De la Operación Ajax al asesinato del ayatolá Jamenei: así ha sido la campaña de EEUU contra Irán
De la Operación Ajax al asesinato del ayatolá Jamenei: así ha sido la campaña de EEUU contra Irán
Sputnik Mundo
Desde el golpe de Estado contra el primer ministro Mohammad Mossadegh en 1953, hasta el establecimiento de sanciones económicas y el reciente asesinato del... 07.03.2026, Sputnik Mundo
Las recientes agresiones contra la población iraní no son un hecho aislado, sino el último eslabón de una política estadounidense de constante desestabilización y hostilidad hacia Teherán que ya lleva más de siete décadas. Este capítulo, promovido por Israel y enmarcado en una estrategia bélica más amplia de Washington contra sus adversarios, tiene como principal antecedente la llamada "Operación Ajax", cuando la CIA y el MI6 británico orquestaron el derrocamiento del primer ministro democráticamente electo, Mohammad Mossadegh, durante los primeros años de la llamada Guerra Fría.Este episodio resultó fundacional para la política exterior de EEUU —fue el primer proyecto de "cambio de régimen" llevado a cabo por la Casa Blanca— y desde aquel golpe de Estado, la diplomacia estadounidense de constante confrontación contra la nación persa no ha hecho más que alimentarse de sanciones, sabotajes y operaciones militares que vuelven a poner al mundo al borde de un conflicto de proporciones impredecibles.El origen de la Operación Ajax, como sucedería un año después en Brasil tras la creación del entonces presidente Getulio Vargas de la empresa Petrobras, que precipitó su caída a manos de militares apoyados por EEUU, tuvo como disparador el anuncio de Mossadegh de nacionalizar el petróleo iraní, expoliado por empresas británicas como BP. Desde ese momento, e incentivado por Londres y sus cabilderos en Washington, el Gobierno del presidente Dwight D. Eisenhower puso en marcha una campaña de desestabilización —que incluyó pagar a manifestantes y campañas de desprestigio contra Mossadegh tanto en el exterior como dentro del país— para asegurarse el flujo de crudo y obtener el control en una zona clave de Oriente Medio. Esta operación no solo frenó el incipiente movimiento político aperturista en Irán, sino que reinstauró una monarquía absoluta que actuaría como un peón de los intereses estadounidenses hasta la Revolución Islámica depusiera al Sha Mohammad Reza Pahlavi en 1979.Hipocresía estadounidenseNo solo eso, añadió la experta, sino que la propia CIA y el Mossad tuvieron un papel clave en la creación y el entrenamiento de la SAVAK, la temida policía secreta del Sha. Esta estructura represiva —de la que solo estaban exentas, por respeto a las costumbres religiosas, las mezquitas de todo el país, lo cual facilitaría posteriormente que los clérigos se convirtieran en la vanguardia de la resistencia iraní que derivó en la Revolución Islámica— estaba diseñada para terminar con cualquier forma de disidencia interna. "Pese al discurso de Washington de su defensa de los derechos humanos, las acciones de la Casa Blanca con respecto a Irán, Vietnam y América Latina, entre otras regiones, dejó en claro en aquel momento la hipocresía estadounidense, evidenciando que el discurso de la libertad era una fachada para realizar una política de intervencionismo y saqueo en todo el mundo", afirmó.El entrometimiento como política de EstadoCon la caída del Sha, luego de gobernar el país con puño de hierro por 26 años, la estrategia estadounidense de agresión contra Irán se centró en el estrangulamiento económico y la guerra a través de proxys como Irak.El objetivo, al igual que en muchos otros países que fueron blanco de la misma política, era generar condiciones económicas y sociales tan extremas que los ciudadanos exigieran un cambio de régimen. Sin embargo, Irán pudo prosperar gracias al apoyo de países como China, que desafiaron el boicot de Washington y se convirtieron en algunos de sus socios comerciales más importantes.Esto no significa que EEUU abandonó completamente las confrontaciones militares directas. En 1986, en lo que se dio a llamar "Operación Mantis Religiosa", la Marina estadounidense destruyó dos plataformas petrolíferas iraníes y hundió o dañó gravemente a seis embarcaciones de la Armada de Irán, incluyendo dos de sus fragatas más nuevas.Apenas meses después, el crucero estadounidense USS Vincennes derribó un avión civil de Iran Air (Vuelo 655) que sobrevolaba territorio persa, causando la muerte de 290 civiles. Si bien el Pentágono argumentó que se trató de un accidente causado por un "error de identificación", el presidente Ronald Reagan envió una nota diplomática a Teherán manifestando su "profundo pesar" por las muertes causadas, aunque sin llegar a admitir la responsabilidad o pedir disculpas públicamente.En 1995, el presidente Bill Clinton —que llegó al poder prometiendo que se enfocaría en la economía y no en guerras foráneas— endureció significativamente el cerco contra Teherán al prohibir toda inversión estadounidense en el sector petrolero iraní, medida reforzada el año siguiente con una ley que penalizada a cualquier empresa extranjera que invirtiera en la nación persa.En los años siguientes, y tras una nueva guerra lanzada por Washington en Oriente Medio contra países como Afganistán e Irak (que pasó de aliado por conveniencia a enemigo), Irán sería víctima, entre otros ataques propiciados por EEUU, del virus cibernético Stuxnet (2010) en instalaciones estatales, como también el asesinato del general Qasem Soleimani, comandante de la Fuerza Quds (2020), además del homicidio de numerosos científicos nucleares.Una justificación desacreditadaEn los dos últimos casos, como sucedió el 28 de febrero tras los ataques de EEUU a Israel, el Pentágono explicó su accionar beligerante alegando que Irán estaba planeando ataques "inminentes" y que por lo tanto las ofensivas estaban plenamente justificadas, recuerda Adrián Palomino, internacionalista egresado de la Universidad de Lima.Sin embargo, el experto señala que estas explicaciones "están cada vez más desacreditadas, no solo en la opinión pública mundial sino entre los propios estadounidenses, que en su mayoría rechazan una nueva guerra en Oriente Medio, según se desprende de todos los sondeos.Esta nueva oleada de "cruentos" ataques, incluyendo nada menos el asesinato del líder supremo y hasta varios altos mandos, no solo demuestra que EEUU "ignora cuando le conviene las leyes internacionales, sino que dinamita cualquier entendimiento que pueda traer paz a la región, una actitud que solo conviene a quienes se benefician de guerras perpetuas", concluyó el analista.
Desde el golpe de Estado contra el primer ministro Mohammad Mossadegh en 1953, hasta el establecimiento de sanciones económicas y el reciente asesinato del líder supremo iraní tras lanzar una ofensiva junto a Israel, las acciones de Washington solo han buscado "asfixiar y explotar" a la nación persa, dijo a Sputnik un experto.
Las recientes agresiones contra la población iraní no son un hecho aislado, sino el último eslabón de una política estadounidense de constante desestabilización y hostilidad hacia Teherán que ya lleva más de siete décadas.
Este episodio resultó fundacional para la política exterior de EEUU —fue el primer proyecto de "cambio de régimen" llevado a cabo por la Casa Blanca— y desde aquel golpe de Estado, la diplomacia estadounidense de constante confrontación contra la nación persa no ha hecho más que alimentarse de sanciones, sabotajes y operaciones militares que vuelven a poner al mundo al borde de un conflicto de proporciones impredecibles.
El origen de la Operación Ajax, como sucedería un año después en Brasil tras la creación del entonces presidente Getulio Vargas de la empresa Petrobras, que precipitó su caída a manos de militares apoyados por EEUU, tuvo como disparador el anuncio de Mossadegh de nacionalizar el petróleo iraní, expoliado por empresas británicas como BP.
Desde ese momento, e incentivado por Londres y sus cabilderos en Washington, el Gobierno del presidente Dwight D. Eisenhower puso en marcha una campaña de desestabilización —que incluyó pagar a manifestantes y campañas de desprestigio contra Mossadegh tanto en el exterior como dentro del país— para asegurarse el flujo de crudo y obtener el control en una zona clave de Oriente Medio.
Esta operación no solo frenó el incipiente movimiento político aperturista en Irán, sino que reinstauró una monarquía absoluta que actuaría como un peón de los intereses estadounidenses hasta la Revolución Islámica depusiera al Sha Mohammad Reza Pahlavi en 1979.
Hipocresía estadounidense
"El golpe de 1953 fue la primera gran prueba que, para Washington, la autodeterminación de los pueblos era secundaria frente a la rentabilidad de sus corporaciones y los beneficios geopolíticos, prefiriendo un dictador brutal, pero obediente, a un líder democrático e independiente", le dijo a Sputnik Claudia Veiroj, internacionalista egresada de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
No solo eso, añadió la experta, sino que la propia CIA y el Mossad tuvieron un papel clave en la creación y el entrenamiento de la SAVAK, la temida policía secreta del Sha. Esta estructura represiva —de la que solo estaban exentas, por respeto a las costumbres religiosas, las mezquitas de todo el país, lo cual facilitaría posteriormente que los clérigos se convirtieran en la vanguardia de la resistencia iraní que derivó en la Revolución Islámica— estaba diseñada para terminar con cualquier forma de disidencia interna.
"Pese al discurso de Washington de su defensa de los derechos humanos, las acciones de la Casa Blanca con respecto a Irán, Vietnam y América Latina, entre otras regiones, dejó en claro en aquel momento la hipocresía estadounidense, evidenciando que el discurso de la libertad era una fachada para realizar una política de intervencionismo y saqueo en todo el mundo", afirmó.
El entrometimiento como política de Estado
Con la caída del Sha, luego de gobernar el país con puño de hierro por 26 años, la estrategia estadounidense de agresión contra Irán se centró en el estrangulamiento económico y la guerra a través de proxys como Irak.
El objetivo, al igual que en muchos otros países que fueron blanco de la misma política, era generar condiciones económicas y sociales tan extremas que los ciudadanos exigieran un cambio de régimen. Sin embargo, Irán pudo prosperar gracias al apoyo de países como China, que desafiaron el boicot de Washington y se convirtieron en algunos de sus socios comerciales más importantes.
Esto no significa que EEUU abandonó completamente las confrontaciones militares directas. En 1986, en lo que se dio a llamar "Operación Mantis Religiosa", la Marina estadounidense destruyó dos plataformas petrolíferas iraníes y hundió o dañó gravemente a seis embarcaciones de la Armada de Irán, incluyendo dos de sus fragatas más nuevas.
Apenas meses después, el crucero estadounidense USS Vincennes derribó un avión civil de Iran Air (Vuelo 655) que sobrevolaba territorio persa, causando la muerte de 290 civiles. Si bien el Pentágono argumentó que se trató de un accidente causado por un "error de identificación", el presidente Ronald Reagan envió una nota diplomática a Teherán manifestando su "profundo pesar" por las muertes causadas, aunque sin llegar a admitir la responsabilidad o pedir disculpas públicamente.
En 1995, el presidente Bill Clinton —que llegó al poder prometiendo que se enfocaría en la economía y no en guerras foráneas— endureció significativamente el cerco contra Teherán al prohibir toda inversión estadounidense en el sector petrolero iraní, medida reforzada el año siguiente con una ley que penalizada a cualquier empresa extranjera que invirtiera en la nación persa.
En los años siguientes, y tras una nueva guerra lanzada por Washington en Oriente Medio contra países como Afganistán e Irak (que pasó de aliado por conveniencia a enemigo), Irán sería víctima, entre otros ataques propiciados por EEUU, del virus cibernético Stuxnet (2010) en instalaciones estatales, como también el asesinato del general Qasem Soleimani, comandante de la Fuerza Quds (2020), además del homicidio de numerosos científicos nucleares.
Una justificación desacreditada
En los dos últimos casos, como sucedió el 28 de febrero tras los ataques de EEUU a Israel, el Pentágono explicó su accionar beligerante alegando que Irán estaba planeando ataques "inminentes" y que por lo tanto las ofensivas estaban plenamente justificadas, recuerda Adrián Palomino, internacionalista egresado de la Universidad de Lima.
Sin embargo, el experto señala que estas explicaciones "están cada vez más desacreditadas, no solo en la opinión pública mundial sino entre los propios estadounidenses, que en su mayoría rechazan una nueva guerra en Oriente Medio, según se desprende de todos los sondeos.
"La gente ya sabe que la única respuesta de EEUU ante la disidencia geopolítica, especialmente de países con petróleo, es la aniquilación física o económica, una forma de generar caos e inestabilidad para seguir perpetuando su hegemonía o la de socios como Israel", afirma.
Esta nueva oleada de "cruentos" ataques, incluyendo nada menos el asesinato del líder supremo y hasta varios altos mandos, no solo demuestra que EEUU "ignora cuando le conviene las leyes internacionales, sino que dinamita cualquier entendimiento que pueda traer paz a la región, una actitud que solo conviene a quienes se benefician de guerras perpetuas", concluyó el analista.
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