La reforma del estadio Nacional Mané Garrincha de Brasilia, por ejemplo, costó más de 1.500 millones de reales (452 millones de dólares), lo cual representa un sobrecosto de casi 900 millones de reales (271 millones de dólares) respecto del presupuesto inicial, indica un informe de la Policía Federal que en mayo lanzó una operación anticorrupción.

Esa investigación, una de tantas sobre los estadios construidos para el Mundial, se saldó con la detención de dos exgobernadores del Distrito Federal y de un exasesor del presidente Michel Temer, Tadeu Filippelli.
Todos ellos fueron acusados de enriquecerse de forma ilícita inflando el presupuesto de las obras junto con las empresas constructoras, un modus operandi que se repitió en varias de las sedes del mundial.
La Copa Mundial arrancó tres años atrás, el 12 de junio de 2014, con un partido entre la selección brasileña y la de Croacia en el estadio Itaquerão, conocido también como Arena Corinthians porque concluida la competencia iba a ser utilizado por este equipo de fútbol de São Paulo (sur).
La construcción de ese estadio estuvo marcada por las prisas y por la muerte de un albañil, y con el tiempo se supo que costó más del triple de lo previsto: de los 240 millones de reales iniciales (72,3 millones de dólares) a los 820 millones de reales (247 millones de dólares) que acabó insumiendo.
Con el estallido del caso de corrupción de la empresa constructora Odebrecht, esta detalló en sus declaraciones a la justicia pagos ilegales a directivos del Corinthians, de la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociado) y de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF).
El emblemático estadio de Maracaná de Río de Janeiro, que acogió la final entre las selecciones de Alemania y Argentina, también es uno de los recintos manchados de corrupción.
El esquema corrupto que se forjó a su alrededor es uno de los que llevó a la cárcel al exgobernador de Río de Janeiro, Sérgio Cabral, acusado de embolsarse el 5 por ciento del valor final de la obra (más de 1.000 millones de reales, más de 300 millones de dólares).
El estadio de Maracaná, construido para el Mundial de 1950, se reformó de arriba abajo, no solo para la Copa Confederaciones y la Copa de 2014, sino también para los Juegos Olímpicos que acogió la "ciudad maravillosa" en 2016.
Durante ese proceso de reforma, Maracaná cambió de dueños, pues el estado de Río de Janeiro lo cedió a una concesionaria privada, cuyo principal accionista es Odebrecht.
Después de los Juegos Olímpicos, el Maracaná quedó abandonado durante meses, porque la administradora culpaba al Comité Río 2016 de haberle devuelto el estadio en mal estado y no quería asumir los costos de los arreglos.
Uno de los últimos en sumarse a la lista de recintos deportivos bajo sospecha es el Arena das Dunas de Natal, la capital del estado de Rio Grande do Norte (norte de Brasil).
El estadio costó 400 millones de reales (120 millones de dólares) y el 99 por ciento de la financiación corrió a cargo del Banco Nacional del Desarrollo (BNDES), una institución estatal.
Quien fue ministro de Turismo de los gobiernos de Dilma Rousseff (2011-2016) y de Temer, Henrique Eduardo Alves, fue detenido la semana pasada acusado de recibir sobornos de las empresas constructoras a cambio de conseguir que el BNDES financiara la obra.
También aparecen en las investigaciones de la Operación Lava Jato (lavadero de autos) el Mineirão de Belo Horizonte (sureste), el Arena Amazonia de Manaus (norte), el Arena Pernambuco (Recife, noreste), el Fontenova de Salvador (noreste), el Castelão de Fortaleza (noreste) y el Arena Pantanal (Cuiabá, centro-oeste).
Cuando la FIFA escogió a Brasil para organizar la Copa Mundial 2014, este país propuso 17 ciudades-sede para acoger los partidos, pero la organización exigió al Gobierno rebajar el número, que quedó en 12.
Los años previos a la realización del mundial estuvieron marcados por las críticas de la FIFA a las autoridades brasileñas por los retrasos en las obras y por las manifestaciones populares contra los gastos públicos en los estadios y el escaso legado que esta competencia iba a dejar a las ciudades.