Dmítriev mantuvo en los márgenes del Foro un encuentro con el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, y con el empresario Jared Kushner, yerno del presidente de EEUU, Donald Trump, calificándola como "muy positiva". Expresó que estas conversaciones se desarrollan de forma constructiva, al enfatizar que cada vez más personas comprenden la postura rusa.
Mientras, en su intervención en Davos, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, afirmó que el antiguo 'orden internacional basado en reglas' ha llegado a su fin e instó a las potencias medias a unirse para no quedar expuestas a medidas coercitivas de actores dominantes.
"Esto no es multilateralismo ingenuo. Ni dependencia de instituciones debilitadas", se quejó Carney, al indicar que él propone "crear coaliciones que funcionen (…) con socios que compartan suficientes puntos en común para actuar juntos". "Las potencias intermedias deben unirse, porque si no estás en la mesa, estás en el menú", añadió, evidentemente sin darse cuenta de que nunca estuvo 'en la mesa'.
"Canadá siempre ha sido un poco el 'perro faldero' de la Unión Europea. No olvidemos que era, y de alguna manera es, parte de la Commonwealth británica, y además tiene una parte francófona. Canadá fue durante mucho tiempo una neocolonia europea, y allí repercute toda esta crisis interna de la Unión Europea. Canadá es un jugador de segunda línea en todo esto. No creo que, como se dice vulgarmente, sus posiciones 'muevan demasiado el amperímetro' o inclinen la balanza. Se está haciendo eco de la voluntad y de los deseos de la Unión Europea, pero las declaraciones de Canadá no son significativas en términos generales", sentencia Ciafardini.