actividad y a ingresos marginales". En ese cuadro, la precarización deja de ser lateral y pasa al centro del problema.
Cantamutto coincidió en que el fenómeno excede el alza del desempleo abierto. Según explicó, la expansión de trabajos fragmentados, como los vinculados a plataformas, puede amortiguar por un tiempo el impacto inicial de la crisis, pero "no resuelve la pérdida de ingresos ni la inestabilidad, sino que la vuelve menos visible".
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La paradoja del crecimiento

Para Cantamutto, el dato que ilumina la especificidad del contexto argentino remite a la aparente contradicción entre la expansión económica y el deterioro del empleo: "el 2025 fue el primer año en mucho tiempo donde hay crecimiento con destrucción de trabajo”, afirmó. La frase resume una de las paradojas que dejaron los datos del cierre de año: una economía que mejora en términos agregados, pero que al mismo tiempo consolida inserciones más débiles y precarias.
El consultor remarcó que no se trata de un fenómeno aislado, sino de una reconfiguración más amplia del mundo del trabajo. En su lectura, el mercado laboral argentino "ya venía perdiendo peso en el empleo formal y ganándolo en el cuentapropismo", pero ahora esa mutación convive además con la "destrucción neta de puestos de trabajo".
En ese proceso, agregó, "el único segmento que hoy muestra expansión es el cuentapropismo informal, mientras se destruyen puestos asalariados formales. Para el economista, el problema no es solo el cambio de ocupación, sino que "esa transición se produce con peores ingresos y mayor desprotección".
Rueda remarcó que ese deterioro "golpea sobre todo a los más jóvenes, justamente el grupo que ya exhibe las tasas de desempleo más elevadas". A la vez, subrayó el impacto territorial del fenómeno: en los grandes conurbanos, históricamente ligados a la industria, "se concentra una porción decisiva de la población y, por lo tanto, también de las consecuencias sociales más profundas de este cambio".
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