El posicionamiento de Bruselas empieza a ser denunciado incluso por parte de su dirigencia política, evidenciándose divergencias sobre el rumbo estratégico a adoptar ante una situación de crisis existencial del club comunitario.
Estas diferencias fueron verbalizadas por la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, la española Teresa Ribera, que también ejerce de eurocomisaria de Competencia. "No podemos seguir en silencio", dijo, durante un desayuno informativo de Forum Europa, organizado en Bruselas por New Economy Forum.
Tales palabras se interpretaron como un mensaje dirigido a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, prácticamente desaparecida a nivel mediático desde que los acontecimientos se precipitaron en Venezuela y cuya inacción ante la
presión de Donald Trump sobre Groenlandia también es muy notoria. Ribera,
una voz disconforme con la actitud de la UE frente a los sucesos en Gaza, que calificó en 2025 abiertamente de "genocidio", habló de "plantar cara" y "no aceptar" el actual comportamiento de EEUU en la arena internacional.
El contexto también se define por la posición de algunos líderes nacionales de la UE. El caso más explícito lo encarna el primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, que un par de días antes
pidió relevar de su puesto a la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas,
por la incapacidad de reacción de Bruselas ante los sucesos de Venezuela. "Necesitamos un liderazgo fuerte", dijo.
Las diferencias también se acentúan en torno a la ayuda que presta Bruselas a Ucrania en forma de préstamos. Hungría, Chequia y Eslovaquia se negaron a hacer contribución alguna al fondo de 90.000 millones de euros que la UE destinará a Kiev para el periodo 2026-2027. Tampoco hubo un consenso inicial sobre su destino último.
Alemania, Países Bajos, así como los países nórdicos y de la zona del Báltico, más favorables a mantener el vínculo atlántico, son partidarios de que Kiev compre con ese dinero armamento de fabricación estadounidense. En cambio, los países más proclives a matizar esa relación, como Francia o España, defienden que adquiera armas europeas.
La Comisión Europea propuso que Ucrania invierta
dos tercios del préstamo en la compra de armamentos, a poder ser de fabricación europea, ucraniana o de países que integren el Espacio Económico Europeo, como Noruega.
En caso de no haber alternativa, podrán comprarse a terceros países.Ante la tensión imperante, surge la cuestión sobre si la actitud de Washington contribuye decisivamente a hacer saltar las costuras de una UE que basaba buena parte de su razón de ser en la fidelidad a la relación con EEUU.
"Precisamente porque no es fuerte y está absolutamente entregada, ahora se encuentra con que su protector abusa de ella", explica a Sputnik el historiador José Manjón, analista del Instituto Español de Geopolítica, que define a Trump como la "peor pesadilla de la UE", pese a que la región "ha crecido y medrado a la sombra de EEUU".
En una situación de máxima presión para Dinamarca y casi en paralelo al fracaso de las conversaciones entre este país y EEUU, la Comisión Europea también propuso destinar 200 millones de ayuda para Groenlandia.
Alemania, Suecia y Francia ya han enviado los primeros efectivos militares a Groenlandia, si bien a cuentagotas y de cara a coordinarse con sus colegas daneses. España también ha anunciado estar dispuesta a enviar tropas.
"Europa no tiene capacidad para defenderse de EEUU porque está mortalmente enfrentada con su aliado natural: Rusia. Un bloque eurasiático sería la única forma de frenar de forma efectiva a Trump. Y este, perfectamente consciente de que la política europea frente a Rusia es el suicidio como gran potencia de Europa, aprovecha la ocasión", zanja Manjón, que añade que cataloga la situación de "verdadero sarcasmo de la historia".
Según este historiador, el sarcasmo
reside en incongruencias de base. "Groenlandia es un territorio OTAN amenazado por EEUU y
Europa no puede hacer nada por defenderla. Ucrania, que no es parte de la OTAN ni de la UE, ha recibido una ayuda que ha desarmado a Dinamarca y otros países europeos, que están inermes ante la agresión estadounidense", explica.
El cariz que van tomando paulatinamente los acontecimientos es una situación que ya anticipaban las elites dirigentes en Bruselas y las diferentes capitales europeas. Así lo cree Antonio Alonso, profesor de Relaciones Internacionales en el Centro de Estudios Universitarios San Pablo de Madrid, que advierte que una cosa era tratar con dirigentes globalistas "como Joe Biden o Kamala Harris" y otra hacerlo con "un señor que solo mira por los intereses de EEUU".
A su juicio, la actitud de confrontación con la UE hace que "se caiga" el discurso de Bruselas sobre el conflicto en Ucrania: "La UE ya no puede apoyar todo lo que dice EEUU". Así, la división en el seno de los países de la UE "se ahonda", añade.
"Todavía no se puede decir que es el final, ni siquiera en su configuración actual, donde
Ursula von der Leyen es la personificación del globalismo servil", explica, señalando que
el deseo de la UE de continuar alimentando el conflicto en Ucrania en atención a "intereses ajenos" al bloque, contrasta con el deseo estadounidense de "querer salir de allí".
"De momento hay un bache en la continuidad de la relación entre EEUU y la UE. Habrá que esperar a noviembre [elecciones de medio término] para ver si la fractura se ahonda o se recompone", prevé Alonso. Hasta entonces, "es normal" que la división y las divergencias de enfoque se produzcan en la UE, según Manjón, para quien el vínculo transatlántico "ha arruinado y desarmado a Europa", desbaratándose la posibilidad de potenciar la conexión euroasiática.