"Donde hay 400 o 500 policías de forma permanente es para garantizar la seguridad, se supone que ese lugar es seguro (…) es absurdo que un policía dispare contra un turista, es absurdo tener zonas enteras de la ciudad sitiadas por enfrentamientos relacionados con drogas y criminalidad", lamentó en declaraciones a Sputnik.
En su opinión, el debate no es si deberían prohibirse por precaución este tipo de visitas turísticas a las favelas, porque la tragedia podría haber ocurrido en la playa de Copacabana y entonces la discusión sería otra.

María Esperanza Jiménez Ruiz, de 67 años, murió baleada por agentes de la Policía Militar después de que el coche con el que hacía el recorrido turístico en Rocinha se saltara un control policial.
Los familiares de la víctima aseguraron en comisaría que la empresa que contrataron para realizar el tour no les advirtió del peligro de visitar Rocinha, que en las últimas semanas vive una escalada de tensión que propició incluso la intervención de las Fuerzas Armadas.
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Armstrong no quiere valorar si los guías que ejercieron de anfitriones fueron irresponsables, pero reconoce que la muerte de la española marca un antes y un después en este tipo de experiencias turísticas.
"Es algo inédito, en 25 años que hacemos estas visitas nunca pasó, ni con nosotros los guías ni con los clientes, ni siquiera ser levemente afectados por una bala perdida", subraya este guía, fundador de la empresa Favela Tour.
Con los tiroteos volviendo a la rutina habitual muchas de estas iniciativas están echando el cierre y otras se están viendo seriamente afectadas: en Favela Tour pasaron de 13 a nueve guías y tras la tragedia de este lunes 23 de octubre no es descabellado pensar en bajar la persiana a medio plazo, apunta Armstrong.
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El sector turístico de Río pasa por uno de sus peores momentos justo cuando debería estar recogiendo los frutos del escaparate que supuso organizar macroeventos deportivos como el Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.
"Las autoridades de aquí nos lo vendieron como la plataforma que iba a convertir a Río en un destino turístico mundial de primer orden, pero era una mentira", critica este guía, que a pesar de todo asegura que cuando la situación se calme volverá a llevar a turistas a Rocinha.
Armstrong rechaza las críticas de quienes aseguran que visitar estos barrios equivale a "glamourizar la pobreza" y emular una especie de safari en que los turistas ricos van en busca de fotografías exóticas de gente pobre.
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En su opinión las visitas sirven para normalizar estas comunidades, quitarles el estigma de la violencia, generar renta y empleo entre sus habitantes y ofrecer una idea más completa de la compleja realidad social de Brasil.


