La polémica retirada de Wojciech Jaruzelski

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La muerte de Wojciech Jaruzelski, el pasado domingo, ha sacudido la opinión pública y los medios de prensa.

Gran diversidad de artículos han aparecido, tratando de revelar quién era en realidad el último líder comunista de Polonia, en algunos de los cuales vuelve a reflotar el fantasma de los sucesos de los astilleros en los puertos del Báltico, cuando más de 40 personas murieron, o la ley marcial de 1981, que llevó a la detención de miles de partidarios del sindicato Solidaridad.

Sin embargo, también hay quien busca realzar los valores humanos del general Jaruzelski. Una de esas personas que por estos días se suman al duelo por el ex líder polaco es Rudolf Pikhoy, doctor en Ciencias Históricas y profesor de la Academia de Servicio Estatal de Moscú, adjunta a la presidencia de la Federación Rusa. Según Pikhoy, “el general Jaruzelski merece, sin lugar a dudas, un gran respeto”.

Hijo de campesinos, descendiente de una rancia estirpe empobrecida, el futuro general nació en el poblado de Kurów, en 1923.  Cuando apenas tenía 17 años, en 1939, su familia tomó camino del este, huyendo del avance del ejército alemán. Pero las circunstancias históricas les hicieron huir nuevamente a occidente, esta vez del ejército soviético.

Quisieron las circunstancias que al ser ocupada Lituania por el ejército rojo en 1940, y en un intento desesperado de alcanzar cierta estabilidad, Jaruzelski padre solicita la ciudadanía soviética. Sin embargo, en esos años duros, ese resultó ser un sueño imposible. Apenas una semana antes del ataque nazi a la Unión Soviética, la familia es detenida por la seguridad soviética y enviada a las montañas de Altai.

Luego de ser amnistiada, la familia se establece en Biisk, donde muere su padre.

Apenas un año después, Wojciech se alista en el ejército polaco organizado por el gobierno soviético.

Rudolf Pikhoy aporta nuevos datos para confirmar su admiración por Jaruzelski: “Recordemos que en 1943, él ingresó en la Primera División Polaca ‘Tadeusz Kościuszko’, formada en territorio de la URSS. Tras concluir la academia militar en Riazán, combatió en la división ‘Henryk Dąbrowski’. Como es sabido, los soldados polacos lucharon valerosamente en una misma trinchera junto a los combatientes del Ejército Rojo, participaron en la liberación de Varsovia y no pararon hasta tomar Berlín. Por su excepcional valor en combate, él mereció múltiples distinciones, entre ellas la orden máxima militar polaca, Virtuti Militari.”

A partir de ese momento, la carrera militar y política de Wojciech va en ascenso: después de que Moscú retirase en 1956 de Polonia a Konstantín Rokossovski, Comandante en Jefe de Polonia y ministro de Defensa asignado por Stalin, Jaruzelski se convierte en el principal "responsable político" de las fuerzas armadas polacas en 1960, jefe del Estado Mayor en 1964 y ministro de Defensa en 1968. En 1970 se convirtió en miembro candidato del Politburó, quedando como miembro permanente al año siguiente. Sin embargo, este camino no estaba cubierto de rosas.

“Tras la guerra –advierte el profesor Pikhoy–, el general Jaruzelski tuvo que enfrentarse a uno de los períodos más difíciles de su vida, sobre finales de los años setentas y principio de los ochentas del pasado siglo. En medio de la crisis sistémica que padecía Polonia, asumió el poder en el país y se vio obligado a instaurar la ley marcial en el país, en diciembre de 1981. En ese momento fue atacado por todas partes, e incluso en la actualidad la sociedad polaca tiene opiniones contradictorias al respecto. Pero no podemos olvidar que muchas veces él tuvo que elegir no entre algo regular y algo bueno, sino entre algo malo y algo mucho peor.”

Jaruzelski luego argumentaría que como timonel de un país en una situación extremadamente difícil, él tuvo que tomar tales medidas para prevenir una eventual invasión soviética, aunque años después el primer presidente ruso, Borís Yeltsin, desclasificase archivos que descartaban cualquier interés por parte de la URSS de invadir Polonia. No obstante, al líder polaco le corresponde el mérito de haber convocado al diálogo a las diversas fuerzas políticas del país.

“El propio Jaruzelski inició la realización de una Mesa Redonda de los políticos con los líderes del sindicato ‘Solidaridad’, lo cual permitió manejar la tensa situación. Fue justamente entonces que él fue electo como primer presidente de la nueva Polonia”, añade Rudolf Pikhoy, y concluye: “Sin lugar a dudas, Wojciech Jaruzelski era un hombre de honor, fiel a su patria, capaz de asumir personalmente la responsabilidad por las decisiones tomadas. Actualmente no abundan los políticos con esta madera… Su vida, supongo, pase a ser tema de varios libros interesantes e instructivos. Pero eso está por suceder. Por el momento, en Rusia sentimos profundamente la muerte del general Jaruzelski.”

Quizás por todo ello, más allá de las polémicas y contradictorias valoraciones, la vida y obra del ex líder polaco pasarán a ese libro polisémico e intangible que solemos llamar “historia” con tinta imborrable, como testimonio de un tiempo y una época que podrán gustarnos o no, pero que nos lega un sinnúmero de enseñanzas que quizás deberíamos aprender a no desperdiciar.

Por Armando Revuelta

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