La Primera Guerra Mundial como fenómeno de la vida política y social

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Según una opinión, la guerra europea a principios del siglo XX fue predeterminada. ¿Es así?

¿Fue inevitable la guerra?

Según una opinión, la guerra europea a principios del siglo XX fue predeterminada. ¿Es así?

Varias fuentes indican que, a principios del siglo pasado, dos tendencias contradictorias ejercían influencia en las relaciones internacionales. La primera estaba basada en las ideas del internacionalismo liberal y los intentos de las élites gobernantes de resolver las discrepancias acumuladas mediante la modernización industrial, las reformas políticas en el país y la búsqueda de una fórmula de compromiso con los Estados rivales fuera de sus fronteras. La otra tendencia que se puede caracterizar como nacionalismo conservador estaba basada en proyectos geopolíticos de expansión territorial y conllevaba inevitablemente la militarización de la sociedad, la aceleración de la carrera armamentista y el cultivo de la ‘imagen de enemigo’ en la conciencia de masas.

La interacción y confrontación de estas tendencias determinaron la política global a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Por un lado, el deseo de encontrar una fórmula de compromiso empujaba a los Gobiernos a arreglar los conflictos por la vía negociada y el arbitraje. Por otro, la creciente hostilidad de los Estados se manifestó en la expansión del área de conflicto a la periferia del entonces sistema de relaciones internacionales concertado en 1815 en Viena, fuese hacia el Lejano Oriente o África del Sur.

Mientras que el movimiento pacifista intensificado y las conferencias celebradas en La Haya en 1899 y 1907 contribuían a la búsqueda de las fórmulas de compromiso, la militarización y la carrera armamentista se acompañaban de declaraciones demagógicas de los que se dijeron patriotas sobre la necesidad de reforzar a los regímenes gobernantes y preparar a la población para la defensa de sus patrias con armas en las manos.

Quizás sólo EEUU, que hacia el inicio de la Primera Guerra Mundial no había sido reconocido todavía por la comunidad internacional como una verdadera potencia global, estuviese fuera de aquel cúmulo de discrepancias en las relaciones entre los principales actores en el ámbito de la geopolítica: los imperios británico, alemán, ruso, austrohúngaro, otomano y del Japón, así como la República francesa, que de facto era el imperio colonial.

 

Desde el punto de vista del desarrollo orgánico de la civilización del siglo ХХ, cuya destrucción forzosa contradecía a primera vista al nivel del crecimiento económico y social alcanzado por los países más avanzados en el camino de la modernización industrial, la Primera Guerra Mundial no fue predeterminada.

Pero el inicio de combates puso los puntos sobre las íes en la conciencia de los grupos sociales que tanto se distinguían por sus intereses como coincidían en sentir la necesidad de sacudir los fundamentos de aquel orden mundial.

La crueldad increíble

Otro elemento importante de la Primera Guerra Mundial fue su carácter antihumano que, según los observadores y participantes de aquellos acontecimientos, adquirió formas extremas, en comparación con otros conflictos armados que tuvieron lugar en el siglo XIX. Esto se manifestó, ante todo, en la zona cercana al frente y en los territorios ocupados, donde hubo muchos casos del trato cruel e inhumano por parte de los militares y civiles respecto al enemigo, fuese éste un efectivo del Ejército, prisionero de guerra, refugiado o internado. Los mandos militares y órganos del poder en los territorios ocupados desatendían las normas del Derecho Internacional estipuladas en los Convenios de La Haya de 1899 y 1907 y el Convenio de Ginebra de 1906.

Entre las infracciones mencionadas se puede citar ataques con gas y el empleo de balas explosivas en combates, fusilamientos y torturas de los prisioneros de guerra, matanza y actos de violencia hacia los civiles en los territorios ocupados, así como saqueos, destrucción del patrimonio cultural y, al fin y al cabo, el exterminio de etnias enteras, como el genocidio armenio en el Imperio otomano en 1915.

Un factor adicional de la deshumanización de la sociedad en la época de la guerra fue la restricción de libertades de los súbditos de las potencias involucradas en el conflicto por las autoridades oficiales. Se solía prohibir la actividad de organizaciones sociales (partidos, sindicatos), la libre elección de residencia y libre circulación por el país, se introdujo una censura rígida en los medios de comunicación junto con la perlustración de la correspondencia personal.

Una guerra total y la destrucción de los fundamentos

El fenómeno de la Primera Guerra Mundial, en comparación con todas las épocas precedentes, se caracteriza por su totalidad, lo que provocó a su vez cambios drásticos en la misma estructura de la sociedad.

Los combates se libraron en áreas extensas en tierra, mar y aire. La frontera entre el frente y la retaguardia casi se borró. Los países involucrados en el conflicto global se convirtieron en el único campo militar.

Todo eso contribuyó a la contratación de mano de obra extranjera, mujeres y adolescentes, la migración campesina hacia zonas urbanas, el crecimiento del número de familias incompletas y de niños de la calle. Eso causó la criminalización inevitable del entorno social, especialmente en las grandes ciudades. Millones de personas estuvieron sometidos a estrés constante, enfrentándose con la maquinaria inhumana de destrucción masiva lanzada para conseguir objetivos confusos de los monarcas, políticos y generales. También las anunciadas campañas propagandísticas llevadas a cabo con el fin de justificar en la conciencia de masas estas formas de lucha con el enemigo para lograr la victoria ejercían una influencia negativa en la psicología social.

Los intelectuales creativos no pudieron quedar al margen de las duras pruebas a las que estuvieron sometidos los pueblos. El análisis y descripción de las causas, peculiaridades y consecuencias de la Primera Guerra Mundial fueron los temas principales de las obras maestras creadas durante los años 1920 y 1930. En la segunda mitad del siglo XX, se continuó abordando estos problemas, pero ya con el fin de comparar las catástrofes a las que sobrevivió la civilización durante un período tan corto.

 

La revisión de los fundamentos conceptuales de la época de la Ilustración realizada por los intelectuales después de la Primera y Segunda Guerras Mundiales ejerció una seria influencia en la formación de la ideología de la nueva época industrial que no coincidió en muchos ámbitos con los ideales del liberalismo tradicional.

Durante los años 1914-1918 y después de que terminase la guerra, dos corrientes principales se enfrentaron en la literatura, el arte y la música, reflejando la totalidad del conflicto global. Una corriente fue apologética, cuyos partidarios enaltecían el carácter positivo y renovador de la guerra, su espíritu heroico y justicia para su país de origen. La segunda fue crítica, próxima a las ideas del pacifismo, cuyos adeptos, bajo la impresión de las consecuencias de las hostilidades y la masacre, aspiraban a desmentir las declaraciones de que cualquier conflicto bélico en la historia de la civilización es natural y progresivo.

Así las cosas, la confrontación armada de la mayoría de los países más grandes, que duró muchos meses impulsó la modernización de sus instituciones sociales. Aquella guerra pasó a ser la línea divisoria entre el llamado ‘viejo’ orden que se puede caracterizar como aristocrático y el nuevo estatismo que, junto con el inevitable cambio de las élites gobernantes y el desarrollo de la democracia representativa, aumentó la intervención del Estado en todas las áreas de la vida cotidiana.

Al mismo tiempo, la Primera Guerra Mundial dio origen a las ideologías y regímenes políticos más crueles en la historia de la humanidad, poniendo su existencia bajo amenaza.

Tras el término de la guerra no se estableció una paz duradera y el sistema de relaciones internacionales basado en los tratados de Versalles y Washington que fue creado por los líderes de las potencias triunfantes resultó imperfecto, frágil y de corta duración.

*Evgueni Serguéiev, Doctor de Historia del Instituto de Historia Universal d la Academia rusa de las Ciencias, presidente de la Asociación rusa de historiadores de la Primera Guerra Mundial

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