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"Precarización alarmante": sube la informalidad laboral en Argentina y alcanza su mayor nivel en nueve años

© AP Photo / Natacha PisarenkoTrabajo informal en Argentina.
Trabajo informal en Argentina. - Sputnik Mundo, 1920, 24.06.2026
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El trabajo no registrado llegó a su máximo desde el año 2017, en medio de una situación signada por la caída del empleo registrado y su absorción en la informalidad. "Es el dato más importante, porque explica por qué la desocupación no crece más, hay una precarización alarmante", dijo a Sputnik un experto.
La informalidad laboral dio un fuerte salto en Argentina y llegó al 44,2%, su nivel más alto desde 2017. Según informó el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), la cifra trepó dos puntos en el último año y alcanza a casi seis millones de trabajadores, privados tanto de aportes jubilatorios como de protección laboral en los principales centros urbanos del país.
El dato coexiste con una paradoja: simultáneamente, el desempleo cayó del 7,9% al 7,8%, de modo tal que la informalidad creció porque absorbió a quienes perdieron el empleo registrado. Desde noviembre de 2023, el empleo asalariado privado registrado perdió alrededor de 300.000 puestos, según el Sistema Integrado Previsional Argentino. Las caídas más fuertes golpearon a la industria manufacturera, la construcción y el comercio: los tres sectores que concentran la mayor cantidad de mano de obra en el país y que más resintieron la retracción del consumo interno.

Los empleos por cuenta propia crecieron en 200.000 hasta los 3,8 millones. Buena parte de ese aumento son trabajadores que reparten comida o trasladan personas para plataformas digitales: sin contrato, sin obra social, sin cobertura ante accidentes ni enfermedades.

La manufactura acumula el deterioro más profundo del ciclo. Perdió más de 40.000 puestos a fines de 2023, registra niveles de empleo que no se veían desde hace dos décadas y en el último año cerró casi 1.000 empresas, según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. El sector opera a un ritmo de producción que se ubica entre los más bajos de los últimos veinte años, con un uso de la capacidad instalada inferior al 60%.
Sobre un total de 22,6 millones de ocupados a nivel nacional, los trabajadores que no se encuentran en relación de dependencia —sumando a regímenes considerados "grises" como monotributistas y autónomos, calificados normativamente como meros "prestadores de servicios"— ya son mayoría.
El presidente argentino, Javier Milei, atribuyó la caída del empleo registrado al crecimiento del trabajo independiente y, en ese marco, en febrero promulgó la Ley de Modernización Laboral, que habilita un blanqueo para empleadores que regularicen trabajadores en negro, con condonación de hasta el 70% de las deudas por aportes y reducción de las contribuciones patronales al 8% anual.
Los datos del primer trimestre de 2026, publicados tres meses después de la promulgación de la ley, no muestran reversión de ninguna de esas tendencias. El empleo asalariado formal cayó de 6,1 millones a seis millones de puestos entre enero y marzo, mientras la informalidad sumó cerca de 400.000 trabajadores adicionales en el mismo período interanual, según el INDEC.
No obstante, el fenómeno es estructural. La informalidad en Argentina viene creciendo paulatinamente en la última década, alcanzando a los Gobiernos de Mauricio Macri (2015-2019) como de Alberto Fernández (2019-2023), de signo político opuesto. La novedad radica en que, en un solo año la tasa subió 2,2 puntos porcentuales, el mayor salto interanual del período reciente, y por primera vez la suma de informales y cuentapropistas superó a la de los asalariados registrados.

Un fenómeno en expansión

"La informalidad es el dato más importante del informe, porque explica por qué la desocupación no crece más: hay una precarización alarmante", dijo a Sputnik Luis Campos, investigador del Observatorio de la Central de Trabajadores Argentinos Autónoma. Según explicó, quienes son expulsados del empleo formal "no permanecen desocupados, sino que terminan refugiándose en modalidades cada vez más precarias de inserción".

El experto sostuvo que el fenómeno se concentra en trabajadores independientes sin aportes ni cobertura social, como vendedores ambulantes, repartidores de plataformas o trabajadores de ferias populares. "Son las formas más precarias del mercado laboral", advirtió, al describir un universo "marcado por ingresos inestables y ausencia total de derechos".
El especialista remarcó que el deterioro no implica solo perder vacaciones, aguinaldo o licencias pagas. "Estamos hablando de trabajadores que, si se enferman o sufren un accidente, pueden quedarse sin ingresos de un día para el otro", alertó. Esa fragilidad, explicó, profundiza la vulnerabilidad social de millones de hogares.
Para Campos, el avance de la informalidad responde a causas múltiples: menor rentabilidad empresarial, caída del consumo y un marco regulatorio más laxo. También apuntó al debilitamiento de los controles estatales y a incentivos institucionales que, según dijo, hoy vuelven "menos riesgoso mantener trabajadores no registrados".
Además, advirtió sobre el impacto estructural sobre el Estado. "Cada vez más trabajadores tendrán dificultades para reunir aportes jubilatorios", señaló. En ese marco, consideró que el crecimiento sostenido del empleo informal erosiona el financiamiento del sistema previsional y amenaza la sustentabilidad futura de la seguridad social.

Un deterioro generalizado

Para el economista Ismael Bermúdez, el salto de la informalidad refleja una degradación acelerada del mercado laboral. "En un año, más de 500.000 personas cayeron en la informalidad laboral", afirmó ante la consulta de Sputnik, y advirtió que el fenómeno implica una pérdida masiva de derechos vinculados al empleo registrado y a la protección social.
Bermúdez vinculó el proceso con el deterioro de sectores intensivos en empleo, como industria, construcción y comercio. Según explicó, el cierre de empresas y la retracción productiva están "expulsando trabajadores formales hacia ocupaciones más inestables". "Detrás de cada empresa que cierra hay decenas o cientos de empleos que desaparecen", resumió.
El economista también señaló que la precarización no solo se expresa en la informalidad, sino en el crecimiento de la subocupación. "Cada vez más personas trabajan pocas horas y en condiciones no registradas", explicó. Sobre el aparente estancamiento del desempleo, Bermúdez planteó que la cifra oculta un deterioro más profundo. "El que pierde un empleo industrial termina manejando una moto o haciendo delivery", graficó.
Finalmente, advirtió sobre el costo fiscal del fenómeno. "La informalidad reduce aportes y agrava el desequilibrio previsional", afirmó. Según explicó, la menor recaudación impacta sobre la seguridad social, mientras el ajuste recae sobre jubilaciones cada vez más rezagadas frente a la inflación.
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