Una herida que nunca cicatrizó: 40 años de la tragedia en la central nuclear de Chernóbil

La noche del 26 de abril de 1986, Prípiat dormía tranquila, anticipando el descanso del fin de semana. A la 01:23, hora local, la ciudad oyó una explosión sorda.
Los informes del OIEA (INSAG-7) precisan que los acontecimientos críticos se desencadenaron en segundos tras la 01:23:04 y la señal de activación de la protección de emergencia se registró a la 01:23:40.
En la foto: Dosimetristas realizan mediciones de radiación sobre el reactor explosionado de Chernóbil.

La tragedia empezó como un procedimiento estándar: en el cuarto bloque se realizaba la prueba de marcha inercial del turbogenerador, para comprobar si la turbina podía mantener temporalmente el funcionamiento de las bombas de circulación gracias a su inercia, al cortarse la alimentación externa. La potencia se fue reduciendo y luego se mantuvo en el nivel mínimo.
A las 01:23:04 comenzó la fase activa de la prueba.
En la foto: Sala de control central del primer bloque de la planta nuclear.

Todo ocurrió en cuestión de instantes: los instrumentos registraron un aumento incontrolable de potencia y, para la 01:23:47, los parámetros de presión y funcionamiento de las bombas cambiaron drásticamente. Fue el momento de la pérdida definitiva de control.
En la foto: Montaje del reactor nuclear durante la construcción de la central de Chernóbil, 1975.

Los testigos afirmaron que se oyeron dos explosiones, las cuales destruyeron el reactor y causaron serios daños en la estructura del bloque.
Inmediatamente, se desató un incendio y se expulsaron al exterior materiales fundidos del núcleo activo, combustible nuclear y fragmentos de las estructuras.
En la foto: Interior del puesto de mando del bloque energético en la planta nuclear de Chernóbil.

En poco tiempo se formó una nube radiactiva sobre la central, mientras los incendios se extendieron por el techo, la sala de máquinas y las instalaciones internas. Se produjeron el ardor y la oxidación del grafito, acompañados de la liberación de partículas radiactivas.
En la foto: Vista de la planta nuclear de Chernóbil desde el lado del destruido reactor número cuatro.

La explosión liberó toneladas de materiales radiactivos al exterior, acumulados durante años de funcionamiento.
El aire se llenó de un peligroso cóctel: yodo-131 (semivida de 8 días), cesio-137 (30 años), estroncio-90 (29 años) y plutonio-239 (24.400 años).
En la foto: Liquidadores listos para subir al techo del reactor.

El reactor RBMK-1000 de la central de Chernóbil era un reactor de canal de grafito con agua en ebullición y uranio enriquecido. El vapor se suministraba a dos turbinas de 500 MW cada una. Este diseño permitía aumentar rápidamente la potencia y prescindir de complicados vasos de presión.
Sin embargo, el RBMK tenía vulnerabilidades graves: inestabilidad a baja potencia, aumento incontrolable de la reactividad y ausencia de una contención hermética.
En la foto: Descontaminación del territorio de la central nuclear con una solución especial.

La decisión de evacuar Prípiat no se tomó de inmediato. La noche del 26 de abril, la comisión decidió comenzar la evacuación al día siguiente. Esta se inició el 27 de abril a las 14:00, es decir, 36 horas después de la catástrofe.
En la foto: Evacuación de la población de la zona de 30 km alrededor de la central de Chernóbil. Vecinas de la región de Kiev se despiden entre sí y de sus hogares.

Para entonces la operación ya tenía carácter militar: se concentraron más de 1.000 autobuses en los alrededores de la ciudad. El propio traslado duró menos de tres horas y la ciudad quedó completamente vacía.
En la foto: Barreras en las calles de Prípiat tras el accidente.

Las primeras horas fueron las más críticas. El fuego se extendió por el tejado de la sala de máquinas y las estructuras superiores del cuarto bloque. A las 05:00 se logró detener el incendio a cielo abierto. Sin embargo, dentro del reactor destruido, comenzó un incendio de grafito que se convirtió en la principal fuente de emisiones radiactivas.
El personal trabajaba prácticamente a ciegas, percibiendo lo ocurrido como un gran accidente o un incendio. Pero el reactor, como sistema, ya no existía: de él salían productos de fisión.
En la foto: Liquidadores se ponen equipos de protección para despejar el techo del reactor averiado.

El 27 de abril comenzó la operación de emergencia para localizar el reactor destruido. Desde helicópteros se arrojaron sobre el bloque compuestos de boro, dolomita, arena, arcilla y plomo —un total de entre 5.000 y 6.000 toneladas de materiales.
El boro absorbía neutrones, el plomo atenuaba la radiación y el resto de las sustancias ayudaba a sedimentar el polvo radiactivo y a aislar parcialmente el foco.
En la foto: Helicópteros realizan tareas de descontaminación de los edificios.

Paralelamente, se desarrollaba otra operación subterránea. Surgió el riesgo de que los restos fundidos del núcleo se hundieran y contaminaran las aguas subterráneas. Para evitarlo, bajo el bloque destruido se excavó urgentemente un túnel y se construyó una base de hormigón con un sistema de refrigeración.
En la foto: Dosimetristas miden los niveles de radiación en el territorio de la planta.

Tras el accidente de la central de Chernóbil, a todos los que participaron en la eliminación de sus consecuencias se les empezó a llamar "liquidadores". Fueron cientos de miles de personas. Según las estimaciones más extendidas, alrededor de 600.000.
En la foto: Dosimetristas con trajes especiales realizan un control de radiación en los campos de la zona del accidente.

Entre los liquidadores se encontraban empleados de la central, bomberos, militares, ingenieros, científicos, constructores del sarcófago, conductores, médicos y agentes de las fuerzas del orden. Los trabajos se realizaban por turnos para limitar la dosis acumulada, aunque en los primeros días el control de radiación era muy rudimentario y escaseaban los medios de protección.
En la foto: Soldados con trajes protectores realizan la descontaminación de un helicóptero tras la explosión.

Las tareas más peligrosas eran las realizadas cerca del reactor: la limpieza de los techos de grafito, la remoción de escombros y la extinción de incendios.
Donde la maquinaria no resistía, trabajaban las personas, a las que llamaban "biorrobots". Los primeros liquidadores fueron los empleados de la central y los bomberos que llegaron la noche del accidente. Precisamente, entre ellos, se registraron los casos más graves de irradiación aguda.
En la foto: Montaje del techo sobre el cuarto bloque averiado.

En 1986-1987 se desarrolló la etapa principal de los trabajos: extinción de los incendios, retirada de suelo contaminado, limpieza del territorio, construcción de estructuras protectoras y evacuación de la población.
Gracias al heroísmo de los liquidadores, se logró reducir considerablemente las emisiones radiactivas y aislar el reactor destruido, evitando que el accidente se convirtiera en una catástrofe aún mayor.
En la foto: Nuevo turno de liquidadores se dirige a trabajar en el cuarto bloque.

Junto con las operaciones desde el aire, se desplegó un gran trabajo en tierra. Militares y liquidadores lavaban fachadas, retiraban la capa contaminada del suelo, limpiaban vías y descontaminaban los sistemas de agua potable. Se llevó a cabo una limpieza exhaustiva de zonas habitadas e infraestructura.
En la foto: Especialistas desde un helicóptero toman muestras de agua en los refrigeradores del reactor.

Según la ONU, 31 personas murieron inmediatamente después de la explosión.
La secuela médica más destacada fue el brusco aumento de cáncer de tiroides en niños y adolescentes: más de 6.000 casos hasta el año 2005, en su mayoría por el consumo de leche contaminada con yodo radiactivo.
En la foto: Persona afectada por el accidente de la central nuclear de Chernóbil.

De acuerdo con la ONU, unos 155.000 km² resultaron contaminados en Bielorrusia, Rusia y Ucrania, un tercio de ellos tierras de cultivo. Se creó una zona de exclusión de 30 km en los primeros días, de la que fueron evacuadas cerca de 116.000 personas. Desde entonces, el área permanece prácticamente desierta.
Con los años, el territorio se ha llenado de bosques, la radiación ambiental ha bajado, pero los radionúclidos persisten en el suelo, la vegetación y la fauna.
En la foto: El abandonado Palacio de la Cultura Energuétik, dentro de la zona de exclusión de la central de Chernóbil.

Chernóbil obligó a revisar por completo los enfoques de seguridad nuclear. Se intensificaron las investigaciones sobre accidentes graves, se modernizaron los reactores (especialmente los RBMK y VVER), se endurecieron los reglamentos y los sistemas de respuesta.
La presión de la opinión pública llevó a la paralización de muchos proyectos, pero no se produjo un rechazo total a la energía nuclear: el sector continuó desarrollándose con un fuerte énfasis en la protección multicapa.
En la foto: Arco de protección sobre el Sarcófago (en el cuarto bloque) de la planta de Chernóbil.

El accidente impulsó un sistema de cooperación internacional: se establecieron notificaciones urgentes sobre incidentes, acuerdos de asistencia mutua y la Convención sobre Seguridad Nuclear.
En la foto: Niño de la localidad afectada por la radiación, tras el accidente de Chernóbil.

"La principal causa del accidente no fueron los errores del personal, sino la combinación de defectos de construcción del reactor y las insuficiencias del sistema de gestión de la seguridad", destacó el académico Valeri Legásov, uno de los participantes clave en la investigación.
En la foto: Valeri Legásov, miembro de la Academia de las Ciencias de la URSS.
