Durante muchos años distintos historiadores creían que los armeros de la Antigua China cubrieron las armas de los Guerreros de terracota con una capa protectora que contenía cromo. Ellos llegaron a esta conclusión al descubrir la presencia de cromo en varias hojas de sus espadas.
El profesor Marcos Martinón-Torres, de la Universidad de Cambridge, y sus colegas consideran que es posible que la buena preservación se deba a los altos niveles de estaño que contienen sus armas.
Además, la naturaleza del suelo de la meseta de Loes en la que los Guerreros de terracota fueron sepultados también contribuyó a su preservación. Resulta que su suelo tiene un pH moderadamente alto, partículas de tamaño pequeño, baja aireación y contenido orgánico. Todas estas características frenan los procesos de corrosión, dice el estudio publicado en la revista Nature.
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Los Guerreros de terracota son un conjunto de más de 8.000 figuras de soldados y caballos que fueron enterrados cerca del autoproclamado primer emperador de China, Qin Shi Huang. Su hallazgo se produjo en 1974 durante la implementación de las obras de abastecimiento de agua. Actualmente los Guerreros de terracota se encuentran dentro del Mausoleo de Qin Shi Huang.