El periodista ha recogido numerosos ejemplos de portadas que tienen un pronunciado carácter antirruso.
El oso no puede faltar

En el contexto de la crisis en Ucrania y de las tensiones en las relaciones ruso-estadounidenses, una portada estándar de un medio occidental debe estar decorada con un oso, explica Basulto. Es importante que el animal tenga un aspecto lo más amenazador posible, o mejor, que sus ojos estén inyectados de sangre y su cuerpo cubierto de arañazos y moratones.
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Putin: éxito asegurado
Para los lectores occidentales, la imagen de Rusia está indisolublemente vinculada con Putin, afirma el periodista. Los editores de medios no pierden la oportunidad de mostrar al presidente de Rusia como un "agente soviético maligno" que está fraguando un complot contra todo el mundo.
Otra versión de la portada con el líder ruso puede retratarlo como un dictador que nunca sonríe. Ante los ojos de los lectores debe aparecer de inmediato una imagen del país eslavo como "triste descampado cubierto de nieve y hielo".

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Además, según Basulto, un golpe efectista perfecto para la portada de un medio rusófobo es una combinación de símbolos de Rusia: el presidente bailando ballet o actuando en competiciones de patinaje artístico. Las primeras planas de este tipo fueron utilizadas por semanarios como The New Yorker, The Economist y otros.

Realidad alterada
La imagen de Rusia como un país grande y torpe se remonta al siglo XVI, cuando Occidente sabía muy poco sobre esta tierra. Estas primeras planas transmiten solo una cosa, concluye el auto: rusofobia.
