Argentina registra uno de sus niveles más altos de informalidad laboral
Argentina registra uno de sus niveles más altos de informalidad laboral
Sputnik Mundo
La suma entre los trabajadores no registrados y los cuentapropistas ya supera al total de asalariados formales. El fenómeno se profundiza al calor de los... 24.01.2026, Sputnik Mundo
La precarización laboral avanza silenciosa, pero rápidamente, en Argentina. Frente a los crecientes despidos por la caída en la producción y el consumo, la informalidad comienza a absorber a los caídos del mapa del empleo registrado. El fenómeno, que dista de ser una novedad absoluta, rompió un récord histórico en la última medición oficial.En 2025, la tasa de informalidad alcanzó el 43%, uno de sus valores más altos en la historia reciente. Además, por primera vez, la suma de trabajadores "en negro" (en la informalidad) y cuentapropistas —autónomos, pero frecuentemente sujetos a una relación de dependencia encubierta— superó a la de los asalariados registrados.Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), sobre un total de 22,6 millones de personas ocupadas, los asalariados registrados suman alrededor de 11 millones, mientras que los trabajadores no registrados y por cuenta propia alcanzan cerca de 11,6 millones.El deterioro del empleo formal se profundizó en los últimos dos años. Según datos oficiales del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), se eliminaron 300.000 puestos de trabajo registrados desde el 2023, con caídas concentradas en la industria, la construcción y el comercio. Se trata de sectores intensivos en mano de obra, golpeados por la retracción del consumo y la mayor competencia de productos importados.Los datos oficiales muestran que hay más de 5,6 millones de asalariados que trabajan en la más absoluta intemperie legal, sin aportes jubilatorios ni protección laboral. A ellos se suman casi 6 millones de cuentapropistas, un segmento donde la informalidad supera el 60%, lo que refuerza la idea de que el autoempleo funciona como refugio ante la falta de empleo registrado.El impacto es especialmente fuerte entre los jóvenes. Cerca de seis de cada 10 trabajadores de entre 16 y 24 años se desempeñan en condiciones informales, una proporción muy superior al promedio general. El fenómeno también es más frecuente en actividades como el servicio doméstico, la construcción, el comercio minorista y el sector agropecuario.De acuerdo a especialistas, la caída del empleo registrado se explica por la combinación de factores macroeconómicos. La contracción del consumo interno redujo la demanda de trabajo en sectores orientados al mercado local, mientras que la apertura comercial presionó sobre ramas industriales que ya enfrentaban problemas de competitividad y costos elevados.El avance de la informalidad tiene consecuencias directas sobre los ingresos y el sistema de seguridad social. Diversos estudios indican que los trabajadores informales perciben salarios sustancialmente más bajos que los registrados y aportan menos recursos al sistema previsional, lo que tensiona las cuentas públicas a mediano plazo.Si bien los informes indican que la precarización laboral se profundizó desde el año 2023 —coincidente con la asunción de Javier Milei y la contracción en la producción local—, el fenómeno dista de ser nuevo. En la última década, la informalidad se acrecentó también persistentemente durante los gobiernos de Mauricio Macri (2015-2019), Alberto Fernández (2019-2023). El crecimiento secular de la informalidad en Argentina ya reviste un carácter estructural.Precarización en primera personaEzequiel tiene 33 años y vive en la Ciudad de Buenos Aires. Docente de formación, la caída de su poder adquisitivo lo llevó a buscar un complemento de ingresos en las plataformas de reparto. "Trabajo en la escuela durante el día y más hacia la tarde o noche salgo a trabajar para la aplicación", cuenta en diálogo con Sputnik.Hasta el 2021, Ezequiel atravesó distintos rubros, alternando entre formales e informales. Sin embargo, durante la pandemia, fue despedido del local gastronómico donde trabajaba, producto de lo cual se volcó —como tantos otros desempleados— al reparto de paquetes, así como el transporte de personas y comida. Sin embargo, tanto las condiciones como los ingresos son sustancialmente diferentes.Bajo esa óptica, a fin de alcanzar un ingreso de un millón y medio de pesos —unos 1.000 dólares, apenas por encima de la línea de pobreza de una familia—, "tenés que estar más o menos 70 horas en la calle", esgrime. "Estamos hablando del ingreso bruto, porque a eso hay que restarle el costo de la nafta, la comida, el internet del celular y demás gastos que se desprenden del mismo trabajo".La precariedad, por supuesto, no es solo cuestión de ingresos. "El tema central es que las empresas no se hacen cargo de nada: no te consideran un trabajador ni te asisten si se rompe tu bicicleta o moto. Ante cualquier problema, estás solo. Esto complica a muchos compañeros, por eso se trabaja cada vez peor", remarca Ezequiel.Un problema estructural"La característica de este modelo no es una desocupación abierta, sino una transferencia de trabajo con derechos hacia un nivel de subsistencia; es decir que no aumenta el desempleo, sino la precariedad", sintetizó la exministra de Trabajo Raquel Olmos (2022-2023) para Sputnik en referencia a la situación de Ezequiel.Según la analista, la situación resulta inescindible del deterioro del aparato productivo y, en particular, con la situación de la industria. "Las actividades que ofrecen salarios con derechos y posibilidades de progreso, como la industria, están en un mínimo histórico de utilización de capacidad instalada, lo que lleva a despidos cuyos afectados no son absorbidos por el sistema formal", remarcó.Desde su perspectiva, el cambio en la composición del empleo no es un efecto colateral, sino un engranaje central del nuevo mapa del trabajo. "El Gobierno tiene como horizonte una muy fuerte primarización de la economía argentina y no ha tomado ningún resguardo para proteger a la actividad industrial", sostuvo, y advirtió que la eventual reversión del proceso no sería inmediata ni gratuita. "Todo es posible de revertir, pero con un altísimo costo social y con trayectorias de vida que no lo van a poder superar", agregó.El investigador Luis Campos, titular del Instituto de Estudios y Formación de la Central de Trabajadores Argentinos, aportó el respaldo empírico a ese diagnóstico. Consultado por Sputnik, el especialista destacó que "de los 450.000 nuevos puestos de trabajo creados desde 2023, dos de cada tres se explican por trabajo por cuenta propia y uno de cada tres por asalariados no registrados". En paralelo, remarcó que "el empleo formal, tanto público como privado, se mantuvo estancado".Campos describió la mecánica concreta de ese desplazamiento: "La gente se baja una aplicación en el teléfono o vende comida desde su casa: es un mercado laboral de subsistencia y muy baja productividad".En ese marco, el experto relativizó el impacto de una eventual reforma normativa. "La legislación laboral por sí sola ni crea ni destruye empleo; opera en el margen", afirmó, y subrayó que "la dinámica del mercado de trabajo está condicionada por el nivel y la composición del crecimiento económico".
La suma entre los trabajadores no registrados y los cuentapropistas ya supera al total de asalariados formales. El fenómeno se profundiza al calor de los crecientes despidos en la industria y el auge de la economía de plataformas. "No aumenta el desempleo, sino la precariedad", dijo a Sputnik la exministra de Trabajo Raquel Olmos.
La precarización laboral avanza silenciosa, pero rápidamente, en Argentina. Frente a los crecientes despidos por la caída en la producción y el consumo, la informalidad comienza a absorber a los caídos del mapa del empleo registrado. El fenómeno, que dista de ser una novedad absoluta, rompió un récord histórico en la última medición oficial.
En 2025, la tasa de informalidad alcanzó el 43%, uno de sus valores más altos en la historia reciente. Además, por primera vez, la suma de trabajadores "en negro" (en la informalidad) y cuentapropistas —autónomos, pero frecuentemente sujetos a una relación de dependencia encubierta— superó a la de los asalariados registrados.
Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), sobre un total de 22,6 millones de personas ocupadas, los asalariados registrados suman alrededor de 11 millones, mientras que los trabajadores no registrados y por cuenta propia alcanzan cerca de 11,6 millones.
El deterioro del empleo formal se profundizó en los últimos dos años. Según datos oficiales del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), se eliminaron 300.000 puestos de trabajo registrados desde el 2023, con caídas concentradas en la industria, la construcción y el comercio. Se trata de sectores intensivos en mano de obra, golpeados por la retracción del consumo y la mayor competencia de productos importados.
Uno de los datos centrales remite a que, a diferencia de crisis anteriores, la destrucción de empleo formal no derivó en un salto equivalente del desempleo abierto. En cambio, el ajuste se canalizó mediante un crecimiento del empleo informal y del trabajo independiente precario, lo que amortiguó el impacto estadístico, pero profundizó la pérdida de calidad laboral y de cobertura social.
Los datos oficiales muestran que hay más de 5,6 millones de asalariados que trabajan en la más absoluta intemperie legal, sin aportes jubilatorios ni protección laboral. A ellos se suman casi 6 millones de cuentapropistas, un segmento donde la informalidad supera el 60%, lo que refuerza la idea de que el autoempleo funciona como refugio ante la falta de empleo registrado.
El impacto es especialmente fuerte entre los jóvenes. Cerca de seis de cada 10 trabajadores de entre 16 y 24 años se desempeñan en condiciones informales, una proporción muy superior al promedio general. El fenómeno también es más frecuente en actividades como el servicio doméstico, la construcción, el comercio minorista y el sector agropecuario.
De acuerdo a especialistas, la caída del empleo registrado se explica por la combinación de factores macroeconómicos. La contracción del consumo interno redujo la demanda de trabajo en sectores orientados al mercado local, mientras que la apertura comercial presionó sobre ramas industriales que ya enfrentaban problemas de competitividad y costos elevados.
El avance de la informalidad tiene consecuencias directas sobre los ingresos y el sistema de seguridad social. Diversos estudios indican que los trabajadores informales perciben salarios sustancialmente más bajos que los registrados y aportan menos recursos al sistema previsional, lo que tensiona las cuentas públicas a mediano plazo.
Si bien los informes indican que la precarización laboral se profundizó desde el año 2023 —coincidente con la asunción de Javier Milei y la contracción en la producción local—, el fenómeno dista de ser nuevo. En la última década, la informalidad se acrecentó también persistentemente durante los gobiernos de Mauricio Macri (2015-2019), Alberto Fernández (2019-2023). El crecimiento secular de la informalidad en Argentina ya reviste un carácter estructural.
Precarización en primera persona
Ezequiel tiene 33 años y vive en la Ciudad de Buenos Aires. Docente de formación, la caída de su poder adquisitivo lo llevó a buscar un complemento de ingresos en las plataformas de reparto. "Trabajo en la escuela durante el día y más hacia la tarde o noche salgo a trabajar para la aplicación", cuenta en diálogo con Sputnik.
Hasta el 2021, Ezequiel atravesó distintos rubros, alternando entre formales e informales. Sin embargo, durante la pandemia, fue despedido del local gastronómico donde trabajaba, producto de lo cual se volcó —como tantos otros desempleados— al reparto de paquetes, así como el transporte de personas y comida. Sin embargo, tanto las condiciones como los ingresos son sustancialmente diferentes.
"Para tener un sueldo más o menos decente en estas plataformas, hay que trabajar como mínimo unas 60 horas semanales", calcula.
Bajo esa óptica, a fin de alcanzar un ingreso de un millón y medio de pesos —unos 1.000 dólares, apenas por encima de la línea de pobreza de una familia—, "tenés que estar más o menos 70 horas en la calle", esgrime. "Estamos hablando del ingreso bruto, porque a eso hay que restarle el costo de la nafta, la comida, el internet del celular y demás gastos que se desprenden del mismo trabajo".
La precariedad, por supuesto, no es solo cuestión de ingresos. "El tema central es que las empresas no se hacen cargo de nada: no te consideran un trabajador ni te asisten si se rompe tu bicicleta o moto. Ante cualquier problema, estás solo. Esto complica a muchos compañeros, por eso se trabaja cada vez peor", remarca Ezequiel.
Consultado por la reforma laboral que impulsa el Gobierno de Milei, Ezequiel remarcó que "hay que organizarse para frenarla, porque termina de asentar esta situación de precarización, excluyéndonos del acceso a derechos que deberían corresponder a todos los trabajadores".
Un problema estructural
"La característica de este modelo no es una desocupación abierta, sino una transferencia de trabajo con derechos hacia un nivel de subsistencia; es decir que no aumenta el desempleo, sino la precariedad", sintetizó la exministra de Trabajo Raquel Olmos (2022-2023) para Sputnik en referencia a la situación de Ezequiel.
Según la analista, la situación resulta inescindible del deterioro del aparato productivo y, en particular, con la situación de la industria. "Las actividades que ofrecen salarios con derechos y posibilidades de progreso, como la industria, están en un mínimo histórico de utilización de capacidad instalada, lo que lleva a despidos cuyos afectados no son absorbidos por el sistema formal", remarcó.
Desde su perspectiva, el cambio en la composición del empleo no es un efecto colateral, sino un engranaje central del nuevo mapa del trabajo. "El Gobierno tiene como horizonte una muy fuerte primarización de la economía argentina y no ha tomado ningún resguardo para proteger a la actividad industrial", sostuvo, y advirtió que la eventual reversión del proceso no sería inmediata ni gratuita. "Todo es posible de revertir, pero con un altísimo costo social y con trayectorias de vida que no lo van a poder superar", agregó.
El investigador Luis Campos, titular del Instituto de Estudios y Formación de la Central de Trabajadores Argentinos, aportó el respaldo empírico a ese diagnóstico. Consultado por Sputnik, el especialista destacó que "de los 450.000 nuevos puestos de trabajo creados desde 2023, dos de cada tres se explican por trabajo por cuenta propia y uno de cada tres por asalariados no registrados". En paralelo, remarcó que "el empleo formal, tanto público como privado, se mantuvo estancado".
Campos describió la mecánica concreta de ese desplazamiento: "La gente se baja una aplicación en el teléfono o vende comida desde su casa: es un mercado laboral de subsistencia y muy baja productividad".
En ese marco, el experto relativizó el impacto de una eventual reforma normativa. "La legislación laboral por sí sola ni crea ni destruye empleo; opera en el margen", afirmó, y subrayó que "la dinámica del mercado de trabajo está condicionada por el nivel y la composición del crecimiento económico".
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