Para Berta López, quien trabaja como agente inmobiliaria, la cuota de unos 400 dólares que pagó por un pozo profundo en su edificio ubicado en Los Palos Grandes, un sector residencial del noreste de Caracas, "fue insignificante si se compara con el bienestar que trajo".

En las urbanizaciones de mayor poder adquisitivo y en las de viviendas de bajo costo, todos definen como "un sufrimiento" el no poder contar con agua de manera permanente.
Pero abrir un pozo no es posible para todos, porque sus precios oscilan entre 20.000 y 30.000 dólares dependiendo de los equipos que se compren, la empresa que se contrate y la profundidad a la que esté el agua.
Todos los que optan por esta opción tienen que realizar un examen especial a la calidad del agua que sale del pozo y trámite de perisología ante el Ministerio de Ecosocialismo y Aguas, que algunas veces demora incluso más que la recolección de los recursos.
Tres pozos al mes
El teléfono del ingeniero industrial César Aguirre, QUIEN dirige la empresa Multiaguas, una de las tantas que se dedican a perforar pozos profundos, no ha parado de sonar en los últimos meses.
El primer paso es un estudio técnico y un sondeo eléctrico de la zona en la que los vecinos quieren abrir el pozo para conocer la estructura geofísica del terreno y saber las posibilidades de agua que tienen.
Una vez perforado el pozo se equipa con bombas, y el ingeniero y su equipos les indican la calidad, el tipo de agua, su disposición final y se recomienda un tratamiento "que más que todo es cloración, porque las aguas son bastante puras. En Caracas se saca el agua después de 60 metros".
Aguirre contó que "se reciben más pedidos del lado norte, lo que es la parte más castigada: Altamira, (Chacao), Sebucán y La Castellana. Allí, están haciendo bastantes pozos, es la parte que tiene más problemas de distribución de agua".
Basta con hacer un recorrido por las zonas mencionadas por Aguirre, para darse cuenta de la presencia de las enormes máquinas perforadoras de pozos profundos.
Fin del sufrimiento
Hace seis meses, el edificio en el que vive Fernando Pérez, de 64 años, residente de los Palos Grandes, se unió a los que tienen pozos y con eso pusieron fin a su sufrimiento.
"Eso era una verdadera tragedia", contó el hombre al explicar que se aferraba a su tanque de 500 litros "para medio resolver" y bajar los inodoros, aunque para bañarse o lavar su ropa acudía a la casa de su hermana que desde hace varios años cuenta con un pozo.
Cuando la situación era más grave, a los vecinos no les quedaba otra que pagar hasta 500 dólares por un camión cisterna.
"Yo me iba a bañar en la casa de mi hermana que tenía ya pozo, pero era desesperante, no te imaginas la felicidad que tenemos nosotros con agua 24 hora al día, durante los siete días", agregó.
Mucha gente, poca agua
Usualmente, las urbanizaciones o zonas residenciales de Venezuela dependen del Gobierno para servicios como: agua, electricidad, aseo, asfaltado, telecomunicaciones y gas.
A problemas eléctricos, fallas con algunos equipos y denunciados retrasos en mantenimientos, se suma que Caracas y en específico la región norte central del país concentra la mayor parte de la población y tiene menos del 15% de los recursos hídricos del país, de acuerdo con un estudio publicado en febrero de 2019 por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.



