El polvo ruso ayuda a prevenir las alergias. A esa conclusión han llegado los médicos finlandeses que estudiaron la situación en la frontera entre su país y Rusia. La zona de investigación abarcó dos ciudades fronterizas: Imatra y Svetogorsk. La distancia entre las dos localidades no supera los 10 km. Eso significa que las condiciones climáticas son similares, así como sus industrias: en ambas ciudades producen papel.
El sistema inmunológico de los finlandeses es mucho más débil, aseguran los alergólogos. Tratan de aislarse lo más posible del entorno y conseguir un espacio estéril. Pero hay que ser moderados en todo.
No cabe duda que hay que quitar el polvo en casa y en el trabajo. Lo importante es que la limpieza no se convierta en una obsesión absurda. Alguna gente no abre la ventana en verano prefiriendo siempre poner el aire acondicionado. Sin embargo, el polvo sigue en el recinto, pero "está muerto". Tarde o temprano habrá que salir a la calle. Y entonces, el cuerpo acostumbrado a una ausencia completa de alergénicos, se encontrará con microorganismos desconocidos lo que provocará alergia.
Para prevenir la reacción alérgica hay que entrar en contacto con los microorganismos que habitan en la región para que el organismo desarrolle su sistema inmunológico.
Así, en la India un europeo se sentiría mal nada más ver el río donde lavan la ropa y entierran los muertos. Mientras que a los habitantes del lugar no les molesta nada. Así como los vecinos de Pekín aprendieron a vivir en un ambiente lleno de gases, que provoca asfixia a cualquier extranjero.
Como el polvo finlandés "está muerto", es incapaz de preparar el organismo para enfrentar alergias. En cambio, el polvo ruso —pleno de vida- ayuda a prevenir enfermedades, afirman los científicos del Instituto de Investigación de Alergias y Medio Ambiente de la región finlandesa de Carelia del Sur.

