"La carta de renuncia es muy fuerte", comentó a Sputnik Alejandro Álvarez Béjar profesor en Economía con cuatro décadas de experiencia en la Unam.
La carta sin embargo, indicó dos cosas: "que Carlos Urzúa no tenía un equipo propio sino que lo tuvo que compartir y que, según su queja, estaba participando gente que no tenía capacidad técnica", dijo el analista.

Urzúa ya había ocupado el mismo puesto cuando Andrés Manuel López Obrador (AMLO) fue jefe de Gobierno de la ciudad de México (2000-2005), cargo que también abandonó en su momento. Esta vez, la diferencia fue que su carta de renuncia tuvo un tinte político, un golpe de efecto que buscó repercutir en el monolítico apoyo que caracterizó el año transcurrido desde la victoria electoral de López Obrador.
"Aunque las encuestas insisten en dar todavía una enorme aprobación a López Obrador, hay una cantidad de gente de distintos sectores que está haciendo propias las críticas y comentándolas en voz alta, una cosa que no ocurría al principio", sostuvo Álvarez.
"Lo que suelen atribuir como respuesta de los mercados no me pareció muy escandalosa y la explicación que tengo es que en realidad no hay nada fuera de control, más bien hay excesos de control", expresó.
Un problema de recorte
Para el analista, el centro del problema es la "obsesión con los recortes, la contención del gasto y la discusión sobre lo que viene en la segunda parte del año. La pelea está alrededor de empezar a aflojar la restricción económica", sostuvo.
Álvarez Béjar señaló que el exsecretario era partidario de los recortes aplicados en toda la administración pública, los servicios de salud, educación y en áreas culturales.
"Urzúa dijo en su carta que él trató de mantener un equilibrio ante extremismos de derecha e izquierda, pero no creo que en el Gobierno haya ningún extremista de izquierda ¡ni remotamente! Más bien es la gente de derecha que está obsesionada con el problema", dijo.
El profesor señaló que a pesar de estas palabras, el exsecretario no dejó claro, de manera explícita, cuál es la política que defendió y le fue vetada: "cuál sería el camino que habría que andar", expresó Álvarez.
"En la críptica política mexicana, necesitas desencriptar lo que están diciendo. Hay que atender los primeros anuncios que se hagan ahora, en relación con el subejercicio del gasto y el problema del presupuesto para el año que viene", dijo.
Perspectivas económicas
La fuente señaló que el panorama para la economía mexicana es delicado: hay una caída de indicadores de consumo y mayores dificultades relacionadas al endeudamiento. Además —sostuvo— se prevé una inminente recesión internacional para el año 2020.
"Si vamos a llegar con restricciones de gasto público al año 20 no se va a poder hacer nada. La restricción va a ser brutal y el horno no está para bollos", dijo Álvarez, indicando que de no destrabar el gasto público rápidamente, el Gobierno de AMLO va a tener pocas posibilidades de innovar en su política, ante un contexto internacional desfavorable.
"Tienen que imaginar formas de gasto que tengan efecto multiplicativo", indicó el experto, que señaló la pertinencia de invertir en proyectos de infraestructura urbana y rural "que permitan empezar a mover la maquinaria y arrastrar a sectores que puedan mover empleo", sostuvo.
En contrapartida, desaconsejó el otorgamiento de becas, a las que calificó como una 'debilidad' de la política del Gobierno actual: "creen que con esas becas ya se resolvió todo y eso no resuelve absolutamente nada", apuntó.
Según Álvarez, no se trata de consolidar las megaobras anunciadas como proyectos medulares en los discursos de López Obrador (refinería de dos bocas, tren maya, tren trans-ístmico) porque éstas "son de lenta maduración y no le va a funcionar".
"Ahorita se necesitan proyectos de efecto más o menos rápido, que permitan desbloquear canales para que la cosa (la economía interna y el consumo) se reanime", concluyó.