Las nuevas amenazas de EEUU para países latinoamericanos en el marco de lo que Washington ha denominado 'doctrina Donroe' —una suerte de reversión de la histórica Doctrina Monroe, pero ahora con Donald Trump a la cabeza— parecen no ser suficientes para alejar a China como uno de los socios comerciales más importantes de América Latina.
Una muestra de ello ha dado el presidente argentino, Javier Milei, uno de los principales aliados del Gobierno de Trump en la región. Es que, a pesar de ratificar una y otra vez su alineamiento geopolítico con EEUU, el mandatario argentino debió admitir públicamente que no limitará sus relaciones con Pekín.
"Siempre hablé de alianza geopolítica [con EEUU], porque una cosa es la geopolítica y otra cosa, en paralelo, es la cuestión comercial. Yo no voy a romper los lazos comerciales con China y de hecho EEUU tiene lazos comerciales con China", declaró Milei el 6 de enero durante una entrevista con el medio digital Neura.
El mandatario argentino ratificó esa postura tan solo días después durante una entrevista con CNN, en la que incluso anunció un viaje hacia el gigante asiático durante 2026. "Sí, estamos planeando un viaje a China", afirmó Milei, enfatizando que "China es un gran socio comercial".
"La respuesta de Milei surge del pragmatismo, porque la realidad es que China es el principal comprador de Argentina y se vincula con el principal proyecto de generación de divisas, que es el complejo sojero", dijo a Sputnik el argentino Julio César Gambina, doctor en Ciencias Sociales y profesor de Economía Política de la Universidad de Buenos Aires.
En efecto, China se mantiene como el segundo socio comercial de Argentina, superado únicamente por Brasil y es el principal destino de la soja y sus productos derivados. En 2024, de acuerdo a datos oficiales, Argentina envío al país asiático el 13% del total de las casi 50 millones de toneladas de soja que produjo.
El experto enfatizó que China ha tenido "una presencia creciente en América Latina" particularmente durante la segunda década del siglo XXI al apostar por inversiones muy importantes para los países de la región. Por eso, "desarmar el camino comercial, económico y financiero de China en la región no va a ser sencillo".
En ese sentido, apuntó que la importancia de China para un "sector estratégico" de la economía argentina en los últimos 40 años hace que el vínculo comercial con Pekín se haya vuelto "imposible de cortar en el corto plazo". Ayuda a esa imposibilidad que el mercado estadounidense sea incapaz de "reemplazar" ese comercio.
El experto en Economía Política subrayó que no es la primera vez que un adversario geopolítico de EEUU logra torcer las presiones geopolíticas estadounidenses por su relevancia comercial. Gambina recordó que EEUU había presionado a la última dictadura argentina (1976-1983) para que se plegara al boicot de los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980. Si bien el gobierno dictatorial argentino aceptó el pedido estadounidense, desoyó las presiones para aplicar también un "boicot cerealero" a la Unión Soviética, debido a la importancia que el negocio tenía para las arcas argentinas.
"Los asuntos económicos están siempre más allá de los objetivos y la voluntad política de los gobiernos, sea el poderoso EEUU o la subordinada Argentina de Milei, que antes criticaba fuertemente a China y a Brasil pero con el tiempo fue morigerando sus adjetivos y manteniendo esas relaciones económicas y financieras", profundizó Gambina.
Una potencia "difícil de desplazar"
También en diálogo con Sputnik, el especialista en Negocios Internacionales, Marcelo Robba afirmó que la relevancia de China como socio comercial puede incluso acrecentarse en la medida en que Argentina comience a enviar más minerales al mercado chino. Asimismo, señaló que el alineamiento geopolítico con Washington tampoco ha disminuido la relevancia de Pekín como un socio financiero de Argentina.
El analista, integrante del Grupo de Estudio sobre China y Argentina de la Universidad Nacional de Rosario (GeChina - UNR) que Argentina sigue necesitando el swap de monedas que mantiene con China desde 2009 por el equivalente a 5.000 millones de dólares y que fue renovado por última vez en abril de 2025. Para Robba, el Gobierno de Milei aún está en una situación "frágil" en cuanto a sus reservas internacionales, por lo que probablemente deberá renovar una vez más el acuerdo financiero.
Para Robba, esta situación no ocurre solamente con Argentina, sino también con varios países latinoamericanos que, incluso, mantienen superávit en la relación comercial con Pekín y, por tanto, están todavía más lejos de poder interrumpir ese vínculo.
"China se convirtió de manera creciente en un actor vital para la región, en el primer socio comercial de muchos países y eso hace que sea difícil de reemplazar y difícil de desplazar, por más que EEUU le preste más atención a América Latina", afirmó Robba.
El experto en la relación con China consideró, en ese sentido, que el Gobierno estadounidense actual "reconoce el creciente poder de China", por lo que, a pesar de que busca consolidar su influencia geopolítica entre los países latinoamericanos, no avanzará para "interrumpir el vínculo" comercial con las economías de la región.
Gambina, por su parte, planteó otra dificultad en el plan de Trump: si quisiera desplazar a las compañías chinas de negocios en América Latina, debería recurrir a una mayor presencia de "empresas trasnacionales de origen estadounidense", cuyos planes "no siempre coinciden con los tiempos de la política de ese país".
Al mismo tiempo, las próximas elecciones legislativas estadounidenses previstas para el mes de noviembre podrían generar una "pérdida de consensos" en torno al actual gobierno estadounidense.
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