Así ha bautizado su aventura global el trío de alpinistas y exploradores formado por Pepe Ivars, Albert Bosch y Pako Crestas, según señala el primero en una entrevista con Sputnik.
"Es un proyecto deportivo, medioambiental y de concienciación sobre el impacto del cambio climático en los últimos lagos helados de los continentes que colindan con el Ártico", explica Ivars.
Un equipo técnico les acompañará con cámaras de vídeo y fotografía en ciertos puntos de esta singular expedición, que ha fijado el punto inicial de encuentro en San Petersburgo.

Te puede interesar: Un italiano corre 39 km a —52 grados… ¡en Rusia!
"Es una zona muy despoblada en invierno, pero de gran belleza paisajística", afirma en Londres.
Anticipan temperaturas de menos 20 grados (-20C) por la noche y jornadas de 10 horas diarias de esquí para poder cubrir a tiempo unos 220 kilómetros de aguas congeladas.









"Las travesías polares no tienen una dificultad técnica excesiva, pero son muy monótonas y con condiciones de viento que hacen la progresión complicada la mayoría del tiempo", admite en la entrevista con Sputnik.
El trío de montañeros inauguró 'Los últimos hielos' recorriendo en 2018 el lago del Gran Esclavo, en Canadá, y tiene previsto visitar el Baikal, en el sureste de Siberia, y alcanzar el Polo Norte el próximo año.

Ivars resalta la gran amistad que han entablado entre otros con "Lisa Sapozhkova y Nikolái Totmianin, grandes referentes rusos del alpinismo, que nos asesoran en este proyecto".
Impacto del cambio climático
El proyecto combina la aventura y el reto deportivo con una labor de documentación y "divulgación de los problemas específicos que causa el cambio climático en los sitios más remotos del planeta".
Acercarse a los últimos lagos helados les permite "ver el impacto 'real' del cambio climático", según cuenta a Sputnik el profesional de la montaña y las finanzas.
Así, hace referencia al Ladoga, por cuya superficie congelada se transportó alimentos y se evacuó a unos 600.000 habitantes de Leningrado durante los 872 días que la ciudad estuvo sitiada durante la Segunda Guerra Mundial.
"Nuestra idea inicial fue atravesar el Ladoga siguiendo el 'Camino de la vida' que sirvió para evacuar y abastecer a la ciudad durante el asedio nazi, y nuestra sorpresa fue mayúscula cuando comprobamos que el lago no se congela desde hace años", recuerda.
Para Ivars "no hay mejor ejemplo para documentar el impacto del calentamiento global que a través de un hecho histórico tan relevante como este lago que fue clave para la resistencia de la ciudad del Neva y que 75 años más tarde ni siquiera se congela".
Además: Advertencia de la NASA: el peligro para el planeta que a todos se les está pasando por alto (vídeo)
En la rebautizada San Petersburgo se reencontrará con sus compañeros españoles a quienes conoció hace un quinquenio durante una expedición por el Cáucaso.